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Javier Echezarreta
Los bosques centenarios sacan músculo contra el cambio climático

Los bosques centenarios sacan músculo contra el cambio climático

Los árboles más viejos capturan mejor el CO2 según varios estudios científicos

Martes, 21 de marzo 2023, 08:19

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«Salvar al árbol centenario» tiene nombre de obra cinematográfica estadounidense, pero es una alerta que cada vez más se escucha entre las peticiones de las organizaciones ecologistas y no tan ecologistas en el Día Mundial de los Bosques. Nietzsche apuntaba en su poema 'Un árbol' que estos «nos recuerdas que para crecer hacia lo alto, hacia lo espiritual, lo abstracto, es necesario estar bien arraigado en la tierra». De hecho, estos son los seres vivos más antiguos que habitan el planeta Tierra y «debemos estar preocupados por el estado de los bosques si no queremos que en pocos años colapsen de forma generalizada», apunta Francisco Lloret, catedrático de Ecología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), investigador del Creaf y autor del libro 'La muerte de los bosques' (Ed. Arpa).

Recientemente, Italia aprobó una ley que otorga protección legal a 20.000 árboles como monumentos naturales. «En Reino Unido estamos explorando cómo podemos proporcionar protecciones para los árboles que sean similares a los edificios patrimoniales», señala la organización The Woodland Trust. «Nuestro árbol más antiguo, el Tejo de Fortingall (Escocia), tiene entre 3.000 y 5.000 años; es la entidad viviente más antigua de Europa, pero no tiene el mismo nivel de protección que la Catedral de San Pablo», señala un portavoz de la asociación en The Guardian.

Al otro lado del Atlántico y a miles de metros sobre el desierto de Nevada se alzan poderosos árboles milenarios. «En España es complicado encontrar este tipo de seres», añade Lloret. Sus imponentes troncos narran en su interior una historia en forma de anillos que desvelan incendios pasados, plagas, épocas húmedas y, ahora con más frecuencia, sequías. La dendrocronología es la ciencia que observa el interior de los árboles y escribe su particular 'registro civil'.

La dendrocronología descubre la historia secreta de los árboles a través de sus anillos

1 Una anilla es un año

2 El centro es el nacimiento del árbol

3 Al principio no suelen ser anillos elípticos porque el árbol puede crecer inclinado

4 Zona ancha y clara: se corresponde con el crecimiento de primavera/principios del verano, cuando las lluvias y los aportes de nutrientes son mayores y el árbol se desarrolla más.

5 Zona estrecha y oscura: se forma con el crecimiento de finales de verano y el final del crecimiento por ese año. Su color oscuro y su poco grosor son la consecuencia de una menor disponibilidad de agua y nutrientes por parte del árbol.

6 Además, el tamaño de los anillos de unos años a otros varía:

-Anillos amplios si fueron años lluviosos y cálidos

-Anillos angostos si hubo sequías y frío

7 Cicatriz de un incendio

La dendrocronología descubre la historia secreta de los árboles a través de sus anillos

1 Una anilla es un año

2 El centro es el nacimiento del árbol

3 Al principio no suelen ser anillos elípticos porque el árbol puede crecer inclinado

4 Zona ancha y clara: se corresponde con el crecimiento de primavera/principios del verano, cuando las lluvias y los aportes de nutrientes son mayores y el árbol se desarrolla más.

5 Zona estrecha y oscura: se forma con el crecimiento de finales de verano y el final del crecimiento por ese año. Su color oscuro y su poco grosor son la consecuencia de una menor disponibilidad de agua y nutrientes por parte del árbol.

6 Además, el tamaño de los anillos de unos años a otros varía:

-Anillos amplios si fueron años lluviosos y cálidos

-Anillos angostos si hubo sequías y frío

7 Cicatriz de un incendio

Como si de un libro contable se tratara, los anillos de los árboles graban el día a día de cada año de estas plantas. Una anotación que cada vez es más estrecha y las elipses concéntricas cada vez se superponen más. «En los bosques existen luces rojas encendidas que pueden llevar los bosques al colapso», responde Lloret. Alertas que ya son conocidas: olas de calor, aumento de temperaturas y sequías. «En Cataluña, por ejemplo, hemos visto que las encinas reducen su crecimiento en un 90%, mientras que el pino carrasco, que se adapta bien a la sequía, lo hace en un 60%», apunta Rafael Poyatos, científico en Creaf.

