El rector del templo, Eloy Santiago, pronuncia un discurso de bienvenida. / Arcadio suárez

Los 50 años del templo ecuménico, un acicate para remozar el edificio y su entorno

Los organizadores del aniversario descubren una placa en homenaje a los dos artífices de esta obra: el obispo Infantes Florido y el IX conde de la Vega Grande

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO San Bartolomé

Fue un acto sencillo, pero cargado de simbolismo. Gran Canaria conmemoró la noche de este jueves el 50 aniversario de la construcción del templo ecuménico El Salvador, de Playa del Inglés, en San Bartolomé de Tirajana. El encargado de glosar su historia y sus singularidades durante la ceremonia, Pedro Franco, premio Roque Nublo 2020 y Raíces 2019 de San Bartolomé por su defensa y divulgación del patrimonio histórico y cultural, aprovechó esta celebración para hacer un doble llamamiento: para que «mejor mañana que pasado», instituciones y empresarios estén «a la altura de las circunstancias» y contribuyan a rehabilitar el edificio, que ya tiene afecciones en su estructura, y a adecentar el entorno en el que se halla. El rector del templo, Eloy Santiago, que le precedió en la intervención, deslizó esas mismas peticiones.

A Franco y a Santiago les escucharon, entre otros, el obispo de la Diócesis de Canarias, José Mazuelos, el presidente del Cabildo, Antonio Morales, el primer teniente de alcalde de San Bartolomé de Tirajana, Samuel Henríquez, y el que será próximo conde de la Vega Grande, Alejandro del Castillo y Benítez de Lugo. Precisamente el padre de este último, Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna, IX conde de la Vega Grande, fallecido en 2020, fue uno de los artífices del templo junto al obispo de entonces, Infantes Florido. En recuerdo y homenaje a ambos, se descubrió una placa conmemorativa en el atrio del edificio.

Pedro Franco recordó de Infantes Florido que fue el pionero del Movimiento Ecuménico en España. No en vano, indicó, fue condecorado por el patriarca Atenágoras, de los ortodoxos. Y de Alejandro del Castillo, «culto, afable y solidario, humanista y gran mecenas de la cultura», destacó que era «una buena persona». Dijo de él que fue «aquel niño que quiso ser misionero» y que «tuvo la visión que habría de convertir Gran Canaria en destino turístico privilegiado de toda Europa». Y de entre sus iniciativas subrayó la del templo ecuménico, «la más emblemática y majestuosa, y la que permitirá que la memoria de Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna perdure para muchas generaciones más».

Juan Antonio Giraldo posa con dos de sus obras, el ambón y la vidriera de la capilla central del templo. / Arcadio suárez

Por su parte, Morales reconoció el papel «integrador y conciliador» de este centro en un «tiempo donde estos valores son incluso más necesarios que en aquel 1971 cuando se inauguró». Apostó por mirar al futuro «desde esta nave o desde esta caracola» para superar los retos que se avecinan, entre los que mencionó la «consolidación de la convivencia y la libertad» ante los desafíos que están sufriendo, entre los que citó expresamente las consecuencias de la «pésima gestión» del Gobierno actual y de Europa de la crisis migratoria.

Henríquez reivindicó el valor de este centro como lugar de acogida y el obispo, que cerró el acto, subrayó que «el gran antídoto frente a la pandemia es la comunión, la unidad y la solidaridad, que es justo lo que representa este templo.

Pepe Dámaso saluda a una de las hijas del conde ya fallecido. / arcadio suárez

Entre los asistentes al acto no faltó el artista Pepe Dámaso, que, aunque en este no, sí colaboró en otros proyectos del arquitecto autor del edificio, Manuel de la Peña. A su juicio, este templo, compartido por varias confesiones cristianas, es una obra «trascendente», máxime ahora, «en el contexto global en el que estamos, que tan lejos ha estado de la espiritualidad, de la cultura y de la religión». Para Dámaso, que se hiciera «en el momento en el que se hizo fue de una clarividencia y de una luminosidad que exigiría ser más valorada a día de hoy». «Ni hecho adrede -terminó- se encontraría en la iglesia actual un símbolo como este, no en Canarias, en el mundo», concluyó.

Dámaso pudo saludar en el acto a otro artista, un viejo conocido, Juan Antonio Giraldo, que sí intervino en la obra. A sus manos geniales y a su creatividad se debe la imponente vidriera de la capilla central, cuya luminosidad centraba las miradas de muchos de los que acudieron a esta conmemoración. Entre los presentes también estuvieron rectores anteriores de este centro ecuménico, que fueron recordados y mencionados por el actual. Citó a Francisco Martel, Carmelo Rodríguez, Jesús Marqués, Benjamín Ramírez y Francisco González. Y no faltaron pastores de otras iglesias, como la evangélica alemana, la luterana evangélica de Finlandia, la turística escandinava, la evangélica inglesa, la sueca o la anglicana.