Árbol de Navidad. / EFE

La segunda vida de los árboles de Navidad

Solo el 10% de los abetos naturales sobrevive a la época navideña y se convierte en compost

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ

La nueva vida de los árboles de navidad

Los Reyes Magos ya han pasado por los hogares españoles, lo que supone un año más echar el cierre a las Navidades y guardar todos los adornos de esta época para el próximo mes de diciembre. Guardar o reciclar, porque cada vez son más habituales los árboles de navidad naturales.

Este 2021, la venta de abetos cultivados en España ha crecido un 15%, según datos de la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas Vivas (Fepex).

Sin embargo, poco «menos del 10% de los árboles» sobreviven a la Navidad, señala en un comunicado el Colegio de Ingenieros de Montes. Por ello, la mayoría de las ciudades españolas tienen previstos servicios de recogida para estos desechos. «La ciudadanía tiene la opción de depositar el árbol en alguno de los Bilbogarbis fijos de la ciudad», responde el Ayuntamiento de Bilbao. «Si estuviera vivo se replantaría y si estuviera muerto se haría compostaje», añade.

Esta es una de las «ventajas primordiales» de estos abetos, destacan los responsables del Colegio de Ingenieros de Montes. Frente a los árboles artificiales, los naturales «no contaminan y aún pueden convertirse en biomasa o compost», comentan. En el caso de los de plástico, «estos requieren un proceso de reciclado que implica la emisión de gases contaminantes.

Tras casi un mes adornando salones y negocios, una gran mayoría de estos abetos llegan al final de su vida. Solo en Madrid capital, el pasado 2020 recogieron más de 370 de estos adornos navideños y de los cuales solo eran aptos para ser replantados 116. Sin embargo, el pasado año la recogida se vio afectado por la llegada del temporal Filomena, asegura el Ayuntamiento de Madrid.

Los ejemplares que se encontraban deteriorados, sin garantías de arraigar en ese entorno natural, fueron convertidos en compost. El compostaje es un proceso natural y biológico y con presencia de oxígeno (aerobio), mediante el cual los microorganismos presentes en el ambiente actúan sobre la materia biodegradable, permitiendo obtener un abono orgánico.

Cada abeto no recuperable se traduce en unos cinco kilos de compost, 1.275 kilos en total fueron los recogidos solo en la capital madrileña en 2020. Este fertilizante es un buen nutriente para el suelo porque puede mejorar su estructura, ayuda a reducir la erosión y mejora su permeabilidad.

Ayudan a la naturaleza

Estos abetos de Navidad no se extraen del bosque, sino de viveros, por lo que no se contribuye a la deforestación. Se trata de árboles cultivados a propósito durante años para su venta bajo una regulación específica en explotaciones respetuosas con el medio ambiente, que consumen CO2, sirven de cortafuegos y dinamizan la economía local.

Durante su cultivo, estos árboles actúan como sumideros de CO2 y, además, dan cobijo a una rica biodiversidad. Cada hectárea de plantación produce diariamente el oxígeno que consumen hasta 40 personas. «Mientras esté vivo, ayuda a mitigar los efectos del cambio climático. Por el contrario, un árbol artificial, tanto en su fabricación como en su eliminación emiten CO2. Solo por esta notable diferencia la elección está clara: mejor un árbol natural», explican desde el Colegio de Ingenieros de Montes.

Además, durante el cultivo de estos abetos, el suelo se mantiene limpio de malas hierbas y, además, es un seguro contra incendios en verano. En España, este tipo de árboles están certificados y se suelen comercializar como «productos forestales de cultivo controlado» en centros de jardinería o los típicos mercados de Adviento propios de la época navideña.

Esta certificación constata que no se contribuye a la deforestación ni al cambio climático. En el cultivo de este tipo de abetos no se usan, habitualmente, agroquímicos ni tampoco dañan el suelo ni afectan a los ecosistemas naturales donde son plantados. Por norma general, se cultivan en terrenos forestales de zonas de montaña, favoreciendo la economía rural y contribuyendo a la biodiversidad.