Los alcaldes mantuvieron el encuentro con CANARIAS7 el martes. / JUAN CARLOS ALONSO

Dos ciudades en la rampa de salida para seguir creciendo

Los dos alcaldes compartieron reflexiones sobre el papel de las ciudades ante el nuevo escenario que se abre al recuperar la normalidadAugusto Hidalgo y José Manuel Bermúdez, alcaldes de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife

FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO las palmas de gran canaria.

En la terraza de las Casas Consistoriales de la capital grancanaria, los alcaldes de las dos capitales canarias hicieron balance de la pandemia y cómo encaran sus respectivas ciudades la salida de la crisis. Pese a las diferencias ideológicas, con un alcalde socialista en la capital grancanaria y uno de Coalición Canaria en Santa Cruz de Tenerife, fueron más las coincidencias que las discrepancias.

-¿Ven luz al final de la crisis sanitaria, que ha derivado en una crisis económica y social?

-Augusto Hidalgo (A.H.): La luz se ve ya, pero lo realmente importante es que las capitales, sobre todas las zonas urbanas, tengamos la capacidad de adaptarnos a la nueva realidad que estamos viviendo, y lo vayamos haciendo porque hayamos trabajado durante la pandemia para ver un escenario mucho mejor. Creo que sí, que la luz al final del túnel no solo existe, sino que la podemos tocar.

AUGUSTO HIDALGO«Gran parte del triunfo en la superación de la pandemia ha sido la colaboración de la gente»JOSÉ MANUEL BERMÚDEZ«El reto es facilitar las cosas a la inversión privada o público-privada»AUGUSTO HIDALGO«Si no tienes una planificación previa, en Europa no te tienen en cuenta y no te dan recursos»

-José Manuel Bermúdez (J.M.B.): Coincido plenamente. La luz la vemos. Tanto Las Palmas como Santa Cruz hemos demostrado una resiliencia especial y, a partir de ahí, todo lo que sea eliminar restricciones sanitarias, y algunas ya se han eliminado, va a significar un aumento de la economía y yo diría también que de la alegría. Porque la alegría significa también un estado de ánimo diferente en las ciudades y eso lo vamos a ver de aquí a fin de año de manera progresiva, con actividades deportivas, de ocio... que también generan economía. El espacio público va a ser ocupado por la gente, que lo está deseando, y estoy convencido de que vamos en ese camino.

-Las ciudades son espacios tractores de crecimiento cuando la economía va bien, pero ¿son también tractores de crisis cuando la economía se paraliza, como ha sucedido por la pandemia?

-A.H.: Son tractores de las personas que peor lo están pasando y huyen de los lugares donde no tienen infraestructuras para poder ser atendidos, y eso lo hemos notado en las dos capitales, atendiendo a gente de otros municipios que no tenían medios para eso, en una situación de impacto y novedosa. Y, por otro lado, lo que encontramos es lo que decía antes Bermúdez: la capacidad de resiliencia de las zonas urbanas ha sido mejor, con una situación de desempleo más favorables que otras, hemos resistido económicamente mejor y las propias sinergias de las urbes hna supuesto una mejor situación para la recuperación de los negocios, los empleos, la actividad económica en general.

-J.M.B.: Los datos económicos están ahí y son claros: han sido mejores en las dos ciudades que en el resto de la isla. Los datos de contrataciones aumentan mucho más que en otras zonas. Hemos resistido mejor el embate de la crisis económica fruto de la pandemia. Eso ha sido importante para ver un síntoma de recuperación incluso antes. Como ejemplo están los hoteles en Santa Cruz, donde el 60 o 70% ha permanecido abierto, mientras que en el sur ha sido lo contrario, con el 80% cerrado.

- En algunos momentos de la pandemia ha habido fases en que las dos capitales han tenido los peores datos de Canarias en cuanto a contagios. ¿Se ha comportado en general la población de manera adecuada o hay que sacarle la tarjeta amarilla?

-A.H.: Creo que al contrario. Hace un año justo, el único acto de las Fiestas Fundacionales fue para dar las gracias a la ciudadanía, y estábamos en la desescalada y no sabíamos lo que iba a pasar, y mire todo lo que ha ocurrido con posterioridad. Un año después, podemos decir que la mayoría de la ciudadanía se ha portado de manera ejemplar. Lo que se ve de malos comportamientos es la anécdota, la minúscula anécdota que se percibe más en las redes o que sale en los medios porque es lo más llamativo. Mucho mejor que en el norte de Europa, por ejemplo, donde hemos visto una reactividad ante las medidas de restricciones, que no dejaban de ser restricciones a derechos civiles.

