La hipertensión arterial y sus características en el adulto mayor

«No hay duda alguna de la capacidad lesiva para el organismo de la presión arterial elevada».

RENÉ DE LAMAR / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Pocas enfermedades tan importantes en los seres humanos generan tantas dudas en el contexto del envejecimiento como la hipertensión arterial. Muchas personas creen que, por cumplir años, la tensión arterial elevada es algo normal, inherente a cumplir años, criterio erróneo por las consecuencias que esta afección puede generar sobre la salud, por lo que, sobre tan importante tema, estructuramos el artículo de hoy.

No hay duda alguna de que el envejecimiento se acompaña de un incremento de la incidencia y prevalencia de enfermedades relacionadas con la edad.

En lo que pudiéramos definir como un escenario de enfermedades frecuentes entre la población mayor, la hipertensión arterial pudiera constituir todo un paradigma.

Influyen el propio envejecimiento del sistema cardiovascular, renal, endocrino, metabólico, del sistema nervioso central y autónomo.

El envejecimiento es un proceso intrínseco, progresivo y universal condicionado por múltiples factores, multifactorial, multiforme y asincrónico que no sigue una ley única que lo explique. Su característica fundamental es el deterioro del rendimiento funcional.

Este deterioro funcional se traduce en una lentitud e incluso imposibilidad de adaptarse a situaciones de restricción o sobrecarga biológicas, fisiológicas, ambientales y sociales.

El envejecimiento cardiaco se acompaña de hipertrofia de la pared posterior del ventrículo izquierdo, calcificaciones en el aparato valvular, disminución del número de células nodales y acumulación de grasa en torno al nódulo sinusal y en fibras especificas del haz de His, endurecimiento, rigidez y disminución de la luz arterial.

No se pueden obviar los factores de riesgo no modificables, como los genéticos, la edad y el sexo.

Pero por otra parte tenemos los ambientales, que están directamente relacionados con los hábitos de vida y socioculturales, que sí son modificables, como la frecuente ingesta de sal, alcohol, sedentarismo y tabaquismo.

Está demostrado científicamente que la presión arterial aumenta fisiológicamente a lo largo de la vida de manera gradual y continuada pero con un matiz fundamental, no traspasar la barrera de los parámetros considerados normales por la Organización Mundial de la Salud.

Las cifras de tensión arterial consideradas como normales, de manera relativa según la edad del paciente y condicionante clínicos del mismo se deben analizar cuidadosamente, no siendo las mismas en un adulto joven que en una persona mayor.

Si bien es cierto que con el envejecimiento se puede observar una elevación de las cifras de la tensión arterial, estas nunca deben ser ignoradas cuando sobrepasan los límites establecidos dentro de la normalidad.

A la hora de diagnosticar la hipertensión arterial en adultos mayores se deben tener en cuenta los cambios inherentes al proceso de envejecimiento fisiológico y cumplir las recomendaciones de las guías adaptadas a las particularidades de los mismos.

Al respecto es importante destacar las peculiaridades terapéuticas que precisa la hipertensión arterial en los mayores, siempre por escalones y dejando los que ocupan los escalones más bajos de la escalera solo para indicaciones especificas.

¿Cuál es criterio más habitual para diagnosticar la hipertensión arterial en el mayor?

Debe tomarse como límite una presión arterial sistólica o máxima igual o superior a 140 mmhg y una presión arterial diastólica o mínima igual o superior a 90 mmhg de forma sostenida.

No hay duda alguna a día de hoy de la capacidad lesiva para el organismo de la presión arterial elevada, por lo que constituye un problema sanitario importante.

El riesgo cardiovascular se incrementa conforme lo hace la presión del paciente, dicha cifra puede ser un valor arbitrario que se basa en el mayor incremento del riesgo a partir de un determinado valor de la presión arterial.

En los mayores hipertensos la diferencia entre la presión arterial sistólica y diastólica constituye un marcador de riesgo importante que debe tenerse siempre presente.

La hipertensión arterial sistólica aislada es frecuente en los hombres y mujeres mayores.

Su importancia radica en que se ha comprobado que la aparición de accidentes cerebrovasculares, cardiovasculares y el deterioro renal es de dos a cuatro veces superior que en la población normal.

La hipertensión sistólica aislada constituye un factor de riesgo independiente para la hipertrofia ventricular izquierda, causa de arritmias cardiacas, isquemia miocárdica y muerte súbita lo que da una medida de su importancia.

Los pacientes con diabetes mellitus e insuficiencia renal pueden precisar mantener valores inferiores de tensión arterial a los establecidos para la población normal siempre en base a criterio médico.

Debemos tener presente que la intervención terapéutica, bien sea farmacológica o no farmacológica, siempre conlleva más beneficios que la falta de intervención.

Es cierto que hubo una época, a mediados del siglo pasado, paradójicamente a la luz de los conocimientos actuales, en que estaba cuestionado tratar la hipertensión en los adultos mayores debido a que los efectos secundarios al tratamiento podían ser superiores al beneficio. A medida que se ha ido mejorando la oferta farmacológica ha sido posible reducir las cifras de tensión arterial en nuestros mayores sin tantos efectos secundarios como antes.

En los mayores hipertensos tratados puede presentar inestabilidad a la marcha, ortostatismo, desvanecimientos, pérdida de equilibrio y caídas que pueden precisar cambios o ajustes en el tratamiento pero siempre bajo control médico.

Existen guías para el adecuado manejo de la hipertensión en el mayor en base a datos obtenidos de evidencias científicas sobre lo más apropiado y con menos efectos adversos, por lo que constituyen la primera línea terapéutica en base a la presencia de lesión en órgano diana u otras condiciones clínicas asociadas.

Datos prácticos

Cuando en una persona mayor de 65 años se constatan cifras elevadas de tensión arterial por encima de los límites establecidos, nunca deben ser ignoradas y achacadas a la edad.

Al comprobarse tensiones elevadas en una persona mayor en más de 3 ocasiones, hay que considerarlas como patológicas, ser catalogado de hipertenso y tratado en consecuencia.

En el proceso diagnóstico es imprescindible realizar una adecuada valoración geriátrica integral, que contemple no solo los aspectos clínicos, sino también la situación funcional y los condicionantes sociales de la persona.

Los diuréticos siempre deben ser utilizados con precaución por la posibilidad de producir bajadas de sodio e hipotensión ortostática.

Cuando sea necesario tratar la hipertensión arterial en el paciente mayor es

recomendable utilizar fármacos que junto al control de la tensión arterial no

interfieran de manera negativa con las modificaciones orgánicas que acompañan al proceso de envejecimiento.

El riesgo cardiovascular se incrementa conforme lo hace la presión arterial del

paciente lo que indica la importancia del control periódico de la misma.

Controlar adecuadamente la tensión arterial protege el corazón y el cerebro.