Un sola vallado y repleto de residuos en la isla de La Graciosa. Escombros en una calle graciosera. Los restos de construcciones se apilan en cualquier lugar. / AHORA.PLUS AHORA.PLUS AHORA.PLUS

La otra cara de La Graciosa: montañas de basura y plásticos en las calles

La apuesta por el turismo de masas empieza a pasar factura en una isla con categoría de reserva natural

NATALIA VARGAS (AHORA.PLUS) LAS PALMAS DE GRAN CANARIA.

Nadie se salva de los efectos del cambio climático. La ONU ha señalado en su último informe a la humanidad de la destrucción paulatina de las regiones, los mares y las poblaciones del planeta. La crisis climática lleva años siendo una urgencia, pero los gobiernos aún siguen armándose para combatirla. La Graciosa, un pequeño territorio canario de 29 kilómetros cuadrados, podría ser un «laboratorio de estrategias interesantes», según el profesor de economía sostenible en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Matías González. Sin embargo, en los supermercados aún se ofertan bolsas de plástico y en los núcleos donde se concentra la población en esta isla se acumulan las montañas de basura y los escombros.

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