-J.M.B.: Creo que han superado las expectativas de ejemplaridad. Momentos como la Navidad o el carnaval se han saldado con actitudes absolutamente respetuosas de las restricciones. Siempre hay alguna excepción pero a esa excepción se ha respondido desde las ciudadanía rechazándola. Gran parte del triunfo en la superación de la pandemia ha sido la colaboración de la gente, porque si la gente llega a saltarse restricciones como las del estado de alarma, que suponía limitar derechos fundamentales, pues otro gallo nos hubiera cantado.

-Las dos capitales presentan un aluvión de proyectos a los fondos comunitarios, que pivotan sobre ejes que buscan la modernización del modelo productivo. ¿De verdad el dinero va a ir para eso o al final las ciudades aprovecharán esos fondos para tapar agujeros que ya estaban antes de la pandemia?

-A.H.: Creo que no será así. Esto es una dinámica de trabajo que ha derivado en una confluencia de intereses llamativa pero satisfactoria. Uno lleva años trabajando en un modelo de ciudad que tiene como objeto el desarrollo sostenible, la movilidad sostenible, la gestión del agua, la accesibilidad en las zonas urbanas complicadas... y curiosamente Europa decide que tiene que gastar recursos para solucionar la crisis económica pero no en cualquier gasto, sino justo en esa estrategia que teníamos predeterminada. La experiencia demuestra que si no tienes una planificación previa, en Europa no te tienen en cuenta y no te dan recursos.

-J.M.B.: Creo que va a acelerar procesos que ya estaban en marcha. Los procesos de sostenibilidad van a permitir que con estos fondos podamos adelantar en tres años lo que normalmente habríamos tardado quince. El gran reto es hacerlo en plazo y es complicado porque los ajustes normativos se deben realizar pensando en la economía y en esos tiempos, porque, si no, será muy complicado con la normativa actual y el embudo que tenemos en muchas contrataciones para cumplir con los proyectos. Todavía hay incertidumbres en ese sentido.

-Palabras como sostenibilidad o digitalización están de moda pero en las dos ciudades hay bolsas de pobreza. ¿No corremos el riesgo de olvidarnos de una parte de la ciudadanía que escucha esos discursos y que ve que para ellos la sostenibilidad es saber que se puede llegar a fin de mes o incluso comer todos los días?

-A.H.: Estoy totalmente convencido de que cualquier urbe, para poder acabar con sus bolsas de pobreza si las tuviera, tiene que crecer económicamente, tiene que generar actividad y producir riqueza para luego poder distribuirla. Conseguirlo de forma sostenible se puede hacer con la tecnología que tenemos en nuestras manos, y ese es el elemento diferencial con otros momentos, como fue la Revolución Industrial. Una ciudad que no crece, que no genera riqueza, entra en decadencia y eso sí que genera desempleo y pobreza. Por tanto, apostar por el sector privado y generar actividad va a ayudar a que esas situaciones de pobreza desaparezcan.

-J.M.B.: Creo que el reto es facilitar las cosas a la inversión privada o público-privada, en un momento además donde lo necesitamos, porque la caída en poco tiempo ha sido de tal magnitud que necesitaríamos también recuperarnos en poco tiempo. Ahora se habla de la diversificación de la economía, pero es evidente que no vamos a dejar de depender del turismo de la noche a la mañana. Estos objetivos que tienen que ver con digitalización y medio ambiente tienen que ayudar a esa diversificación. O por ejemplo el sector industrial, el sector ligado a los puertos. Nosotros tenemos el proyecto del desmantelamiento de la refinería, que es el gran proyecto de los próximos veinte años, y que nos da una gran oportunidad: tenemos que hacerlo bien.

-Las dos ciudades conviven con instalaciones portuarias, un sector que ha resistido bastante bien esta crisis pero que también genera problemas en las ciudades, como el tráfico de mercancías y de transporte pesado. ¿Hay algo que mejorar en esa convivencia entre los puertos y las ciudades?

-A.H.: En mi caso concreto, ha habido una coincidencia histórica en que la sintonía con el presidente de la Autoridad Portuaria actual ha sido total. Lo fue al principio de mi mandato y el que hubo en medio fue el alcalde de la ciudad, de manera que conocía perfectamente el proyecto Puerto-ciudad, que es un proyecto no solo maduro sino en constante revisión para seguir creciendo. El Puerto debe garantizar que la ciudad sea capaz de expandirse y tener un desarrollo acorde. Desde mediados del XX perdimos la perspectiva de que el Puerto es una industria que genera muchos recursos, y hoy, tras acabar la actividad pesquera, se ha reconvertido y ha demostrado en la pandemia que no solo ha resistido, sino que ha crecido, y eso sin turismo y con menos tráfico interinsular.

