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Imagen de archivo de una vecina de una VPO de Vitoria con humedades. Jesús Andrade
Enfermos por una mala vivienda

Enfermos por una mala vivienda

ODS 1 | Fin de la pobreza ·

Las condiciones de las casas en las que vive un alto porcentaje de niños en España alimenta la factura de la pobreza

Raquel C. Pico

Lunes, 11 de marzo 2024, 06:03

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Si de un lugar se espera que sea seguro y confortable, ese es el hogar. Y, sin embargo, esa no es la situación que viven no pocos niños y niñas en nuestro país. La pobreza energética hace que sus casas no sean ese refugio deseado. Más bien es un elemento negativo para su salud.

España presenta datos preocupantes sobre pobreza infantil, como muestra el recién publicado estudio #UnHogarParaLaInfancia, de la Plataforma de Infancia. En la misma línea apunta un informe de Unicef presentado a principios de diciembre, que sitúa a España en el puesto 36 de los 40 países más ricos del mundo. La pobreza infantil se conecta con una dificultad de acceso a unas «condiciones de vida dignas». Existen desequilibrios, por ejemplo, en cuestiones como la dieta o la educación, pero asimismo en cómo son las casas.

«La vivienda se está convirtiendo para los niños y niñas y sus familias en un factor importante de incremento de la pobreza infantil», afirma el estudio 'Yo también vivo aquí', que acaba de presentar Unicef. La tasa española es del 28,9%, pero si se suman los gastos de vivienda subiría hasta el 38,6%.

A esto ayuda el cada vez más difícil acceso a la vivienda y las barreras específicas que sufren algunos grupos de la población -por ejemplo, por motivo de etnia o nacionalidad-. La cuestión tampoco es exactamente nueva, puesto que, como recuerda el informe, para hablar de pobreza infantil, vivienda y vulnerabilidad hay que abordar un contexto de crisis de larga duración que se remonta a la de 2008.

El problema no está solo en el acceso a la vivienda, sino también en qué tipo de espacio se ocupa y en qué condiciones. Según el mencionado informe de la citada plataforma, el 20,5% de la infancia española más pobre vive en situación de hacinamiento y sus familias lo hacen en precariedad y con problemas en los suministros.

Mantener el hogar a buena temperatura

Mantener los hogares a una temperatura correcta es una aspiración muy difícil en esa situación. Unicef calcula que el 16,7% de los hogares con niños españoles no es capaz de mantenerla durante el invierno. Entre las familias monoparentales, ese porcentaje escala al 26,9%. Las oscilaciones de los precios de la energía han incrementado esta situación desde 2022.

Uno de los factores que impacta en la posibilidad de sufrir tanto pobreza energética como consecuencias es la realidad de los propios edificios del país. Como recuerda Cecilia Foronda, directora de Energía y Personas de Ecodes, una parte importante del parque de vivienda español se construyó antes de los años 80 y, por tanto, antes de que se instaurasen requisitos de aislamiento término.

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Esta carencia de aislamiento afecta, como señala Foronda, tanto en las facturas como en la salud. Cuestiones como las enfermedades cardiovasculares o el asma están entrelazados con la realidad de vivir a temperaturas que no son las adecuadas o con problemas como las excesivas humedades, conectados a su vez con ese mal aislamiento.

Construcciones antiguas y deficientes

«La pobreza hace que las casas estén mal aisladas, con más humedades y más moho», apunta Mariano Pastor, presidente de la Federación Española de Asociaciones de pacientes alérgicos y con Enfermedades Respiratorias (FENAER).

Esto lleva a que la evolución del asma infantil sea mala y hace peor las previsiones futuras. «La infancia es cuando se están formando los pulmones del futuro», señala Pastor. «Cada vez son más los niños que tienen enfermedades respiratorias» recuerda Foronda. La contaminación es el gran agravante, pero la pobreza energética no ayuda.

16,7% Hogares

Unicef calcula que el 16,7% de los hogares con niños españoles no es capaz de mantenerla durante el invierno

Los estudios ya han demostrado, como apunta la doctora Maribel Valiente, responsable del grupo de trabajo en Inequidades en Salud de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFYC), que la pobreza energética se puede conectar con un menor peso al nacer, con más asma y bronquitis (y más hospitalizaciones), con más obesidad (los vínculos entre pobreza y una dieta menos saludable son estrechos) y con más riesgo de accidentes en el hogar. No menos importante es que existen medicamentos y terapias que necesitan gasto de energía.

