Relación entre estilo de vida, envejecimiento y cuidados

«Se está produciendo un incremento sin precedentes en la historia de la población mayor de 65 años, por lo que fomentar hábitos de vida saludables desde la juventud puede favorecer un envejecimiento exitoso y saludable».

«Los hábitos y costumbres relacionados con el estilo de vida influyen en las condiciones de salud»

El aumento de la longevidad a nivel mundial ha implicado una serie de cambios demográficos y sociales que están transformando tanto el perfil de la salud de los adultos mayores como las oportunidades para mantener y extender la calidad de vida al envejecer. En este contexto los hábitos de vida saludables y el cuidado de la salud en general desde edades tempranas de la vida pueden desempeñar un papel fundamental, por lo que sobre tan importante tema estructuramos el artículo de hoy.

Recientes estudios han demostrado que aquellos mayores que consideraban tener muy buenas condiciones de salud presentaban mayor probabilidad de tener un alto bienestar emocional comparados con quienes califican sus condiciones como malas.

Debemos concienciarnos a cuidar nuestra salud, aplicando desde jóvenes la prevención, fomentando hábitos de vida saludables y favoreciendo el diagnóstico precoz de las diversas enfermedades que se van presentando a lo largo de la vida para su adecuado control y evitar complicaciones.

Las esferas más importantes consideradas fueron estilo de vida, uso de servicios sanitarios, consumo de medicamentos y entorno social.

A día de hoy las evidencias apuntan a que la evolución de la morbilidad y mortalidad en la población mayor en nuestro país se enmarca dentro de un concepto denominado «equilibrio dinámico», en el que el tiempo de vida con discapacidad moderada aumenta a medida que se extiende la esperanza de vida.

Los varones suelen realizar evaluaciones más positivas de su estado de salud general que las mujeres.

El uso de servicios sanitarios, el consumo de medicamentos así como los relacionados con la morbilidad y la discapacidad, se han revelado como factores claves en la evaluación de la salud por parte de los adultos mayores.

También los hábitos y costumbres relacionadas con el estilo de vida influyen en las condiciones de salud, actuando como elementos determinantes.

El tabaquismo y su evidente relación con la aparición de enfermedades crónicas es un importante condicionante de la visión que los mayores tienen de su propia salud en sentido negativo, así como otros comportamientos de riesgo como el consumo de alcohol.

La falta de un control adecuado de las enfermedades crónicas puede acelerar la discapacidad y dependencia con la consecuente sobrecarga de los cuidadores.

La práctica de ejercicio físico, su duración, frecuencia e intensidad tienen un efecto muy positivo sobre la salud.

Los controles médicos periódicos en dependencia de las necesidades individuales , el control de la tensión arterial, del peso y los análisis periódicos son fundamentales.

Dentro del contexto europeo España se encuentra entre los países con el porcentaje más elevado de personas de 65 años o más que valoran negativamente su estado de salud.

Se han observado porcentajes muy altos de población con más de dos enfermedades crónicas por encima de la media europea.

Sin lugar a dudas elementos como padecer limitaciones físicas que pueden afectar la realización de las actividades de la vida diaria, padecer varias enfermedades crónicas, sentir dolor o malestar de cualquier tipo tiene una fuerte influencia en la valoración de la propia salud.

Los efectos que la transformación de la longevidad ha tenido sobre la duración y la calidad en los últimos años de vida hacen necesario el análisis de las condiciones de salud bajo las cuales se experimentan.

El predominio de las enfermedades crónicas no letales pero si potencialmente discapacitantes en el patrón de morbilidad de la población mayor ha impulsado la aparición de nuevas herramientas que miden la prevalencia de discapacidad utilizando como criterio importante la dificultad para la realización de las actividades diarias.

Se calcula que como promedio a partir de la sexta década de la vida se puede padecer una enfermedad por cada una de ellas, por lo que a los 70 serias siete, a los ochenta ocho y a los noventa nueve.

Gradualmente la medición de discapacidad al cumplir años esta transitando de indicadores centrados en la morbilidad, la cronicidad y las limitaciones físicas o cognitivas de la persona a otras enfocadas en captar las consecuencias que las condiciones de salud tienen para los mayores en relación al medio y la sociedad en la que se produce.

Todo tiende a medirse en términos de función más que en salud física.

El estado de salud física y mental determinará la calidad de vida de los individuos en su día a día.

Influyen de manera importante aspectos derivados de la salud física, el estado psicológico, el nivel de independencia, las relaciones sociales y la relación directa con los aspectos principales de su entorno.

Una forma de medir la calidad de vida asociada a la salud es contemplando cinco dimensiones básicas, movilidad, cuidado personal, actividades cotidianas, dolor o malestar y ansiedad o depresión, determinar el padecimiento de dolor crónico o malestar aplicando las escalas validadas al respecto es importante.

Una de las informaciones que permiten analizar el estado de salud de la población mayor es la presencia de enfermedades crónicas, como factor relacionado con la aparición de discapacidad ya que actúa como uno de los principales elementos desencadenantes de situaciones de dependencia en edades avanzadas.

Una consecuencia evidente de los cambios en los perfiles de morbilidad en la población adulta mayor ha sido la visibilización de la relevancia que presenta el cuidado, formal e informal, como mecanismo básico para el mantenimiento del bienestar en edades avanzadas.

La estructura tradicional de apoyo basado en el único pilar femenino está derivando hacia redes de apoyo más amplias, heterogéneas, intergeneracionales, no únicamente familiares, también vecinales y de amistad, con mayor diversidad, complementariedad y bidireccionalidad de apoyos.

La exigencia del cuidado a los mayores con discapacidad puede provocar en sus cuidadores informales sentimientos de estrés, depresión y ansiedad, trastornos del sueño e irritabilidad, afectando de manera negativa a las condiciones físicas, pero especialmente a las psicológicas, más aún cuando esta tarea se percibe especialmente demandante.

Datos prácticos

En la medida que más se promuevan hábitos de vida saludables y se cuide la salud dentro de lo posible existen más posibilidades de desplazar la morbilidad hacia edades más longevas y durante menos tiempo.

El tiempo de vida con discapacidad moderada aumenta a medida que se extiende la esperanza de vida.

Es importante cuidarse para tratar de disminuir al máximo la dependencia y discapacidad al envejecer con el consecuente sufrimiento e incremento en la demanda de cuidados.

Un menor consumo de medicamentos favorecería la evaluación positiva del estado de salud.

Existen claras evidencias que demuestran la relación que el estado de salud guarda con el bienestar y la calidad de vida de los adultos mayores.

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