Cetáceo en el mar. / Miteco

Investigadores españoles desarrollan una tecnología para evitar que los barcos choquen con cetáceos

El tráfico marítimo en Canarias mata a más cachalotes de los que nacen

A. HERRANZ Madrid

Los ferrys y los barcos son cada vez más potentes, tienen más velocidad y energía, pero eso también reduce su maniobrabilidad. Algo que puede repercutir seriamente en la vida de las ballenas y los cetáceos. «Se viene observando en los últimos años que hay más varamientos de ballenas. Y se cree que está muy relacionado con el aumento de potencia de los ferrys», asegura María Aspiroz, investigadora principal en Tecnología Marina y Ciencias Ambientales en el Centro de Investigación Arquimea.

Se calcula que, al menos en Canarias, mueren más cachalotes por el impacto con estos buques navieros que los que nacen. Algo que amenaza a la supervivencia de esta especia y a la sostenibilidad del planeta. El problema es tal que hasta el Gobierno de las islas tiene una Red Canaria de Varamientos de Cetáceos.

Según explica Aspiroz, el comportamiento natural de los cetáceos hace que, incluso cuando están en superficie y son visibles por los barcos, haya una alta probabilidad de choquen. Cuando estos animales marinos terminan de pescar buceando y salen a la superficie «están tan exhaustos que ninguna sirena de ningún barco les hace reaccionar».

Por eso, un grupo de investigadores de la empresa española Arquimea están trabajando desde hace años en desarrollar una tecnología que permita a los barcos detectar la presencia de estos grandes animales marinos y evitar que choquen con ellos.

Tecnología por capas

Según explican estos investigadores, que de momento centran su investigación en las Islas Canarias y en los cachalotes (que tienen una comunidad residente permanente por las islas, debido a las condiciones que encuentran en la zona), esta tecnología se está desarrollando por capas, de manera que pueda utilizarse cada una de ellas de manera aislada o conjunta. «Ninguna de estas tecnologías es perfecta al cien por cien, todas tienen limitaciones», explican. «La idea es ir superponiendo capas con tecnologías de forma que estos vacíos tecnológicos se vayan cubriendo las unas con las otras».

Una de ellas es la acústica. Cada cetáceo tiene su propio sonido y los investigadores han conseguido identificar el de cada especie. Algo que, según sus explicaciones, resulta muy complejo teniendo en cuenta la cantidad de ruidos (oleaje, motores, mareas, vientos, maremotos…) que hay en las profundidades. El siguiente paso sería instalar potentes hidrófonos en las profundidades marinas para detectar el sonido de estos animales. Algo que, reconocen, no es fácil por el alto coste que implica.

Otra capa es la imagen térmica, por la que a través de unas cámaras los barcos serían capaces de reconocer la presencia de estos cachalotes, tanto a ras de mar como en las profundidades, con la suficiente antelación como para que la embarcación pudiera cambiar de rumbo y no chocarse.

Mapa densidad balelenas Islas Canarias

Aunque está en fase de estudio, los investigadores también están analizando la posibilidad de utilizar los cables submarinos de fibra óptica como sistema para triangular la presencia de los cetáceos.

Según explican estos investigadores, cada año llegan, al menos, dos o tres ejemplares de estos cachalotes a las playas de las Islas Canarias después de que hayan chocado con algún tipo de embarcación, por lo que calculan que habrá más cetáceos que sufran estos accidentes.

Los ferrys rápidos que conectan las islas, «están empezando a concienciarse»

Recuerdan, además, cómo la actividad humana en el mar puede afectar a la vida subacuática. En 2002, una docena de cetáceos murieron en las costas de Lanzarote y Fuerteventura después de que se estuvieran haciendo unas pruebas militares en la zona. Aunque en un principio se pensó que el sonido de aquellas maniobras dañó su sistema auditivo de forma que se desorientaran, se acabó demostrando que lo que provocó fue que se quedaran más tiempo en profundidad, lo que alteró sus niveles de nitrógeno y aquello les provocó la muerte.

Comercializar la tecnología

Estos investigadores reconocen que comercializar esta tecnología, dado su alto coste, no es fácil. «El cliente no va a pagar lo que cuesta esta tecnología salvo que le obliguen», reconoce Ruben Criado, director del Centro de Investigación, quien considera que «tampoco podemos esperar a que haya legislaciones que obliguen a tener este tipo de sistemas».

Eso sí, asegura que algunas navieras, sobre todo los ferrys rápidos que conectan las islas, «están empezando a concienciarse». De hecho, las pruebas que se van a realizar con la tecnología de imagen térmica se va a llevar a cabo con una de estas compañías.

Mapa rutas marinas y presencia ballenas.

En cualquier caso, y ante la importancia de los parámetros de sostenibilidad por los que, cada vez más, se miden a las empresas, este ingeniero cree que es el turno de innovar en la forma de comercialización de estas tecnologías. Así, están estudiando la viabilidad de «tokenizar el impacto ambiental positivo» que, en cada una de estas empresas, tendría el uso de estas herramientas con las que evitar el choque con los animales marinos. Algo que ya se está explorando con otras tecnologías, como el uso de algas para la limpieza de los residuos oceánicos.

 

«Somos un centro de investigación, pero nuestro objetivo es que acelerar nuestras investigaciones para que afecten de manera positiva a la sociedad», remarca. Al ser un centro privado, reconoce que estas investigaciones tienen que tener un retorno de la inversión económico «para que sea sostenible» pero, añade, «tratamos de que los proyectos tengan un impacto socioeconómico lo más alto posible».