Francesca Fort: «La Isla tiene un gran tesoro por descubrir en vides»

Esta doctora en química se encarga de analizar cerca de 30 viñas centenarias de fuerteventura, entre ellas, la llamada cepa Betancuria, para identificar si se trata de variedades diferentes.

CATALINA GARCÍA | PUERTO DEL ROSARIO

¿La viticultura en Canarias parte con las ventajas de la antigüedad de las variedades de vides y de que las plagas han pasado de largo, entre ellas, la filoxera de los siglos XIX y XX?

— Junto a la Asociación de Viticultores de Fuerteventura Majuelo y la consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo, creemos que en la isla puede haber un gran tesoro cuyo alcance hay que averiguar. Canarias en general y Fuerteventura también tienen unas cepas únicas: 500 años de mutación en las vides que traen los colonos de Galicia, Castilla-La Mancha o Andalucía. A partir de esa fecha, no ha habido enfermedad ni ninguna plaga que haya conseguido borrar del mapa todo este material genético. En cambio, en la Península Ibérica, a finales del siglo XIX sufrimos la plaga de la filoxera que arrasó la práctica totalidad del viñedo., con lo cual se tuvo que empezar de cero. Nuestras cepas tienen un siglo solo y estamos buscando mutaciones, mientras que ustedes aquí llevan 500 años, por lo que vamos a ver lo que hay. Ya tenemos experiencias en Lanzarote y La Gomera, donde hemos encontrado una riqueza y biodiversidad que puede justificar cualquier nuevo vino y que Canarias es un centro de creación de nuevas variedades. Por eso, vamos a ver lo que la naturaleza nos guarda por descubrir en Fuerteventura.

Antes de tener los resultados de las pruebas de caracterización e identificación de la cepa Betancuria, ¿puede adelantar algo?

— No tenemos ni idea aún. Puede ser todo. Si esta cepa la traen los normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle, puede ser que una de las 25-30 muestras que me han llegado sea esta ancestral, pero también una de estos colonos que llegaron un poco más tarde. Pero seguro que tienen más de un siglo, que guardan una gran riqueza. Un experto ha indicado que pueden ser de la variedad listán prieto, pero no quiere decir nada porque el genoma no necesariamente tiene que ser un listán prieto: puede ser un listán prieto tan evolucionado que sea una variedad diferente. Nos pasó en Lanzarote, concretamente en Haría, donde ya se ha hecho el primero vino de esta nueva variedad. Se trata de ver qué tienen los majoreros y, a partir de aquí, ofrecer al mercado tan competitivo del vino algo nuevo que el consumidor apueste por pagar y consumir. Hoy, en el mercado de los vinos, lo que prima son las nuevas sensaciones organolépticas. El consumidor está harto de cabernet sauvignot, harto de chardonay. Lo que quiere son cosas nuevas y Canarias es la clave porque pueden ser novedosos aprovechando estas cepas que han sobrevivido.

¿Qué metodología usa para caracterizar e identificar vides ancestrales, en el caso de Fuerteventura con la cepa Betancuria?

— La asociación majorera de viticultores recoge las muestras de cepas con el Cabildo y las manda a Tarragona donde trabajamos con madera, no con hoja, que pelamos y trituramos para extraer su ADN. Luego localizamos determinadas zonas llamadas satélites porque en ellas se repiten los nucleótidos e intentamos ampliar esa zona de repetición millones de veces para después elevarlas al secuenciador con el fin de medir las longitudes de estas zonas repetidas. Esta es la herramienta que nos permitirá diferenciar una variedad de otra porque esas zonas son características para cada variedad de vino. Cuando no se ciñen a lo que tenemos en nuestra base de datos, entonces estamos ante una variedad diferente.

¿Esta técnica sirve para averiguar la antigüedad de las viñas, en este caso de la cepas de Fuerteventura?

— Por este método es imposible: sí se puede identificar, pero no medir la antigüedad. Es decir, lo que sí vamos a certificar a qué se parece o qué es: si variedad canaria o bien se parece a o es una desconocida. Es fósiles sí es posible a través de la técnica del carbono 14.