El cadáver de una ballena en la bahía de Cádiz. / jaro muñoz

El tráfico marítimo también mata

Los grupos ecologistas y algunas navieras proponen medidas, como reducir la velocidad de los barcos o cambiar rutas, para evitar las miles de muertes por colisión de todo tipo de especies

A. HERRANZ

Los datos recogidos confirman que cuantas más embarcaciones y de mayor tonelaje hay en los mares más se incrementan los choques de estas tripulaciones con animales marinos, especialmente ballenas. Si en 1890 había poco más de 11.000 navieras de más de 100 toneladas, en 2018 se superaban las 94.000, según un informe de Naciones Unidas. Esto conlleva, por ejemplo, que solo entre 1992 y 2014 el tráfico marino ha crecido un 300%.

Aunque es difícil determinar cuántos animales marinos acaban falleciendo como consecuencia de estos choques, la ONG Friend of the Sea calcula que, cada año cerca de 20.000 ballenas mueren tras protagonizar algunas de estas colisiones letales con todo tipo de embarcaciones.

Sin embargo, uno de los problemas de estas bases de datos es que se centran en las colisiones entre grandes buques y grandes ballenas, cuando se tiene constancia de que hay muchas otras especies de menor tamaño que también se ven afectadas por la presencia de los barcos en el mar y que sufren golpes que les llevan, en ocasiones, a la muerte.

Especies amenazadas

Una investigación de hace dos años concluyó que, como mínimo, hay 75 especies marinas impactadas por golpes con embarcaciones (incluyendo ballenas más pequeñas, delfines, marsopas, dugongos, manatíes, tiburones ballena, tiburones, focas, nutrias marinas, tortugas marinas, pingüinos y peces).

Este mismo estudio señala que la creación de una base de datos de colisiones con buques para las especies más pequeñas puede ayudar a identificar las especies más frecuentemente implicadas en las colisiones, a delimitar las zonas de alto riesgo y a establecer las relaciones específicas de cada especie entre la velocidad del buque y las lesiones mortales (como ya se hace con las ballenas, a través de la base de datos de la Comisión Ballenera Internacional).

Además, y dado que cualquier tipo de embarcación, independientemente de su tamaño, puede chocar con un animal marino, muchos de estos incidentes (que provocan la muerte o las lesiones del animal) pueden pasar desapercibidas para los tripulantes de la embarcación o no ser notificadas a los investigadores que hacen un seguimiento de estos accidentes.

Aunque pueden producirse en cualquier lugar, se tiene constancia de que, los que afectan a ballenas, suelen producirse alrededor de las zonas de mayor tráfico marítimo comercial. Para hacernos una idea, entre 2010 y 2014, se notificaron 37 ballenas heridas por colisiones con embarcaciones solo en la costa atlántica de Estados Unidos y Canadá, así como en el Golfo de México.

También se sabe que las colisiones con embarcaciones son una de las causas más comunes de varamiento de tortugas marinas y que, sólo en el estado de Florida, entre el 20 y el 30% de las tortugas varadas tienen claros síntomas que las lesiones que tienen se han producido al chocar con una embarcación.

Mapas de rutas marinas

Con el fin de evitar estos accidentes se están tomando muchas medidas. Algunas incluyen el desarrollo de tecnología específica para, por ejemplo, evitar el choque de las embarcaciones con cachalotes en las aguas de las Islas Canarias.

La organización ecologista WWF también ha publicado un mapa en el que recoge las rutas marinas que suelen emplear estos animales, después de haber estudiado su comportamiento durante más de 30 años gracias a las imágenes de los satélites.

Una de las primeras navieras en recibir la certificación de Friend of the Seas por sus compromiso con la protección de la fauna marina en su gestión.

Aunque los datos hacen referencia al comportamiento de las ballenas, se consideran especies 'paraguas', por lo que se usan como indicadores vivos de la salud de sus ecosistemas.

Conocer la trayectoria de los flujos migratorios de estas especies puede ayudar a cambiar las rutas de los barcos para alejarse de las zonas más conflictivas e intentar reducir las posibles colisiones.

Algunas navieras están empezando a tomar medidas en esta dirección, pese a que ya desde 2014 se tiene constancia científica de que el cambio de estas rutas podría aminorar el número de impactos con animales marinos y, por tanto, de su daño y desaparición.

Según los mapas elaborados por la ONG Friend of the Sea, hay varias zonas que son especialmente problemáticas en este tipo de colisiones, entre ellas el Mediterráneo (y, dentro de él, el Estrecho de Gibraltar, las Islas Baleares y el Mar de Alborán).

Reducir la velocidad

Pero, además, se reclama que se impongan límites aún más severos en cuanto a la velocidad a la que se pueden surcar los mares y que las multas por no respetar estas restricciones sean más severas (se calcula que el 90% de las embarcaciones superan los límites de velocidad marítima).

Además de los beneficios en consumo de petróleo y emisiones que esta reducción de la velocidad máxima puede conllevar, está comprobado que, a más velocidad de las embarcaciones, más probabilidades de choque hay.

Según una investigación de este mismo año, la mayor tasa de probabilidad de una lesión letal para una ballena grande ocurre cuando las velocidades de los buques oscilan entre los de 8,6 y 15 nudos, mientras que la posibilidad de sufrir esta lesión letal cae por debajo de 0,5 cuando la velocidad es de 11,8 nudos. Si la velocidad supera los 15 nudos, es prácticamente seguro que se de esta lesión letal.