-J.M.B.: Estamos empeñadísimos en apoyar el puerto. Acabamos de constituir la Comisión Puerto-Ciudad y nos reunimos continuamente. Son varios los proyectos en marcha y hay algunos asuntos que tienen que ver con la recuperación del frente marítimo, porque de los 12 kilómetros de frente que tiene la ciudad, algunos están pegados a zonas urbanas. Hay asuntos ya resueltos, como Valleseco, que es un ejemplo de colaboración entre la ciudad y el Puerto, y tenemos otros: el Parque Marítimo, el Palmetun, el propio Auditorio, que es zona portuaria, de titularidad portuaria... en algunos asuntos tendrá que entrar la ciudad en el Puerto y en otras la ciudad tendrá que se generosa para que el Puerto pueda desarrollarse. En eso estoy absolutamente volcado en el apoyo al Puerto. Nunca hubiésemos sido capital sin un puerto, porque hubiese seguido siendo La Laguna.

-En la pandemia los dos ayuntamientos tomaron la decisión de las llamadas 'terrazas exprés', ocupando espacio que era del peatón o del conductor. ¿Es una solución que ha llegado para quedarse?

-J.M.B.: La terraza exprés fue una solución excepcional a un momento también excepcional. Nosotros en 48 horas autorizamos 300. ¿Ha llegado para quedarse? Creo que sí, porque la gente quiere disfrutar del espacio público al aire libre. Pero ha venido para quedarse con un orden; tenemos que pensar que las cosas hay que hacerlo bien desde un punto de vista estético y que el ciudadano tiene derecho a su espacio y a la accesibilidad.

-A.H.: Es una opción que muchos negocios de hostelería no se habrían planteado si no se hubieran visto obligados por las circunstancias, y una vez obligados por esas circunstancias, han visto que, dado el clima que tenemos y nuestra realidad urbana, pueden tener una terraza abierta todo el año y es una gran posibilidad de negocio. Nuestra idea es que de las 700 que teníamos antes de la pandemia, llegar a unas mil, dentro de la ordenanza y con un sistema que garantice la convivencia con los vecinos, que es algo que ahora se está planteando, por ejemplo en ciudades como Madrid o Barcelona, y con el tráfico.

-Esta crisis lo trastocó todo. Cuando recuperemos la normalidad, ¿se reactivará el llamado G4, integrado por sus dos municipios, Telde y La Laguna, y que se sentaba con el Gobierno canario para hacer planteamientos comunes? ¿O en realidad es un G2 y Telde y La Laguna son convidados de piedra?

-Los dos al unísono: No, no, no.

-A.H.: El alcalde de Telde y yo habíamos hablado justo dos semanas antes del confinamiento de la necesidad de reunirnos y después cambió todo y entramos en una dinámica distinta. Es verdad que tuvimos reuniones 'online' porque, como dijimos antes, en las ciudades se daban unas realidades diferentes ante la dimensión de la crisis, y las capitales fuimos clave y también como referencia ante el Gobierno de Canarias, que nos llamaba y nos tenía en cuenta ante las decisiones que tomaba. Lo que tenemos claro es que los motivos del G4 tienen vigencia, porque cuatro municipios tienen aproximadamente 900.000 habitantes, más del 40% de toda la población de Canarias, y tienen una realidad urbana que no se da en otros municipios. E igual que se entiende que los municipios turísticos se hayan organizado, pues nosotros también.

-J.M.B.: La pandemia paró unas reuniones con muy buenos resultados y hay que retomarlas de manera rápida. Fruto de aquellas reuniones salió, por ejemplo, un plan de empleo que el Gobierno de Canarias promovió en las cuatro grandes ciudades y que tuvo sus resultados. Ahora mismo tendríamos muchas más cosas que proponer al resto de administraciones. Ese volumen de población concentrada en cuatro municipios requiere una atención que no diré que sea especial, pero sí diferente. Las recetas tienen que ser diferentes para esos cuatro municipios.

-¿Viene bien que al frente del Gobierno canario esté alguien que haya pasado por una alcaldía, cosa que no ha sucedido siempre?

-J.M.B.: No ha sucedido siempre pero casi siempre: Manuel Hermoso, Paulino Rivero y Fernando Clavijo y Ángel Víctor Torres. Creo que es un plus, un valor añadido, porque un presidente del Gobierno que haya sido alcalde seguro que va a comprender mucho mejor los problemas de los municipios y sobre todo los problemas cotidianos, la realidad de la calle, lo que demandan los vecinos, porque nosotros somos la primera línea ante lo que demanda el vecino.

-A.H.: En algunos sitios del mundo, el segundo cargo más importante es la Alcaldía de la capital. Se dice en Francia con la Alcaldía de París, se dice en Colombia con la de Bogotá... ¿Por qué es eso? Porque la preminencia de una capital es importante pero también porque ser alcaldesa o alcalde te brega para cualquier responsabilidad política. Porque asumes la presión tremenda de una gran urbe, del día a día, y al mismo tiempo vas proyectando más allá de lo local.

