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Redes de pesca. Archivo
La segunda vida de las redes de pesca

La segunda vida de las redes de pesca

Las rederas no solo mantienen en buen estado las redes para que sigan funcionando cuando la flota se hace a la mar. También son quienes les dan una segunda vida y evitan que se conviertan en un residuo más

Raquel C. Pico

Jueves, 23 de noviembre 2023, 07:00

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¿Qué ocurre con las redes de pesca cuando dejan de servir para su objetivo original, el de ayudar a la flota pesquera a capturar sus piezas? Puede que hace no tanto tiempo se convirtiesen en un residuo más, pero ahora son reconvertidas en nuevas cosas. Las rederas de los puertos gallegos ya están logrando sacar de las viejas redes de pesca productos de lo más sorprendente y llamativo. Les están dando una segunda vida útil.

Todo empezó en un momento de parón laboral. «Hace años había muy poco trabajo y desde la Xunta salió un programa para hacer varias cosas», explica Verónica Veres, presidenta de la Federación Galega de Redeiras Artesás O Peirao. Las rederas gallegas aprendieron así a hacer elementos de artesanía, como bolsos o alfombras, con los que reutilizan las redes de pesca que ya no se usan. Igualmente, emplean para conseguirlo las habilidades y conocimientos que han aprendido a lo largo de sus carreras como las responsables de que las redes de pesca sigan estando operativas.

Desde 2012, ese año de bajón de trabajo, como apunta Rosa Isabel Rodríguez, presidenta de la Asociación de Redeiras Illa da Esrtela de Corme, hacen «de todo lo que nos piden» y de las antiguas redes de pesca extraen desde chaquetas a collares, entre otras muchas cosas. Las rederas gallegas han colaborado con diferentes empresas de la industria de la moda, como Zara o Loewe, pero también han hecho las canastas de baloncesto o las redes de las porterías de los centros de deporte base. Cuando se reconvierten, las redes pueden tener muchos usos. Algunos «no tan glamurosos», señala con humor Veres, como los bolsos, pero igualmente útiles. «Nos sirve para hacer el cierre de una granja de ovejas o para las gallinas», ejemplifica.

Lo importante en este proceso es que lo que se emplea son redes reales. Se trata, como resume Rodríguez, de «volver a reutilizar lo que no vale para los barcos».

Reutilizarlas también ayuda a reducir la basura marina. Antes, los marineros traían las redes que se habían quedado inservibles para tierra, donde pasaban a ser un residuo, cuando no se quedaban perdidas en las aguas del océano, donde se convertían en un problema serio.

Las rederas son así una pieza en el engranaje del reciclaje. De hecho, cuando los guardacostas recuperan del mar las redes que se han quedado a la deriva (por ejemplo, tras un temporal), ellas son quienes las reciben. Como explica Veres, se encargan de deshacerlas, de separar los materiales y de reconducirlos hacia la reutilización. Por ejemplo, los cajones grises que usan los hospitales están hechos con materiales que se han recuperado de las redes de pesca, que también tienen usos en el relleno de las carreteras.

Materiales como el plomo o el nylon están presentes en las redes y tienen vidas casi infinitas si logran entrar nuevamente en el circuito. En los puertos, las rederas se han convertido en un elemento más de la economía circular.

El problema de la basura marina

Y esto es importante porque, aunque a veces se pierde de vista —quizás porque no lo vemos de forma tan clara como ocurre en tierra—, el mar también sufre el efecto de la contaminación y de los vertidos. «Se estima que 8 millones de toneladas de basura llegan a los océanos al año por diferentes fuentes; siendo los ríos la vía más común para ello», apunta Carolina Álvarez-Ossorio Speith, la directora de marketing y comunicación de Ecoalf.

La compañía de moda es una de las que usa los residuos del mar como base para extraer materiales y hacer con ellos nuevos productos. Desde su nacimiento, explica Álvarez-Ossorio Speith, tienen como objetivo «colaborar en la limpieza de los océanos, dar una segunda vida a las basuras marinas recuperadas y concienciar sobre el problema para prevenirlo». Ellos empezaron por el Mediterráneo, aunque colaboran ya con unos 4.500 pescadores de unos 45 puertos repartidos por toda España (incluso, con Galicia y Andalucía, cubriendo ya la cara atlántica). Su sistema pasa por rescatar la basura marítima —redes de pesca, pero también otros tipos de residuos que han llegado a los mares—, regenerarlos y reconvertirlos en la base del tejido de sus prendas.

«El 68% de lo recogido entra en el flujo de gestión de residuos y es valorizado», apunta la directiva. «Hay un 32% que desgraciadamente no somos capaces de reciclar y va a vertedero», reconoce. Aun así, con estos procesos lograron ya en 2022 rescatar «365 toneladas del fondo del mar». «La idea es tener 10.000 pescadores en 2025 y sacar, aproximadamente, unas mil toneladas del fondo del mar cada año», indica su responsable de marketing.

Un oficio invisible

Por supuesto, que de las antiguas redes de pesca salgan cosas tan llamativas —y atractivas— como bolsos y collares no debe hacer perder de vista cuál es el trabajo principal de las rederas, profesionales con un trabajo que a lo largo de los años se ha quedado un tanto invisibilizado y que, por el contrario, es fundamental para que la flota pueda salir a faenar. «Los barcos sin las redes no pueden ir a la mar», recuerda Rodríguez.

A pesar de ello, como reconoce la redera, no es raro que la gente no sepa que existen. Veres recuerda como, cuando visitan colegios, los escolares no siempre tienen muy claro cómo llegó hasta su plato la merluza que están comiendo. Tampoco —y aquí escolares comparten experiencia con los adultos— saben qué hacen estas profesionales.

Estas mujeres —en España, el trabajo de redera es una profesión altamente feminizada— mantienen en buena salud los aparejos clave de la industria pesquera. Es un trabajo artesanal, igual todavía al que hacían sus abuelas. De hecho, no existe una alternativa viable a lo que ellas hacen. Como señala Veres puede que en otras aguas, como las del Pacífico, otros sistemas pueden funcionar, pero en las del Atlántico todavía son necesarias las redes, esas que se siguen manteniendo de forma artesanal, para poder recuperar la pesca.

Las rederas trabajan en los puertos de toda España, un trabajo duro pero muy necesario —en los últimos años han estado reclamando mejoras en cuestiones clave como el coeficiente reductor para su jubilación—. No son, como a veces piensan los visitantes, un reclamo pintoresco para turistas. Son una pieza fundamental de la industria pesquera.

El trabajo que hacen para dar una nueva vida a las redes de pesca es todavía, salvo casos excepcionales, una parte mínima de sus ingresos. Es una fuente de ingresos extra, como explica Verea. Para el medio ambiente marino, sin embargo, es posiblemente mucho más valioso.

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