Sergio Carratalá, en una de las emblemáticas azoteas de Barcelona que han sido renaturalizadas por su estudio. / EVa parey

El ingeniero que tiende puentes entre la Naturaleza y la gran ciudad

El estudio de Sergio Carratalá, MataAlta, ha llamado la atención de Europa por sus soluciones para integrar la biodiversidad del campo en los núcleos urbanos

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Sergio Carratalá es ingeniero de caminos de formación y por vocación. Pasó 15 años de su carrera en una multinacional construyendo puentes para abrir paso a los trenes de Alta Velocidad a través de los territorios aún vírgenes de la geografía española. Hasta que dejó de verle el sentido.

Ahora, tras pasar una crisis de valores que puso en el centro de sus dudas el cuidado del medioambiente, ha cambiado de tercio sin dejar su pasión ingeniera: sigue tendiendo puentes, pero ahora los hace para conectar la Naturaleza y la gran ciudad.

Con su joven estudio MataAlta, este espíritu innovador ha llamado la atención del organismo de la Unión Europea que premia cada año las ideas que diseñan la ciudad del futuro. Urbes que, más que metálicas y digitalizadas, aspiran a ser verdes, humanas y sanas.

Por eso MataAlta ha convencido con sus diseños verdes y vivos; porque están pensados para que la Naturaleza se abra camino en espacios antes relegados al cemento gris e inerte.

«Desde entender que las grandes urbes son también espacios naturales, aunque nos hayamos convencido erróneamente de lo contrario, desde entender que la dualidad naturaleza-espacio urbanizado hay que olvidarla, empecé a trabajar cuando fundé el estudio en 2017», explica Carratalá sobre el ideario de su empresa.

No solo las autoridades comunitarias que le premiaron le vieron sentido a este planteamiento; las locales también han conectado con su discurso. Él y su por entonces pequeño equipo tuvieron la fortuna de ganar el primer concurso que Barcelona convocaba para transformar las azoteas en espacios verdes.

'Cubiertas Verdes de Barcelona'

«En 2019 terminamos de renaturalizar la azotea de las diez fincas que componían una manzana completa de la ciudad de Barcelona; ahora es un espacio vivo muy valorado y utilizado por los vecinos»

Sobre aquella primera ocasión, presentaron el proyecto para renaturalizar la cubierta de un único edificio. Pero, una vez hecha, el resto de las comunidades de vecinos que componían la manzana quiso replicar el modelo.

«Al final se hicieron diez fincas que hoy se han convertido en espacios vivos, llenos de biodiversidad y de vecinos que lo usan a diario para su disfrute. Este trabajo nos dio mucho aire, nos dio visibilidad y ahí empezó todo», recuerda.

'Todo' podría traducirse como una carrera meteórica. Pandemia mediante, suman ya el proyecto 54. Todos, por ahora, en el entorno de la capital catalana.

«Hemos crecido muchísimo a finales del año pasado; una locura. La demanda de estas soluciones -prosigue el ingeniero- por parte de las ciudades y de los entes privados es brutal. Ahora hay una eclosión social. Creo que lo que yo viví como una crisis personal sucede a una escala social. De alguna manera, la ola que nuestro estudio está surfeando no es casualidad. Muchos gobiernos se están dando cuenta de que tenemos que hacer algo».

La idea no es poner un jardín, es crear un ecosistema para que la naturaleza crezca y se expanda, como muestra la foto de la cubierta de la Casa Xifrè una vez que ha pasado el tiempo desde su reforma. / Eva parey

En España hay muchos ejemplos de esto, ciudades que emprenden proyectos de urbanismo con una mirada enfocada al crecimiento saludable y sostenible. Valencia, Vitoria-Gasteiz... Pero en Barcelona son pioneros en España y el programa de transformación es ambicioso.

Ahí, el estudio ha encontrado su espacio. El citado plan de 'Cubiertas verdes' tuvo su segunda convocatoria y de las 20 comunidades que presentaron proyectos, ya han empezado las obras en 7 de las que ganaron.

Pero el equipo MataAlta no solo tiene la cabeza puesta en los tejados. En este tiempo, su oferta de servicios ha evolucionado hacia lo que ellos llaman soluciones de 'urbanismo regenerativo'.

