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Los habitantes de México se refrescan en una fuente durante la última ola de calor que sube los termómetros a los 45º en el país centroamericano. Efe/Mario Guzmán
Nueva alerta científica: «El pasado verano fue el más cálido en 2.000 años»

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Nueva alerta científica: «El pasado verano fue el más cálido en 2.000 años»

Cambio climático ·

Un análisis de miles de datos demuestra que el hemisferio norte del mundo se calienta a mayor velocidad y calcula que vivimos a casi 4º más de media que al inicio de nuestra era

Martes, 14 de mayo 2024, 16:02

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«No es un resultado inesperado, aunque sigue siendo alarmante y otro recordatorio de la necesidad de acelerar la transición hacia emisiones cero». Con esta valoración, Anna Cabré, científica del clima asociada a la Universidad de Pensilvania, define bien el enésimo estudio publicado por la revista científica Nature sobre el cambio climático, cuya conclusión no deja indiferente: «El pasado verano de 2023 fue el más caluroso en 2.000 años».

La información científica relativa al cambio climático está, más que nunca, repleta de récords como éste, que cada vez se difunde con más frecuencia. Rara es la semana en la que los datos obtenidos ya de las mediciones de un satélite ya de una proyección realizada con un súper ordenador no se hagan hueco en la actualidad. La cercanía del verano -que ya la Aemet augura más caluroso y seco de lo normal-, puede explicar que en una sola semana hayan confluido varios trabajos relativos a los efectos, concretamente, del calor derivado del calentamiento global, uno de los efectos más notorios del cambio climático.

El último de ellos ha sido el citado récord, que llega con perspectiva más que histórica. Los investigadores de la universidad de Johannes Guttenberg, de Cambridge, de Masaryk y del Instituto de Investigación del Cambio Global de la Academia de Ciencias checa que firman el trabajo publicado en Nature han recopilado los datos de «miles de estaciones meteorológicas», junto a las series disponibles de cálculos realizados en grandes árboles sensibles al cambio de temperaturas, y han podido mostrar en una gráfica que el hemisferio norte se calienta a más velocidad, impulsado -especifican- por el fenómeno de El Niño, sí, pero también por la concentración de gases de efecto invernadero durante la era industrial y sus efectos en el cambio climático.

La diferencia de temperaturas con los primeros años de nuestra era es cercana a los 4º de media. Concretan los autores del trabajo que la media está influenciada porque tienen en cuenta el verano más frío de la historia, en el año 536 -la conocida como Pequeña Edad del Hielo Medieval-, cuando las erupciones volcánicas no dejaron subir las temperaturas de forma anómala.

«Teniendo en cuenta este episodio, el rango máximo de temperaturas anteriores al Antropoceno, hasta 2023, es de 3,93ºC», recoge el artículo de Nature. Con ello, insisten al igual que otros colegas dedicados a la materia, en la necesidad «urgente» de implementar «acuerdos internacionales» para el descenso generalizado de las emisiones de carbono.

«Lo alarmante es que el Acuerdo de París para parar el calentamiento en 1,5º ya ha sido superado en esta escala limitada analizada»

Jan Esper

Universidad de Johannes Gutenberg

Sobre estos, advierten los científicos alemanes que el Acuerdo de París firmado en 2015, aún referente para diseñar las políticas de mitigación, se ha quedado obsoleto. Su trabajo, dicen, es llamativo al poder demostrar que el de 2023 fue el verano más caluroso de la historia del hemisferio norte del planeta.

Pero lo más «alarmante» de su hallazgo, valoran, es que la temperatura es 2,07º mayor que en el periodo comprendido entre 1850 y 1900 -periodo preindustrial-. Si se tiene en cuenta la información desde el año 0 hasta 1900, la variación es de 2,20º.

«El Acuerdo de París de 2015 para limitar el calentamiento global a 1,5º ya ha sido superado en esta escala espacial limitada», adiverten. Es cierto que, y lo reconocen los autores, que el estudio se refiere al hemisferio norte y esto no se puede aplicar a escala global. A su favor argumentan que las estimaciones presentadas demuestran «la naturaleza incomparable del calentamiento actual».

En esta línea prosigue Cabré en sus declaraciones a SMC España. «La importancia de este estudio radica en el análisis de 2.000 años de datos, lo cual no es trivial, ya que los datos son menos precisos a medida que retrocedemos en el tiempo, lo que técnicamente dificulta el análisis». El meteorólogo Ernesto Rodríguez, también en declaraciones a SMC, coincide en valorar el artículo de Nature por lo extraordinario del análisis de datos. «Lo realmente interesante -dice- es la combinación de diferentes fuentes para poder cubrir todo el periodo de 2.000 años y a la vez comparar las limitaciones y sesgos de cada fuente de datos».

Los datos tienen consecuencias en la salud de las personas

En la misma edición, Nature recoge otro estudio de las consecuencias que estos datos, fríos si se quiere, tienen en la realidad. Concretamente, en la salud de las personas. En esta ocasión, un equipo de investigadores del Centro Mediterráo sobre el Cambio Climático ha puesto cifra a la cantidad de personas mayores en todo el mundo que quedará expuesto a lo que denominan «el peligroso calor agudo» en el año 2050. El dato habla de 246 millones más de adultos mayores. Aquellos que vivan en Asia y África experimentarán los efectos más graves.

