Arucas guarda distancia ante el virus

Al municipio de Arucas, la ciudad dormitorio que colinda con la capital grancanaria, nunca le ha gustado esa etiqueta. Pero en estos días Arucas es más ciudad dormitorio que nunca. Sus calles están desiertas por decreto y apenas se ve algún ciudadano que busca una farmacia, como la de Esther Pérez, donde ella y el resto del equipo recibe ahora a los clientes tras un cristal, con guantes y mascarilla.

PATRICIA VIDANES SÁNCHEZ | ARUCAS

En Arucas ya no hay atascos para entrar y salir de su centro. La rotonda de la Cruz Roja, por la que en el último año bajaba todo el tráfico de las medianías a cuenta del cierre de la carretera de Teror, está totalmente limpia. Algún coche, pero muy pocos. En las calles del casco histórico, en la peatonal León y Castillo, en los alrededores de la iglesia de San Juan, en sus estrechas y empinadas calles donde hay aún algún que otro empedrado, no hay nadie. Reina el silencio. La soledad. Y cuando alguien se cruza en el camino, lo hace con mirada huidiza, a distancia. De uno en uno, como manda el decreto, el estado de alarma, el coronavirus... Las palabras más usadas estos días en conversaciones de whatsapp y de teléfono, en los múltiples grupos de mensajería en los que se agrupan compañeros de trabajo, madres del colegio de los niños, familiares más directos, primos más lejanos. Un mundo nuevo, distinto, se abre a marchas forzadas.

Las patrullas de la Guardia Civil están presentes en las calles del municipio norteño. Se hacen controles a los coches, se mira cuántos pasajeros van, a dónde... En la calle, a los peatones, se les abronca por ir tan pegados, de dos en dos. Parece que hay una excusa buena. «Venimos de hacer el ERTE». Sí, sí, los expedientes de regulación temporal de empleo no son solo cosa de grandes empresas. También llegan a Arucas, a sus pequeñas cafeterías y restaurantes, sobre todo, obligados a echar el cierre. Los pocos establecimientos a los que el famoso decreto permite seguir trabajando lo hacen de forma dispar en Arucas. Hay librerías-papelerías-bazares que podrían abrir, pero que ni se lo han planteado. Quizás miedo, quizás que no hay suficiente clientela. O una mezcla de todo.

Otros que pueden hacerlo, como La Vaca Valiente, ya han recibido varias veces en tres días la visita de agentes de la Policía Local y de la Guardia Civil. La última ocasión porque alguien, aburrido tal vez, se quejó de que estuviese con las puertas abiertas. Pero más allá de esta anécdota, poco más. Donde sí se nota que hay vida aún en la ciudad de las flores es en el entorno de las superficies comerciales. Hay que comer y parece que las existencias comienzan a escasear. Pero poco queda de las aglomeraciones de los primeros días de pánico generalizado, cuando todavía iban familias completas al súper y metían en el carro todo lo que venían en los lineales. Ahora los compradores guardan cola, atienden las indicaciones de los empleados de seguridad, mantienen un metro o más de distancia en las cajas, salen con las bolsas contadas. Muchos se quejan, por quejarse de algo, de que no hay productos de las marcas que suelen consumir. Pero se conforman. Otros vecinos, por contra, señalan que la Unidad Militar de Emergencias (UME) o el coche de Protección Civil, ambos con megafonía advirtiendo del estado de alarma, no ha hecho acto de presencia en los barrios, donde las casas terrenas y los dúplex adosados marcan otro territorio que nada tiene que ver con el casco.

En esos barrios salir a caminar sin perro de la mano es todavía posible, por lo menos hay quien lo hace, incluso quien se echa unos kilómetros de carrera. Pero lo cierto es que son los menos. Además de la concienciación ciudadana, la climatología, con frío, viento y lluvia, está haciendo que la inmensa mayoría de los aruquenses esté a resguardo. Total, aparte de salir al supermercado, al estanco de prensa que además vende de todo y donde ayer había cola en la acera, poco más está abierto en Arucas. Los comercios de textil tienen las persianas bajadas; las terrazas son cosa de un pasado que parece lejano; las oficinas municipales no atienden al público; del Ayuntamiento aún cuelga el lazo lila del día de la mujer; y en las vías principales las luces de navidad lucen sin brillo.