Carriles bici verdes, cubiertas biosolares, centros de trabajo y escuelas llenas de flora, diseño de parques y bosques urbanos... ¡Y hasta suites de lujo de hoteles! «No se trata más que de devolver los espacios a la vida para que puedan ser ecosistemas más maduros y convenientes para nuestras ciudades», desarrolla Carratalá.

Ecosistema... En esta palabra tan tristemente manida reside la clave que hace a estudio diferente. No tratan de adornar un lugar con plantas, sino crear el espacio de forma que la Naturaleza, que brota y e invade todo en cuanto se la deja, crezca y genere vida y bienestar a su alrededor. Desde regular la temperatura, la humedad, limpiar el aire, alojar pájaros y sus trinos, hasta dar cobijo a insectos o especies autóctonas de arbustos como el romero.

¿Esto es importante? Sí, desde que la salud de los ciudadanos depende de este bienestar que ya está más que demostrado que reporta el entorno natural.

Filosofía y técnica

«No llevamos a los seres vivos de forma activa al lugar que transformamos, sino que creamos espacios donde se den las condiciones idóneas para que la Naturaleza se abra paso. Se trata de hacer infraestructura útil para el ciudadano y con con un refuerzo al ecosistema»

 

Para lograr esto, trabajan, dicen, en profundidad y desde la humildad. No quieren hacer cosas simples; sino algo riguroso con la funcionalidad (los principios de la ingeniería en su máximo exponente de eficacia) y complejo a la vez en su planteamiento con el entorno para lograr reforzar el ecosistema.

«Enseguida buscamos a gente que sepa más que nosotros para trabajar con ellos, como biólogos, botánicos, ecologistas de ciencias ambientales, ingenieros forestales... los que entienden». No se trata de subcontratar soluciones, modelo de trabajo que prima en los grandes proyectos arquitectónicos de la última década, sino de plantear codo con codo con especialistas.

Proyecto de biocubierta solar para edificios públicos en San Boi de Llobregat. / Mata Alta

Toda esta transformación puede antojarse un capricho de ricos. Es nuestra mala herencia cultural que asocia lo verde a los jardines, y estos al mero ornamento, al lujo. Es cierto que hay algo elitista en todo este movimiento porque aún no es masivo. Pero, como entiende Carratalá, este ámbito suele ser el espacio en el que se prueban los proyectos de vanguardia que exigen arriesgar. Porque esta forma de plantear los entornos son tendencia, pero no es algo masivo.

¿Son entonces los costes el obstáculo para que se estandaricen estas técnicas? «Lo caro y lo barato es relativo. Te doy una cifra: un metro lineal de infraestructura para el coche, con ejecución y mantenimiento, cuesta unas 1.000 veces más que el metro de un carril bici nuevo creado en un territorio virgen. Y sin embargo, cuando se crean carriles bicis se dice que está derrochando», reflexiona este ingeniero.

Sobre lo que cuesta tener un huerto en la azotea del bloque de vecinos, recuerda que estas cubiertas cumplen con una función natural, pero también funcional de impermeabilización.

Si se las compara con otras soluciones clásicas, estas nuevas son más duraderas. Están hechas con la exigencia técnica que merece y se firma una garantía de 25 años, frente a los 10 de las soluciones tradicionales. ¿Es más caro o más barato? «Es otra forma de pensar que hay que cambiar. Cuando reflexionas ves que lo caro no lo es tal por los beneficios globales que te da», valora.

-¿Cuánto habrá que esperar para ver la transformación las urbes?

-Demasiado, quizá. Las necesidades de la sociedad cambian rápido y las obras tardan mucho. La escala de tiempo del urbanismo es larga. Estamos viendo implementaciones increíbles en planes urbanísticos que se construirán en cuestión de 20-30 años. Pero estoy convencido de que sí que se va a dar ese gran cambio. Los gobiernos se han dado cuenta de que ahorran dinero público implementando soluciones basadas en la Naturaleza. Tiene menos costes que asfaltar, coste económico y medioambiental, por la contaminación y el efecto isla de calor que supone. La próxima generación vivirá mucho más rodeada de Naturaleza. Igual que nuestros padres no vieron ni una sola bici en las ciudades y ahora cada vez se ven más y a nadie le extraña.