Vertedero de Zaldibar incendiado. / Efe

Convertir en energía lo que no se puede reciclar, una alternativa real

La valorización de desechos que acaban en el vertedero es otra forma de obtener calor y electricidad

A. HERRANZ

Si mañana se enviaran los residuos que actualmente se depositan en vertederos controlados en España a plantas de valorización energética, se conseguiría producir el equivalente al consumo de 5,5 millones de personas. Son datos de la empresa Urbaser, que asegura asegura que esta alternativa real para el tratamiento de ciertos desechos supone un importante ahorro económico nada desdeñable.

Este tratamiento de la basura se lleva a cabo en diveros países europeos, donde cada año se producen unos 40.000 GWh de electricidad de esta fuente, lo que beneficia a unos 18 millones de ciudadanos. En España, esta alternativa no se practica, según Urbaser. «Esta decisión depende principalmente de las administraciones públicas, responsables del tratamiento de residuos», explican fuentes de la compañía.

Esta práctica está ampliamente extendida en el norte de Europa, donde las necesidades de energía en forma de calor son elevadas y la valorización energética está ampliamente implantada. Así, en países como Suecia, Dinamarca o Países Bajos, prosiguen desde la citada empresa, «no se deposita en vertedero prácticamente ninguna tonelada de residuo doméstico que haya podido ser valorizada energéticamente para producir electricidad o calor para calefacción».

Según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía de España (IDAE), la cantidad de residuos incinerados es muy dispar entre los distintos países europeos. Mientras que algunos de ellos apuestan por la incineración a gran escala y la promueven con sus políticas de gestión y tratamiento de residuos (el mejor ejemplo estaría en pasíes como Alemania, Suecia, Suiza u Holanda), otros utilizan mayoritariamente los vertederos como destino de los rechazos, como es el caso de Finlandia o Gran Bretaña.

En cuanto a España, el aprovechamiento energético de los residuos es una práctica mucho menos implantada que en el resto de Europa. Según sus cálculos, sólo un 10% de los residuos urbanos son aprovechados.

En Grecia o Irlanda, en el otro extremo, no incineran residuos sobrantes. Por último, en términos generales, el vertido en depósitos controlados sigue siendo la opción predominante para la gestión de los residuos en el Viejo Continente.

En qué consiste la valorización

Tanto a nivel doméstico como empresarial, los residuos generados son separados en función de los materiales implicados: envases, vidrios, papel, comida… Cada una de estas basuras debe ir a su correspondiente planta de tratamiento para, en la medida de lo posible, recuperarlo y/o reciclarlo.

Sin embargo, en estas plantas de reciclaje hay una parte del residuo que no puede recuperarse en forma de materiales. Es lo que se conoce como rechazo. ¿Qué se hace con él?

La opción tradicional es depositarlo en un vertedero controlado, pero lo cierto es que, a través de la valorización energética, puede ser aprovechado para generar energía eléctrica o calor, empleándose como combustible en un proceso de tratamiento térmico.

Esta técnica consiste en someter a estos residuos a un tratamiento que acaba generando energía, ya sea en forma de electricidad, vapor o agua caliente. Esta puede ser usada tanto para uso doméstico como industrial.

«Mediante este proceso, se puede obtener energía de una amplia variedad de residuos», explican fuentes de Urbaser, quienes añaden que, en su caso concreto, la obtiene fundamentalmente de «la fracción no aprovechable que sale como rechazo de las plantas de reciclaje de residuos», aunque también se valoriza y obtiene energía de lodos de depuradora de aguas residuales.

Una alternativa por explotar

Urbaser asegura que uno de sus objetivos es conseguir impulsar esta valorización energética. Para ello, asegura haber incorporado la tecnología limpia necesaria en varias de sus plantas de tratamiento, como en las ciudades de Mallorca, Madrid, Cantabria, Guipúzcoa, París o Marsella. Todas ellas cuentan con sistemas que les permiten transformar el residuo urbano no reciclable en energía.

Los principales beneficios de esta técnica son, por un lado, que genera energía en forma de electricidad (que se entrega a la red eléctrica) o de calor (lo que permite que sea utilizada como calefacción, por ejemplo, en los domicilios). Pero, además, «disminuye el volumen de residuos en vertederos controlados y, finalmente, se consigue reducir la dependencia hacia otras fuentes de energía como son el gas o el petróleo», defienden fuentes de Urbaser.

La compañía defiende que, bien hecha, esta valorización energética no supone un mayor riesgo de impacto medioambiental. «Disminuye el volumen de residuos en vertederos controlados y, finalmente, se consigue reducir la dependencia hacia otras fuentes de energía como son el gas o el petróleo», concluyen.