Harshlab cerca de la costa. / Tecnalia

Harshlab, el laboratorio flotante para entender los ecosistemas marinos

Situado frente a la costa del País Vasco permite estudiar cómo afecta la corrosión a los materiales

A.HERRANZ Madrid

A una milla y media de la costa de Armintza (País Vasco) se levanta sobre las aguas del cantábrico un laboratorio flotante de 8,5 metros de diámetro por 7 metros de altura. Una plataforma que permite realizar ensayos de elementos de fondeo, estudiar el fondo marino, hasta 65 metros de profundidad o conseguir mayor resistencia en los materiales para que sean más duraderos, ya que se estima que el impacto económico de la corrosión es superior al 3% de lo que se produce cada año. Unos cálculos en los que no se suelen incluir las consecuencias individuales para la seguridad o el medioambiente que el deterioro de los materiales tiene.

Harshlab, que así se llama esta plataforma flotante, está concebido para que las empresas puedan evaluar qué ocurre con los materiales, componentes y equipos que emplean (para barcos o aerogeneradores marítimos, por ejemplo) cuando están sumergidos, en la zona atmosférica (por encima del agua), en lo que se conoce como la zona de splash, donde rompe la ola, y en el fondo marino. «Aunque esté cerca de la costa, está expuesto a condiciones que se pueden considerar de alta mar», responde Pablo Benguria, gestor de proyectos de Tecnalia -empresa encargada de poner en marcha el laboratorio-.

A pesar de su cercanía a la costa, Harshlab soporta hasta olas de 12 y 13 metros de altitud

De hecho, Harshlab soporta hasta olas de 12 y 13 metros de altitud. «Esto pone a prueba el laboratorio y todos los materiales que se están examinando». Tanto que en la primera versión de este laboratorio los responsables tuvieron que cambiar las placas solares o algunos sistemas de transmisión al fallar por culpa de este gran oleaje.

Condiciones no replicables

Benguria asegura que estos laboratorios siguen siendo muy necesarios para lograr el reto de hacer materiales más resistentes, porque muchas de las condiciones marinas no son replicables en ensayos.

«Los recubrimientos siguen fallando porque el mar es un entorno muy agresivo», detalla. Lo es por varios motivos. Uno de ellos es la salinidad; otro puede ser el impacto que objetos como anclas, generadores o cadenas reciben de troncos que puede haber en el mar, de otras naves y de rocas.

«Pensemos en un aerogenerador flotante que necesita mantenimiento. Un barco traslada a los operarios y se apoya en el aerogenerador para que desembarquen las personas, pero daña la pintura. Aunque en una cámara climática en el laboratorio los recubrimientos duran casi eternamente, cuando los llevas al mar, fallan. Y no porque el recubrimiento sea malo, sino porque hay otras formas de fallo que no se han previsto», explica.

Pero, este no es el único problema, ya que la presencia de organismos vivos (como mejillones), es otra variable a tener en cuenta. «El crecimiento de organismos en superficies que están en el mar es también un problema bastante gordo, sobre todo para elementos que flotan», apunta el responsable de Tecnalia. Estos seres se acaban incrustando en todo tipo de superficies y «cualquier cosa que aumente el peso y el rozamiento supone un mayor consumo de combustible», por lo que, junto con la prohibición de usar metales pesados, lleva a que la industria naval siga investigando cómo evitar este problema y ser más sostenible. «Las mejoras en este tipo de recubrimientos son esenciales para cualquier cosa que esté flotando», resume. Benguria incide en que el crecimiento de estos seres vivos es una de las cosas más difíciles de replicar en un laboratorio para poder hacer pruebas de resistencia.

Tornillos inteligentes

Además, y dado que con este laboratorio las empresas podrán predecir de modo fiable cómo van a comportarse los distintos sistemas a utilizar en un entorno marino, para la investigación y desarrollo de nuevas soluciones y tecnologías destinadas a la industria offshore , lo que repercute en su seguridad y alarga su ciclo de vida, uno de los retos es reducir las necesidades de reparación de, por ejemplos, los aerogeneradores marinos. «En ocasiones estos parques están muy alejados de la costa, por lo que acercarse a ellos para operaciones de mantenimiento es algo muy costoso». Algo que se podría reducir si llegan a buen término algunas de las investigaciones que se están realizando en HarshLab, como unos tornillos con sensores incorporados que son capaces de detectar cuándo el nivel de presión que tienen es menor de lo recomendado y enviar así una notificación al equipo de soporte.

La idea, además, es que todos estos datos que se están recopilando puedan servir para entrenar algoritmos de inteligencia artificial y, en una segunda etapa, tener gemelos digitales en los que poder replicar estas condiciones. De hecho, se espera que este laboratorio acabe conectándose en breve a la red submarina Bimep, una zona de ensayos en mar abierto con conexión a red para la demostración y validación de convertidores de energía de las olas y plataformas eólicas flotantes. Aunque de momento el laboratorio es independiente en lo que a generación de energía se refiere y en la transmisión de los datos que recoge, se espera que a partir de 2023 pueda usar el cable de esta red para ambos cometidos.

Además, ya se están investigando otros usos, como la instalación de acuíferos para estudiar el comportamiento de los cetáceos.