Fernando Pinto.

«Me da un vuelco el corazón cuando veo un ave realmente especial»

Fernando Pinto, tras conocer a Félix Rodríguez de la Fuente a los 16 años, no ha parado de viajar y trabajar por la avifauna

JOSU GARCÍA

Todo comenzó en una excursión al monte Ocejón, en Guadalajara. Fernando Pinto (Bilbao, 63 años) conoció allí a Félix Rodríguez de la Fuente. «Nos influyó de forma decisiva a varias generaciones de ornitólogos y tuve el privilegio de compartir aquella jornada con él –recuerda–. Y tengo la anécdota de que estábamos tan deslumbrados con las aves que vimos que nos despistamos e hicimos esperar al grupo, que ya empezaba a pensar que nos había pasado algo». Desde entonces, Pinto no ha parado de viajar y trabajar por la avifauna.

– ¿Qué es lo que tiene el campo que tanto atrae?

– Es una sensación de bienestar y libertad.

– ¿Desde cuándo le gustan las aves?

– Desde los 16 años. Me apasionaban las rapaces. Me compré una guía de campo de Peterson y después me hice socio de la Sociedad Española de Ornitología (SEO). Era 1972. Y hasta hoy.

– Dicen que la meca de los ornitólogos es Doñana. ¿Ha estado allí?

– Claro. Es un sitio de una naturaleza fascinante. En los ochenta, tuve el privilegio de participar en un censo de planeadoras y cigüeñas que pasaban por allí. Cubríamos todo el litoral hasta Tarifa, apostados en los montes costeros. Guardo un gran recuerdo. Fue una suerte.

– ¿Qué otros sitios le han parecido increíbles?

– Bueno ahora estoy en Noja. Después de Doñana, las marismas de Santoña son el sitio más exuberante de España para contemplar aves. Trabajo en un proyecto didáctico de anillamiento, que compagino con otro similar en La Rioja.

– No se aburre. La vida de jubilado no va con usted.

– Ahora tengo más tiempo libre. Pero mi trabajo como responsable de fauna del aeropuerto de Bilbao también me apasionaba.

Un catálogo desde la ventana

– ¿Cuál es su ave favorita?

– La agachadiza común (Gallinago Gallinago), que es un ave limícola. También el Martín Pescador, por sus vivos colores.

– ¿Qué siente cuando observa un animal especial?

– No pasa muy a menudo. Recientemente he sido testigo de uno de esos avistamientos, de una especie que es la segunda vez que se veía en España. No puedo dar más detalles por su seguridad. Pero, en ese momento, te da un vuelco el corazón. Hay que estar ahí para saberlo.

– Supongo que el confinamiento ha sido duro para alguien que está todo el día en el campo.

– Sí, penoso. Más de un millar de ornitólogos nos reunimos en torno a una página de Facebook en la que íbamos detallando los pájaros que veíamos por nuestras ventanas. Ahora, en nuestra labor de anillamiento, también estamos limitados, cumpliendo estrictos protocolos de seguridad.

– ¿Está el turismo ornitológico por explotar?

– Sin duda. Tenemos un país increíble, con sitios alucinantes. Es una actividad al alza y de gran potencial.