Metaverso. / Reuters

¿Necesita el planeta un metaverso?

El uso global de electricidad de los centro de datos, que mueven esta nueva realidad, fue el 1% de la demanda global

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

En un futuro, quizá no muy lejano, puede que este texto te lo esté contando quien lo escribe en un rincón remoto del mundo… virtual. «Software Element, orgullosamente presenta el primer Sistema Operativo de Inteligencia Artificial. Una entidad intuitiva que te escucha, te entiende y te conoce». Bienvenido o bienvenida al metaverso.

Hablar con Alexa, con Siri o con el asistente de Google es una realidad, pero Silicon Valley busca ir más allá y ya bucea entre avatares y mundos paralelos. «Hace siete años, nosotros queríamos hacer contenido en realidad virtual y en 3D para las presentaciones», señala Alberto Lozano, CEO Six3d The New Metaverse.

Ahí comenzaron a añadir edificios. «Empezamos a generar que se pudiera desarrollar, de una forma muy sencilla, un entorno en 3D, en este caso uno el cual podías poner el Coliseo o las distintas edificaciones de Roma», añade Lozano. Así nació su metaverso, «mucho antes del de Facebook», asegura.

Una construcción sin hormigón, cemento, pero con muchos píxeles y energía. «El metaverso», señala Raja Koduri, Vicepresidente Senior y responsable del Accelerated Computing Systems and Graphics Group de Intel, «puede convertirse en la siguiente gran plataforma digital después de la World Wide Web y de los móviles». Sin embargo, el directivo deja caer un jarro de agua fría sobre estas aspiraciones, «nuestra capacidad informática, de almacenamiento de datos y de conexión no es aún suficiente para hacer posible esta visión».

Para que este mundo sea paralelo se necesita una gran capacidad informática y, sobre todo, de conexión. Los árboles se convierten en píxeles, una taza de café es un objeto 3D y la nueva ciudad son capas y más capas virtuales. «Es necesaria una transferencia de datos con anchos de banda súper grandes y latencias extremadamente bajas, y un modelo persistente de medioambiente que pueda contener elementos reales y simulados», alerta Koduri.

De momento, el 5G resuelve la primera incógnita, pero ¿y la segunda parte de la ecuación? El primer gran intento de metaverso llegó con Second Life, una de las primeras grandes comunidades virtuales desarrollada por Linden Lab en el verano de 2003. Allí los usuarios podían participar con sus avatares en actividades tanto individuales como en grupo y crear y comerciar propiedad virtual y ofrecer servicios entre ellos.

Second Life funcionaba en 2003 con una granja de 4.000 servidores que consumían 60.000 kilowatios a la hora

Un universo paralelo que se construyó sobre una «granja» de unos 4.000 potentes servidores para hacer vivir a miles de avatares y entidades virtuales. El motor de Second Life consumía cerca de 60.000 kilowatios hora, que repartido entre todos los avatares serían unos 4,8 kWh per cápita. Eso equivale a unos 1.752 kWh al año por persona al año.

Cifra, no obstante, que está por debajo de lo que suele consumir una persona humana a lo largo de un ejercicio que, de media, ronda los 2.500 kWh por año, aunque esta cifra es superior en los países desarrollados. En España, en 2020 el consumo per cápita fue de 5.276 kWh, según datos de Red Eléctrica Española (REE). «Si se genera una economía dentro del propio metaverso, esos bienes y servicios no consumen materiales, por lo tanto es mucho más sostenible», explica Lozano.

Grandes centros

La «granja» de Second Life hoy es uno de los grandes centros de datos que alimentan Internet y hacen posible la conexión con las diferentes comunidades existentes. «Los centros de datos son una parte esencial de la interconexión entre servicios, empresas y usuarios», apunta Robert Assink, managing director de Interxion.

A finales de 2020, en todo el planeta había casi 600 centros de datos, según cifras de Synergy Research. Un número que multiplica por dos el registrado en 2015. Sólo en los últimos doce meses.

Esto supone que el uso global de electricidad de los centros de datos (CPD) fue de 200-250 TWh en 2020 o lo que es lo mismo sería alrededor del 1% de la demanda global final de electricidad. España se sitúa también entre los 10 primeros países con mayor aglomeración de centros de datos, con un total de 122.

A finales de 2020, en todo el planeta había casi 600 centros de datos, según cifras de Synergy Research

En los edificios de Interxion en la capital española hay más de 20.000 metros cuadrados de salas y habitaciones para los servidores de Netflix, Google o Amazon, entre otras muchas compañías. «Ahora, todo el mundo compra la computación como servicio y esto hace que miles de centros de datos pequeños y poco eficientes cierren», comenta el managing director de Interxion en España

«Nosotros construimos edificios para máquinas», responde Assink. Interxion es la propietaria de los mayores CPD en Madrid con tres edificios llenos de servidores de grandes compañías. Por sus instalaciones circula el 65% del tráfico de internet de España y en los próximos meses abrirá su cuarto centro (MAD4) con 35.000 metros cuadrados y una potencia de 30 megavatios, cinco veces más que el anterior. «El diseño de los centros lo hacemos desde el principio con alta eficiencia», apostilla.

Una arquitectura que mira al detalle «el ahorro energético», asegura Assink. «Desde la entrada al edificio hasta la llegada al ordenador se pierde energía», explica. «Además se gasta energía en enfriar el entorno», añade.

Es por ello que muchos centros de datos se encuentran en latitudes frías. Las grandes tecnológicas de Silicon Valley se asientan, últimamente, en los terrenos verdes de los Países Bajos. Donde antes crecían tulipanes, ahora son CPD.

La secretaria de Estado de Economía y Clima, Dilan Yeşilgöz, reconoció el pasado mes de junio en una carta enviada al Parlamento neerlandés que hay entre 20 y 25 planes para el establecimiento o expansión de centros de datos en Países Bajos, algunos tan grandes como el respaldado por el municipio neerlandés de Zeewolde, en la provincia de Flevoland, un proyecto de Meta, antes conocido como Facebook.

De salir adelante los planes para esta veintena de centros, su funcionamiento podría representar el 10% del consumo neerlandés de energía.

Proyecto del centro de datos de Kolos en Noruega. / Kolos

Un poco más al norte se encuentra uno de los CPD más grandes del Viejo Continente, el de Kolos en un pequeño pueblo de Noruega. Un total de dos millones de metros cuadrados con cuatro plantas y una capacidad de consumo de hasta 1000 megavatios de energía para 2027. En esos planes, la firma asegura que la instalación funcionará al 100% con fuentes de energía renovables.

Una hoja de ruta que siguen los Meta o los Google donde, en sus informes de sostenibilidad apuntan al uso de este tipo de energía verde para dar vida a sus grandes servidores. Otras como Telefónica apuestan por reducir su impacto ambiental con una solución de refrigeración por inmersión que da respuesta a la búsqueda de nuevas tecnologías que ayuden a reducir el consumo de los equipos de refrigeración de sus data centers.

Esta información se enmarca en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 7.