Esta falta de recursos hídricos está matando de sed a muchos árboles y, además, está limitando su capacidad de absorción de carbono. En condiciones de sequía, las plantas se ven obligadas a cerrar los estomas, unos poros de las hojas por donde entra el CO2 que utilizan para realizar la fotosíntesis. Los árboles utilizan el 99% del agua para mantener los estomas abiertos, y con su cierre las plantas evitan perder una gran cantidad de agua por transpiración, explica Lloret en uno de los capítulos de su libro.

Un bloqueo que impide la fotosíntesis y que «se queden sin reservas y mueran de hambre por inanición», destaca el profesor de la Universidad de Oklahoma, Henry D. Adams. «Hemos visto que alrededor del 50% de los árboles se quedan sin reservas de carbono en el momento de morir», añade.

«Tenemos que actuar frente a este colapso», señala Lloret. «Para proteger los bosques de las sequías hay que entenderlos primero», añade. Un estudio previo que pasa por investigar qué árboles se adaptan mejor al cambio climático, cuántos hay, qué tamaño tienen y, sobre todo, las vivencias anteriores. «Ahora estamos seguros de que los árboles viejos están respondiendo a los niveles futuros de dióxido de carbono», apunta Rob MacKenzie, fundador del Instituto de Investigación Forestal de Birmingham.

Un estudio liderado por este investigador detectó que los árboles maduros reaccionan mejor a altos niveles de CO2 en el aire. Los científicos británicos llevaron a cabo este proyecto en las zonas rurales de Inglaterra y posaron sus ojos ante robles de unos 175 años de edad. «Respondieron claramente al dióxido de carbono aumentando constantemente su tasa de fotosíntesis», señalan en el estudio.

Durante los tres primeros ejercicios de un total de 10, estos árboles fueron expuestos a un 37% más de CO₂ (con respecto a lo normal), con el objetivo de imitar los niveles de este gas de efecto invernadero (GEI) que se esperan en el aire de aquí a 2050. A través de unas torres, los investigadores lanzaron al aire emisiones de CO2 para calcular cuántas de ellas eran capturadas por los árboles de alrededor. Ahora se encuentran en una segunda etapa midiendo hojas, madera, raíces y suelo para averiguar dónde termina el carbono extra capturado y cuánto tiempo permanece encerrado en el bosque.

Un paso importante para ver qué ocurre con ese carbono almacenado durante años, décadas en algunos y siglos en otros ya que cuando «un bosque antiguo contiene un stock de carbono y si muere vuelve a la atmósfera», apunta Lloret. «Aunque -asegura- hay que entender la dinámica forestal y las múltiples funciones de los bosques. Tenemos que acompañarlos para hacerlos más resilientes a estos cambios que estamos provocando y son demasiado rápidos para ellos».

Aumento de la masa forestal

Aunque las condiciones climáticas e hídricas están dificultando la supervivencia de muchas especies, la masa forestal en España, en los últimos años, no ha retrocedido, sino que ha avanzado debido «al abandono de zonas agrícolas o forestales, si tú no haces nada la vegetación crece», explica Lloret.

En el último Perfil Ambiental de España 2021, publicado a finales de 2022, el Ministerio Para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico eleva hasta los 28,4 millones de hectáreas de superficie forestal arbolada en España. «La superficie forestal total también se incrementa, pero en menor medida que la arbolada», apunta el texto.

Además, los resultados globales de 2021 muestran una ligera recuperación del estado del arbolado respecto a la media en el último quinquenio. «La lenta recuperación puede relacionarse con que los periodos de sequía sean más extremos, recurrentes y prolongados, afectando este hecho a la capacidad de recuperación de las masas forestales tras estos eventos», apuntan los expertos del Miteco.

A pesar del crecimiento de la masa forestal, «las formaciones que ocupan mayor superficie comprenden de dos a tres especies dominantes», revela el Perfil Ambiental de España. La encina es la especie más abundante en España, mientras que los pinares ocupan un 28% de la superficie total, siendo el más abundante el pino carrasco con más de dos millones de hectáreas. Aunque los datos muestran variaciones poco significativas, «se aprecia una reducción de la superficie ocupada por las repoblaciones de especies productoras de crecimiento rápido», destaca el informe.

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