Ilustración: / R. PARRADO

Empresas cebra, cuando el propósito va más allá de hacer dinero

Nacidas como respuesta al enriquecimiento rápido como filosofía de los unicornios, crece el movimiento de los negocios con enfoque social

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Las nuevas generaciones ya no (solo) sueñan con ser Mark Zuckerberg. Dar con una idea brillante, a ser posible tecnológica, y hacerse millonario en el menor tiempo posible es una forma de estrenarse en los negocios, pero no la única. Al menos no parece que será así para las nuevas generaciones.

Estas carreras meteóricas hacia el enriquecimiento rápido sin apenas tener estructura consolidada son conocidas como empresas 'unicornio'. Concretamente, son compañías emergentes ('startups') que han conseguido una valoración de más de 1.000 millones de dólares antes de salir a bolsa.

Muchas han sido protagonistas de la nueva economía que aprovecha las propiedades casi mágicas (como las de los unicornios) de las citadas nuevas tecnologías. Son de sobra conocidas. SpaceX, Airbnb, Epic Games (Fortnite), Cabify, Glovo… El término fue acuñado en el lugar donde se mama esta cultura del 'pelotazo' tan americana, Sillicon Valley (California).

Pero los tiempos empiezan a cambiar para dar cabida a otros modelos de emprendimiento. Como contraposición a los 'unicornios', nace el movimiento de las 'cebras', o como se definen, negocios de crecimiento lento, con visión a largo plazo y con un enfoque social. Su razón de ser va más allá de hacer solo dinero rápido, ya que ponen en el centro un propósito con el que contribuir a una sociedad más justa y sostenible.

Contracultura norteamericana, el origen

Fue en 2017, en el mismo Silicon Valley, donde se acuñó el término 'cebra' para hacer frente a la cultura de los unicornios. Fue la iniciativa de cuatro mujeres emprendedoras que encontraron muy complicado obtener financiación para sus 'startups'. Escribieron un manifiesto pidiendo que los inversores respaldaran nuevas compañías que buscan ser rentables pero también mejorar la sociedad, en lugar de perseguir a los clásicos unicornios.

«Cuando el rendimiento de los accionistas triunfa sobre el bienestar colectivo, la democracia está siendo amenazada. La realidad es que los modelos comerciales generan conductas y, en cierta medida, ese comportamiento puede conllevar resultados de largo alcance y a veces destructivos», versaba el manifiesto.

En la actualidad, crece el interés de los inversores en las cebras, atraídos por la Agenda 2030 y los Objetivos de Sostenibilidad marcados por la ONU para administraciones y empresas. Estas 'startups' no mágicas, pero sí soñadoras, están asociadas en un movimiento oficial internacional. En su espacio en internet, cualquiera puede registrar y publicitar su proyecto con el fin de atraer a inversores.

Ambiciosos pero soñadores

Una de las empresas españoles que forma parte de la red es Living Crowdland, una empresa de marketing, cuya filosofía, cuenta su fundador, Koldo Ugarte, se centra en cuidar al equipo para que éste dé la máxima calidad al trabajo y al cliente. «Ayudar a crecer está por encima de nuestro propio beneficio. No quiere decir que no seamos ambiciosos y soñadores, pero hay diferentes caminos para llegar al objetivo marcado», explica.

En España, existen iniciativas que podrían enmarcarse en la filosofía de las 'cebras'. El de referencia es Sannas, una asociación de empresas de triple balance (económico, ecológico y social) cuyo objetivo, declaran, es «transformar el modelo empresarial tradicional, contribuyendo a construir una sociedad más sostenible, justa y equitativa».

En esta asociación tienen cabida todo tipo de negocios: de arquitectura, consultoría, marketing, energía, paisajismo, moda, formación, turismo, comunicación...

Dos mujeres con propósito de transformar

Pero para pasar de la intención a la acción también hay que saber cómo aterrizar las buenas intenciones en proyectos reales y social y económicamente rentables.

Cristina Sopo que, junto con Gema Requena, forma a emprendedores en sostenibilidad. / R. A.

Para formar en este nuevo movimiento de emprendedores alineados con los ODS nacen iniciativas como la de Cristina Sopo y Gema Requena que han puesto en marcha una academia para formar a los futuros profesionales cebra, Grow to impact Syllabus.

Requena es CEO de Nethunting, entorno en el que ahora se integra el programa enfocado a formar a profesionales con propósito. Sopo, también emprendedora en el mundo de la moda sostenible (con su marca de prendas éticas The Nordic Leaves), explica que lo que persiguen es «ofrecer la posibilidad a los profesionales, emprendedores e intraemprendedores (dentro de las empresas en las que trabajan), de conocer las tendencias, favoreciendo la democratización y capitalización de ellas hacia la sostenibilidad e impacto positivo, al mismo tiempo que acelerando las habilidades necesarias para para impulsar la creación de mejores futuros, mejores proyectos y mejores empresas».

La academia tiene un formato flexible enfocado a experiencias útiles que generen a su vez un espacio de reflexión sobre el propósito a poner en marcha, en el que además se manejen fórmulas reales sobre cómo llevarlos a cabo. Para ello, incorporan expertos en activo para compartir su visión y experiencia de impacto positivo, con el fin de que la práctica prenda la inspiración.