Más asma y otras enfermedades respiratorias

Además, la pobreza energética también puede llevar a que se prefieran ciertas fuentes energéticas frente a otras por cuestiones de economía. Y eso puede tener efectos sobre la salud. En la FENAER, trabajan en un estudio con otras entidades europeas sobre el uso de gas.

«Lo que se estudia es el impacto de la cocina con gas en la salud respiratoria», indica Pastor, que suma que se podrían extrapolar los datos a la calefacción. Las conclusiones es que es más desfavorable. «Hay muchos más ingresos, mucho más asma y tiene mucho más impacto», apunta.

En general, un mal acceso a la vivienda impacta en la calidad del aire que respira la infancia. En su informe, Unicef indica que los menores que viven en hogares de menos recursos suelen «residir con más frecuencia cerca de las fuentes de contaminación».

La salud física es la más visible, pero la pobreza energética también afecta a la salud mental. Para las personas adultas, no poder pagar facturas genera ansiedad, como recuerda Foronda. Estos problemas de salud mental no solo afectan a los adultos; también lo hacen con los más pequeños, quienes se contagian de esa ansiedad y preocupación. Es algo que recuerda igualmente el informe de Unicef, que añade que la incertidumbre causada por la precariedad en el acceso a la vivienda complica «el adecuado ejercicio de la crianza».

Al mismo tiempo, la pobreza energética «afecta al rendimiento escolar». No poder encender la luz para hacer los deberes «es algo que está pasando», como señala Foronda. Igualmente, la pobreza energética en el hogar puede impedir la «integración social» y lleva al «aislamiento social de las familias».

Un problema que se hereda de adulto

La salud infantil no solo importa por lo que les ocurre a las niñas y niños de hoy, sino también por lo que les pasará a esos adultos del mañana. «Nacer en un hogar que sufre cortes de luz te afecta en la edad adulta», ejemplifica Valiente. Es más fácil que luego se padezcan enfermedades respiratorias o que se tengan problemas con el peso conectados con lo que ocurrió en la infancia.

Se suele hablar de pobreza energética en el invierno, aunque este es un problema que afecta todo el año. También es una cuestión compleja y con muchas caras, en la que se debería ir más allá del estereotipo cuando se aborda, como indica Foronda. «Todas las personas somos susceptibles de sufrir pobreza energética», recuerda la experta.

«Cuando abordamos la pobreza energética en los diagnósticos, es interesante verlo desde lo global», apunta Valiente. Con ella, trae muchos problemas que impactan en el día a día y que tienen ramificaciones que van mucho más allá de pasar frío y de la salud respiratoria. Es una cuestión que llega a la consulta médica, pero que está interconectada con lo social. Por tanto, no sorprende que cuando se pregunta por soluciones se acaben abordando muchos puntos en ese último terreno.

38,6% Tasa de pobreza

La tasa española de pobreza infantil es del 28,9%, pero si se suman los gastos de vivienda subiría hasta el 38,6%.

La doctora Valiente habla, por ejemplo, del papel del servicio eléctrico. Ella, de hecho, prefiere hablar de «inseguridad energética», porque abarca más facetas. Por ejemplo, ve en su consulta problemas conectados con los cortes generalizados en el servicio eléctrico en el barrio -la compañía habla de sobrecarga de la red, «pero no es así»-, lo que tiene un impacto sobre la calidad de vida de sus habitantes. Quedarse sin luz es «una escalada dentro de la desigualdad», asegura.

Todo lo que tienes en la nevera puede echarse a perder o puede complicar más la vida cotidiana, lo que cuando ya se vive al día puede ser un serio problema. La legislación que asegura que no te corten la luz es, apunta la doctora, escasa. «El único criterio que aparece es la electrodependencia», explica, conectada con las necesidades de uso de electricidad de algunas enfermedades. Pero ¿no somos todos ya electrodependientes en el siglo XXI?, pregunta.

¿Qué debería exigir por tanto la sociedad? «En primer lugar, debemos pedir precios justos de la energía», responde Foronda. «La Constitución pone «vivienda digna» y esto hoy es con electricidad», señala. Luego, y cerrando el círculo de la pobreza energética, se vuelve al aislamiento. Ahí está la importancia de rehabilitar viviendas. «No hay energía más barata que la que no se consume», insiste la experta. Pero no todo el mundo puede permitírselo, de ahí que el papel de los organismos públicos sea tan importante.

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