Raúl Morales Fernández, en su casa de Tesjuate, con su molino americano y el Norte de Goroy al fondo. / Javier Melián / acfi Press

Raúl adapta el molino de Chicago al siglo XXI

Con el apoyo de su padre, Morales ha fabricado con sus propias manos un aerogenerador americano que abastece de energía a su casa de Tesjuate y controla desde el móvil

Catalina García
CATALINA GARCÍA Puerto del Rosario

El perfil de las aspas de un molino de Chicago - entablando un diálogo de viento y llanura con el Norte de Goroy- indica la ubicación exacta de la casa de Raúl Morales Fernández en Tesjuate, en el municipio de Puerto del Rosario. No se define como inventor, pero lo cierto es que ha hecho realidad un proyecto de recuperación y reinvención del aeromotor americano tradicional. Desde el aspa hasta la cola, el molino ha salido por completo de sus manos.

El molino americano de Raúl es ante todo « un merecido homenaje a esta herramienta ya obsoleta, usada básicamente para la extracción de agua por bombeo», destaca Raúl antes de empezar a explicar el proceso de elaboración que le llevó varios meses en su tiempo libre. A su reconocimiento al aliado del campo majorero durante decenios le confiere una nueva vida: «cogí el molino americano tradicional y lo rejuvenecí».

Morales, con las baterías donde se almacena la energía producida por el molino, además de la procedente de las placas fotovoltaicas. / javier melián / acfi press

Morales (Tesjuate, 1977) lo ha convertido en una fuente de energía eléctrica, respetuosa con el medio ambiente, que abastece a su casa junto a las placas fotovoltaicas. «He querido aportar mi granito de arena a la sostenibilidad y el autoabastecimiento. Creo firmemente que en ambos conceptos reside el futuro».

El componente emocional

El molino tiene un importante componente emocional, ya que lo ha podido realizar gracias «al incondicional apoyo económico y moral de mi padre y también jefe». Y es literal porque trabaja para su progenitor Juan Morales Perdomo (Lanzarote, 1949) en su taller de soldadura y reparaciones en el cercano Puerto del Rosario. «De pequeño, recuerdo cómo mi padre tenía en casa instalado un molino con una dinamo que nos abastecía de luz».

Raúl no va a fabricar más molinos, aunque tenga las herramientas y sepa cómo. / Javier Melián / Acfi Press

Y ahora viene la parte técnica de su molino de Chicago del siglo XXI: el aspa, de cuatro metros de diámetro, lleva acoplado un alternador de imanes permanentes de 3.000 vatios al que ha insertado un mecanismo eléctrico. Esto permite que, en caso de fuertes vientos, el molino se desvíe de la trayectoria, «consiguiendo que se frene para no hacerle sufrir en demasía».

Ahí no se queda sino que Morales ha querido ir un poco más allá. «Le instalé una electrónica que, mediante un sistema de sensores y medidores, me permiten visualizar desde mi móvil en tiempo real parámetros tales como la velocidad y la dirección del viento, el ángulo de ataque de éste con respecto al aspa, las revoluciones, potencia generada, vibraciones de la máquina, etc».

Silencio frente al aerogenerador convencional

Tras semanas de prueba, comprobó que su molino americano es menos eficiente que un aerogenerador convencional de dos o tres palas de similar potencia. «Pero esto sólo en caso de vientos fuertes, ya que con una simple brisa comienza a generar electricidad, lo que lo hace producir de una manera más constante». La otra gran diferencia es que el molino americano es «completamente silencioso» frente al consabido ruido que puede llegar a provocar un aerogenerador.

Como cada día en Fuerteventura, el viento ha empezado a dejarse sentir y el molino comienza a girar con más brío. Raúl termina reiterando que no es un inventor y matizando que su intención no es la de fabricar otro más, «aunque trabaje en mi taller y tenga las herramientas y los conocimientos como para seguirlos elaborando, no es lo que pretendo».