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Eiden enseña su sensor de glucemia en presencia de sus padres, Laia y Harold, a la puerta del CEIP El Tostón, en El Cotillo, en el municipio de La Oliva. Javier Melián / Acfi Press

Eiden, sin auxiliar de enfermería que le cuide en el cole

Educación ·

El niño está aquejado de diabetes tipo 1, por lo que requiere un profesional sanitario en horario escolar que la empresa adjudicataria del servicio no encuentra | Ahora es la madre la que está pendiente a la puerta del centro

Catalina García

El Cotillo

Jueves, 22 de febrero 2024, 13:06

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«Es sencillo: mi hijo Eiden necesita una persona cerquita de él todo el día, también en el colegio. Si sus niveles de glucemia bajan mucho, puede perder el conocimiento y hasta morir si no se actúa». Harold, el padre del niño de cuatro años aquejado de diabetes tipo 1, enfermedad autoinmune crónica para la que aún no existe ninguna cura, resume una vida pendiente del chico que se alarga este curso al horario escolar por carecer de auxiliar de enfermería.

Las mañanas de la madre, Laia, transcurren haciendo guardia entre la puerta del CEIP El Tostón, en El Cotillo, en el municipio de La Oliva, el asiento del coche o un banco de la plaza cercana al centro educativo. Eiden Rodríguez Rodríguez, alumno de segundo de Educación Infantil, sí contó el curso pasado con auxiliar de enfermería que estaba atenta en clase, le daba el desayuno, comprobaba los niveles de azúcar, le vigilaba en el recreo, le acompañaba en las excursiones fuera del centro, pero este año no consigue a nadie la empresa adjudicataria de este tipo de servicios que son responsabilidad última de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias.

Eiden, con sus padres, después del desayuno.
Eiden, con sus padres, después del desayuno. Javier Melián / Acfi Press

En total, son cinco horas de horario lectivo durante los que Laia está pendiente de Eiden. «Tenemos monitorizada la glucemia mediante un dispositivo con un sensor que el niño lleva pegado en la piel, porque él no lo puede explicar».

«Un personal sanitario dentro del colegio es como nuestras manos»

El registro de los niveles de glucemia se envía a otro dispositivo que tiene siempre cerca Eiden, que a su vez remite la señal al móvil de los padres. En caso de bajada de glucemia, la madre debe entrar en el colegio, pasar por dirección y entrar en la clase y atenderle, con lo que conlleva de distracción para los compañeritos de clase y para el propio hijo.

A las 10.00 horas, cada día entra Laia en el centro para darle el desayuno (hoy le toca yoghurt bebible), esperar a que se lo coma entero, y suministrarle la insulina «porque tampoco nadie puedo hacerlo en el centro». A esta rutina diaria, de lunes a viernes, se añade que «eso, si no se estropea el sensor del niño, que hay entonces que ponerle otro; puede también tener problemas con que entre aire en la bomba y se le dispare la glucemia, lo que es también un peligro. Ese es nuestro día a día».

El niño de cuatro años enseña su sensor de la glucemia. Javier Melián / Acfi Press

El curso pasado, la auxiliar entraba a las 8.30 horas con el niño al colegio «y ya no teníamos que estar de guardia, sólo estar atentos a cualquier incidencia vía telefónica y explicarle si tenía alguna duda». La auxiliar de enfermería debe estar «pegada al niño y en contacto telefónico» con los padres, con lo que Eiden estaría más integrado en el entorno escolar. «Ella sería como nuestras manos en el colegio».

Harold Rodríguez y Laia Rodríguez, que residen en El Roque, a un kilómetro del CEIP de El Cotillo, no saben «lo que es llevar una vida normal» desde que al niño le diagnosticaron la diabetes tipo 1. «Todo el día corriendo y atentos», pero ahora se les añade la falta de auxiliar de enfermería durante las clases en un centro que «no ha dejado de colaborar con nosotros en todo».

Vigilancia durante el sueño

Harold también es diabético tipo 1. «Me lo diagnosticaron con 14 años, estoy controlado y llevo una vida perfectamente normal, pero mi hijo tiene cuatro años y aún no entiende lo que padece, ni mucho menos está atento a los síntomas y la evolución diaria de sus niveles de azúcar».

Laia se ha acogido a la reducción de jornada que tiene reconocida por enfermedad grave de un hijo menor. Porque, jornada escolar aparte, Eiden requiere vigilancia incluso mientras duerme. «Si suena la alarma porque el nivel de azúcar se le baja por la noche, hay que despertarle y darle un zumo para que vuelve a la normalidad, y hacerle una serie de operaciones. Es algo muy frecuente por el momento de crecimiento actual del niño».

La Consejería de Educación, «al tanto» del caso de Eiden

La Consejería de Educación del Gobierno canario está «al tanto» del caso concreto de Eiden y «trabaja para darle una solución».

La empresa adjudicataria de este servicio, confirma Educación, no encuentra trabajadores con ese perfil profesional en Fuerteventura. «Y el gran problema, al que se busca solución, es que, a su llegada, el nuevo equipo se encontró con un contrato en nulidad desde el año 2020 que, entre otras consecuencias, no se pueden reclamar a la empresa incumplimientos como este y el coste es casi cinco veces superior (de tres millones de euros que podría costar, a 16 millones)».

Por eso, Educación está explorando «vías alternativas» para cubrir esas vacantes de manera urgente, «en cuestión de semanas», a través del Servicio Canario de Empleo, el Servicio Canario de Salud u otras empresas a la que pueda acudir la adjudicataria, mientras se prepara la licitación del nuevo contrato, «algo que debería haber hecho el anterior equipo hace cuatro años».

Durante este curso, y según fuentes del área regional de Educación, se ha duplicado este tipo de contrataciones en los centros de toda Canarias. Eiden, cuyo nombre significa fuego en gallego, no ha entrado aún en estas cifras.

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