-La capital grancanaria aspira a ser Capital Cultural Europea en 2031. En ese año estoy convencido de que ustedes estarán en otros cometidos públicos pero no en las alcaldías actuales. Si se consigue, ¿cómo lo recibirán?

-J.M.B.: Me alegraré muchísimo si se consigue y ojalá pueda venir a los actos que se programen. Sabe Augusto que tiene toda mi colaboración y eso es bueno para todos.

-A.H.: Son proyecto sque generan un relato porque quedan diez años y son proyectos pues como el de Santa Cruz con la refinería, porque el tránsito es casi tan importante como llegar a la meta, porque es aunar esfuerzos, trascender un mandato y sumar a todas las fuerzas políticas. Estos proyectos que van más allá de cuatro años necesitan ese consenso que va más allá de quienes estamos ahora ocupando un sillón público.

-¿Con qué ciudad sueña el alcalde de Santa Cruz de Tenerife cuando se recuperen los terrenos de la refinería?

-J.M.B.: Lo bonito de ese proyecto es que son 575.000 metros cuadrados que son un lienzo en blanco. Para llegar a donde estamos hoy, nuestras ciudades han tenido que pasar más de 500 años de historia, en la que se han cometido aciertos y algunos errores. Lo que yo planteo es que en ese sitio haya aciertos, que sea una ciudad del siglo XXI, desde el punto de vista de la sostenibilidad, un polo de atracción de economía también sostenible, y es un objetivo de tres o cuatro mandatos por delante, que trasciende a los partidos. Me he sentado con el presidente del Gobierno y con el del Cabildo para que lideren esto también, porque lo de menos es quién estará cuando se corte la cinta. Es un proyecto precioso porque supone también recuperar un espacio litoral que ahora está para suministro de carburantes; desmantelar una refinería de petróleo es algo que no se ha hecho nunca y es, por tanto, un proyecto lleno de incertidumbres, pero sobre todo de ilusión. No lo veré como alcalde pero espero verlo como ciudadano.

-¿Con qué ciudad sueña el alcalde de Las Palmas de Gran Canaria cuando esté operativa la MetroGuagua?

-A.H.: Con una ciudad que sea capaz de colocarse en otra dimensión en cuanto a la movilidad. Pero la MetroGuagua no es solo un proyecto de movilidad y de accesibilidad, que por supuesto también lo es, sino de transformación urbana. Un ejemplo es la Plaza de España o Mesa y López, que se han transformado por completo siguiendo un modelo de desarrollo humano de lo urbano.

Confianza en la recuperación turística

-El turismo de de cruceros desapareció, el de congresos lo mismo y no sabemos cuándo volverá, y el de negocios se está adaptando con las nuevas tecnologías, que permiten los encuentros telemáticos. La crisis llegó con las dos ciudades experimentando un crecimiento turístico importante. ¿Ven posibilidades de recuperar esa senda?

-A.H.: La pandemia ha servido para poner el foco del crecimiento turístico precisamente en las ciudades. Cuando hablamos hace años en la elaboración del plan de marketing turístico de la apuesta por un turismo urbano, nos llamaban locos. Parecía impensable que un turista extranjero viniera a la ciudad y no a las playas. Se ha demostrado que sí se puede, pero es verdad que uniendo varios elementos dentro de esa estrategia, y ha nombrado algunos: el de cruceros es uno, pero es un turista distinto; en cuanto al de congresos, ya le avanzo que la mayoría de congresos no se han suspendido, sino que se han pospuesto, de manera que seguimos siendo una referencia para que la gente siga viniendo a hacer congresos y reuniones de negocio. Y hay otros elementos que habíamos descubierto en las ciudades, como las nómadas digitales, y que ahora han permitido salvar la temporada a algunos hoteles en el sur, pero esos desaparecerán del sur cuando vuelva el turismo masivo de sol y playa. Esa es una fuerza de futuro clara.

-J.M.B.: En caso de Santa Cruz, no podemos competir con el sur, que tiene 180.000 camas y nosotros tenemos poquitas camas. Nuestro objetivo es posicionarnos como líderes de la excursión: ahora somos la segunda excursión más visitada de la isla y queremos desbancar nada más y nada menos que al Teide. Queremos que de los ocho días de estancia que está un turista de media en el sur, al menos uno vaya a la capital, haga compras, coma allí y vaya, por ejemplo, a la Reserva Mundial de la Biosfera, o tener nuestros hoteles lo más lleno que podamos. Para eso tenemos que crear producto y cuanto más haya en la capital, más gente vendrá.