Mari Carmen, con su perrita Neska. / javier melián / acfi press

Mari Carmen: «Por favor, pongan bozal a los perros peligrosos para que no le vuelva ocurrir a nadie más»

Casi cinco meses después del ataque de dos canes, Mari Carmen inicia una campaña de recogida de firmas en change.org. Permaneció quince minutos en el suelo, recibiendo las mordidas de ambos. El macho fue el más violento. Vicente y Maite la salvaron. «Yo misma me iba dando por muerta»

Catalina García
CATALINA GARCÍA Puerto del Rosario

« Para que no vuelva a ocurrirle a nadie más». Mari Carmen Martín Barrera, víctima del ataque de dos perros de raza potencialmente peligrosa, se recupera de las heridas y ha decidido actuar con una campaña de recogida de firmas en change.org para que los dueños de este tipo de canes les pongan el bozal.

Pero hay cosas, muchas, que caben en una campaña de captación de firmas. Mari Carmen, que aquella mañana del 7 de enero salió temprano a pasear a su perrita Neska por el carril bici de Puerto del Rosario, ha tardado casi cinco meses en contar el peor trance de su vida. «Estuve quince minutos en el suelo luchando por mi vida. Yo misma me iba dando por muerta». Hasta que aparecieron Vicente Piñeiro Cores y Maite Suárez Dios, el matrimonio que la salvó.

Antes de la llegada providencial de Vicente y Maite, esta mujer supo del infierno del que, a día de hoy, aún no ha terminado de salir. «Veo a un perro potencialmente peligroso y sólo le miro la boca. Me echo a temblar«.

Ella no imaginaba que «un perro pudiera hacer tanto daño porque toda la vida me he criado con bardinos, perros satos, y yo misma tengo mascota». Y no fueron uno sino dos mezcla de american standford y bull terrier, sueltos, sin bozal, sin dueño en ese momento, sin seguro, sin licencia, sin vacunar. Primero, el perro de unos 40 kilos se le tiró a Neska que empezó a aullar de muerte, luego le cayó arriba la hembra, de unos 30 kilos, directamente a la yugular.

«Intenté morder al perro»

No le dio tiempo ni a reaccionar. El macho se giró, soltando a la perrita, y, « en dos saltos, me tiró al suelo. Algo inaudito, nunca me hubiera creído que un perro pudiera tener tanta fuerza como para tirar a una persona». Luego se enteró que atacó al dueño la noche anterior, causándole heridas en el brazo que le llevaron a ir a urgencias. El 2 de enero se le tiraron en la misma zona a una mujer que logró eludirlos tirándole unas golosinas de perro que tenía en el bolsillo.

Los canes primero atacaron a la mascota de Mari Carmen. / javier melián / acfi press

La hembra no tardó en imitar al macho: uno pegado al brazo izquierdo, otra al otro. « El perro me arrastró 30 metros por el suelo de la fuerza que tenía. Me zarandeó por el suelo, me daba la vuelta, todo tirándome del brazo izquierdo». Mari Carmen se defendió como pudo, echándole la rodilla arriba intentando paralizar al macho, estrangularlo con su propio collar, incluso morderlo. «Intenté agarrar al macho y la perra, que estaba mordiéndome la pierna derecha, se viró yy me zajó el brazo de lado a lado de una sola mordida y tuve que soltarlo. Era una lucha a muerte, tenía una ira tremenda arriba. A un niño, lo matan. A una persona mayor, también». Para entonces ya tenía la boca destrozada -con cuatro dientes de delante menos- y los dos antebrazos.

Mari Carmen reconoce que, ante la gravedad del ataque, « tenía que haber muerto allí porque me rompieron la arteria radial. En esos momentos, me encomendé a mi padre, fallecido hace dos años, y dije padre, no me dejes morir aquí por las mordidas de dos perros«. En ese momento, pasaron Vicente y Maite con su mascota. «Intenté gritarles ayuda, pero no me salía la voz, no tenía fuerzas para hacerlo y sólo pude hacerlo en voz baja». Por suerte, el susurro lo oyó la mujer y allá se fueron a socorrerla.

Vicente les hizo frente

Vicente le quitó el collar con hebilla a su propio perro y empezó a caminar hacia Mari Carmen. La hembra se percató de la amenaza, soltó a la mujer y se fue derecho a Vicente. «Pero el macho seguía pegado a mi brazo izquierdo».

En el forcejeo, una chaquetilla de esas largas y finas fue su salvación. «Me quedaba larga y yo me fui agachando, agachando, hasta que pude quitármela. La tiré a lo lejos, llena de mi sangre y trozos de carne y tras ella se fueron los dos perros, como lobos». Vicente la levantó y, a pesar de que había perdido mucha sangre, « corrí por mi vida hacia la carretera. Los perros corriendo detrás de nosotros y Vicente, que se quedó atrás, tirándole piedra y dándoles con el collar». Unos segundos más tarde, llegó la ambulancia. En el Hospital General de Fuerteventura, pasó trece meses ingresada «y me trataron de maravilla todos, desde médicos hasta enfermeras y el resto del personal».

El ataque la dejó con heridas del tal gravedad en los antebrazos por las que, casi cinco meses y varias operaciones después, Mari Carmen sigue de baja. «Con rehabilitación, graves secuelas físicas, estéticas y psicológicas, alteraciones del sueño, ataques de ansiedad, dolor neuropático por lesión del nervio radial» y no para de enumerar secuelas.

Ataque al cuidador de la perrera municipal

Desde entonces, y van casi cinco meses, intenta salir sola a la calle sin resultados «Si estos perros de raza potencialmente peligrosa fueran con bozal, no me podrían morder ni a mí, ni a nadie, sólo gruñir». Uno de los canes atacó seis semanas más tarde a su cuidador en la perrera municipal.

«No todo vale: los perros merecen ser respetados, pero también acatar las leyes. Los dueños tienen un arma muy peligrosa entre sus manos y les sale muy barato incumplirlas cada día». Desde aquel día, sólo ha visto tres perros peligrosos con bozal. « Mi perro es bueno, no hace nada» es la respuesta que le dan, pero ella sabe en sus carnes que no. Y se toca el brazo izquierdo.