Los jardines verticales del Hotel Athenaeum de Londres. / Efe

El poder purificador de tener el jardín en la fachada

Un bloque de cuatro pisos con un tapiz de plantas filtra al año 40 toneladas de gases y funciona como un aire acondicionado natural para el edificio

A. HERRANZ

Los jardines verticales, esas estructuras verdes que recubren grandes paredes de edificios emblemáticos en la ciudad, están más de moda que nunca. Tienen beneficios para quienes los poseen y para el entorno en el que se encuentran. Oxigenan y reverdecen el entorno. ¿Por qué no proliferan más? ¿Qué hace falta para que un alto porcentaje de los muros de las ciudades, tan ávidas de naturaleza, no cuenten con ese manto protector?

Para contestar esta pregunta primero hay que entender qué es exactamente un jardín vertical. Porque aunque cualquier pueda imaginarlo,, las plantas trepadoras que vemos en algunos edificios (especialmente de casas) pueden no ser propiamente dicho un jardín vertical.

Andrea G. Padin, arquitecta y paisajista de La Habitación Verde (estudio de arquitectura especializado en terrazas y jardines responsable de instalaciones como el jardín interior del Hospital Puerta de América), explica que un jardín vertical es una superficie de plantas que «se desarrolla sobre una base con una tecnología muy específica. Esta base reduce a mínimos, e incluso casi elimina, el volumen y peso del sustrato sobre el que crecen las plantas, lo que permite conseguir ajardinar pendientes de hasta 90 grados sobre el suelo que pisamos».

Antes del desarrollo de esta tecnología sólo se podían cubrir estas superficies con plantas trepadoras o con jardineras integradas que hacían un efecto similar. Sin embargo, hay que ser cuidadosos con las trepadoras, puesto que podrían dañar las paredes del edificio.

Más que estética

Los jardines verticales pueden estar tanto en interiores como en exteriores al aire libre. Además de ser un recurso estético que pueda mejorar el paisaje urbano (algo que, según esta paisajista, mejora la percepción de los habitantes de su entorno urbano, ya que la presencia de plantas nos ayuda a sentirnos bien) sus beneficios son múltiples y variados.

Por un lado, abren nuevas posibilidades para incrementar las zonas verdes en áreas urbanas, detalla Padín, quien también habla de que con esto se consigue reducir el efecto de 'isla de calor' de las grandes ciudades y, al mismo tiempo, se consigue reducir la temperatura interior de un edificio en verano, manteniéndola cálida en invierno, con el consiguiente ahorro en refrigeración.

Según los datos facilitados por esta arquitecta, un edificio de 4 plantas con una fachada con jardín vertical filtra al año 40 toneladas de gases nocivos y 15 kg de metales pesados.

Cuidados frente al espectáculo

Andrea G. Padín también asegura que este tipo de jardines son un reclamo publicitario, por lo que acaba suponiendo un aumento de visitas a las zonas en las que se instalan. Algo que, sin embargo, también tiene su cruz.

«El boom que hubo hace unos años con este tipo de jardines, en pleno auge de la arquitectura del espectáculo, les hizo un flaco favor, porque en muchas ocasiones se realizaron instalaciones que no estaban bien planificadas y que fracasaron», relata esta experta, quien considera que, aunque su capacidad estética es muy alta, «cuando este tipo de jardines no está bien cuidado, la verdad es que también se hace muy evidente. Los jardines verticales fallidos también llaman mucho la atención».

¿Puedo tener uno?

Los jardines verticales tienen también la propiedad de atrapar el polvo y generar oxígeno, lo que puede mejorar nuestra calidad de vida en el corto espacio.

Pero hay que ser conscientes de que estamos hablando de instalaciones que tienen un coste y mantenimiento elevado. «En general estas actuaciones se han realizado en paredes verticales de gran altura, lo que incrementa mucho el coste del mantenimiento al ser necesario utilizar medios auxiliares muy específicos como grúas», detalla la arquitecta.

Sin embargo, subraya que cuando la altura no es excesiva, la relación resultado y coste del mantenimiento es «más que razonable». «En jardines verticales pequeños es importante pensar en alturas más controladas», señala.

Si quisiéramos tener un jardín vertical, Padín recomienda tener claro que a la hora de diseñarlo debe responder a unos objetivos y a un proyecto. «Muchas veces se utiliza como reclamo o capricho sin valorar si la solución de diseño es adecuada para el espacio, el cliente y las circunstancias posteriores de mantenimiento», insiste, añadiendo que aspectos como la orientación de la pared y la selección de especies es «clave para que el jardín vertical tenga éxito y evolucione en todo su esplendor».

Fuente de biodiversidad

La buena noticia es que un jardín vertical admite una gran variedad de plantas, por lo que el resultado ornamental es «espectacular en un espacio mínimo». De hecho, este tipo de jardín a nivel del suelo casi no ocupa espacio. «Entre la estructura y la parte vegetal podemos estar hablando de unos 30-40 cm, así que a nivel ocupación es más eficiente que poner una jardinera estándar», asegura Padín.

A los beneficios de los jardines verticales hay que sumar que que pueden ser el hábitat de aves e insectos, lo que también garantiza el mantenimiento de la biodiversidad.

Además, destierra el temor de tener más insectos en el interior del edificio por el hecho de contar con un jardín vertical. «La única precaución que debemos tener es controlar el sistema de riego, ya que los jardines verticales son más delicados. Al no tener casi sustrato dependen completamente del alimento que reciben con el riego», explica, añadiendo que, por lo demás, no hay diferencias entre tener un jardín en suelo o un jardín vertical a otros niveles, como por ejemplo aumento de alergias o la presencia de insectos.

Los resultados de poner una de estas instalaciones se verán relativamente pronto. Según los cálculos de la arquitecta, entre 4 y 6 meses es el tiempo que cuesta que un jardín esté completamente acabado y con las plantas en florecimiento. Además, es compatible con sistemas de iluminación o fuentes ornamentales y, tal y como recuerda, «mejora las condiciones ambientales, purificando el aire y reduciendo la insolación, por lo que funciona como un sistema de aire acondicionado natural si se instala adecuadamente».