«Los hallazgos pueden ayudar a fundamentar las evaluaciones regionales de riesgos de calor y la toma de decisiones de salud pública», valoran los autores.

«En 2050, el 23% de la población mundial mayor de 69 años vivirá una exposición aguda al calor superior al umbral crítico de los 37,5º»

Giacomo Falchetta

Centro Mediterráneo de Investigación del Cambio Climático

Para llegar a la alarmante cifra hay que tener en cuenta los cálculos que se han realizado sobre el envejecimiento progresivo de la población mundial. Así, se espera que el número de personas mayores de 60 años se duplique a casi 2.100 millones para 2050, y más de dos tercios residan en países de ingresos bajos y medianos donde los eventos extremos provocados por el cambio climático son especialmente probables.

«Los aumentos en la intensidad, duración y frecuencia de los episodios de calor plantean amenazas directas a la salud física, con consecuencias especialmente graves para los adultos mayores, dada su mayor susceptibilidad a la hipertermia y las condiciones de salud comunes que empeoran con la exposición al calor«, recoge el artículo.

Giacomo Falchetta y sus colegas, autores del citado artículo, descubrieron que para 2050, más del 23% de la población mundial mayor de 69 años vivirá en climas con una exposición aguda al calor superior al umbral crítico de 37,5°C (99,5°F), en comparación con el 14% en 2020.

Las mujeres europeas, también entre los grupos vulnerables

Este trabajo se ha publicado un día después de que los expertos del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), en colaboración con el Centro Nacional de Supercomputación de la misma ciudad, hayan hecho público en el estudio de indicadores 'The Lancet Countdown in Europe' sus conclusiones sobre los efectos del calor, no ya en regiones más castigadas como las citadas, sino en Europa.

En esta ocasión, se estudian los vínculos entre el cambio climático y la salud en Europa a partir de 42 indicadores. «El cambio climático no es un escenario teórico de un futuro lejano: está aquí y mata. Es probable que los impactos del cambio climático empeoren dentro y fuera de Europa, afectando al bienestar de miles de millones de personas», señalan los autores.

Los resultados muestran que los efectos negativos del cambio climático sobre la salud han ido en aumento en comparación con los niveles de referencia y que la mayoría de los efectos superan los niveles registrados anteriormente. Por ejemplo, las muertes relacionadas con el calor se han incrementado en la mayor parte de Europa, con una media de 17,2 fallecimientos por cada 100.000 habitantes entre los decenios 2003-2012 (50,8 decesos) y 2013-2022 (68,0).

«Europa no se está moviendo lo suficientemente rápido para prevenir las consecuencias para la salud del futuro cambio climático»

Cathryn Tonne

ISGlobal

Además, este aumento se ha detectado en el 94% de las 823 regiones analizadas. Y no se distribuye equitativamente entre sexos, puesto que el incremento de la mortalidad asociada al calor fue casi el doble entre las mujeres (21,5 muertes) que en los hombres (13,8).

Cathryn Tonne, investigadora de ISGlobal y codirectora de 'The Lancet Countdown in Europe', en declaraciones a este periódico, cree que lo importante de las conclusiones del trabajo es que ponen en evidencia que Europa, a pesar de su «liderazgo significativo» en la lucha contra el cambio climático, «no se está moviendo lo suficientemente rápido para prevenir las consecuencias para la salud» que traerá este fenómeno en el futuro.

«El progreso hacia la reducción de los gases de efecto invernadero -prosigue- se está produciendo con demasiada lentitud. Más de la mitad de los países europeos todavía subsidia los combustibles fósiles y el carbón se utiliza para generar el 13% de nuestra energía. La transición para abandonar los combustibles fósiles y eliminar los subsidios es una prioridad absoluta para mantener los niveles de cambio climático dentro del rango al que podemos adaptarnos».

Los termómetros en Sevilla en agosto de 2023. Europa Press

«La medicina intensiva debe prepararse para esta nueva situación»

La Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICyU) se ha sumado a la preocupación de los profesionales sanitarios ante el incremento de las temperaturas esperado y ponen sobre la mesa la necesidad de que los Servicios de Medicina Intensiva «se preparen para afrontar esta nueva situación, que permita asistir con garantías al nuevo perfil de paciente crítico». En un comunicado advierten de que las olas de calor, más intensas y más frecuentes, llevan consigo un aumento significativo de la gravedad de algunas patologías, especialmente respiratorias, y la complicación de infecciones. Algunas de estas, incluso, podrían perder su condición de importadas y pasar a ser locales. Con estas últimas se refieren a las enfermedades contagiadas por ejemplo por mosquitos como pueden ser el dengue, la malaria, etc. Junto a ellas, citan el abordaje en las UCI de los golpes de calor. «Es una emergencia médica con una mortalidad elevada, que puede oscilar entre el 5 y el 50%. Se caracteriza por una temperatura corporal mayor a 40,5 °C, alteraciones neurológicas y fallo multiorgánico. El diagnóstico puede incluir alteraciones neurológicas graves y la afectación de varios órganos. Esta gravedad obliga a ingresar en una UCI para su tratamiento», concluye el doctor Eduard Argudo, intensivista del Hospital Vall d'Hebron.

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