Michael Zuk ha comercializado láminas con esta artística fotografía de la muela de Lennon. / sandra olson studio/MYZ

¿Sabías que...?

La muela de Lennon y otras reliquias pop

Chicles mascados, pelos chamuscados, tests de embarazo recuperados del cubo de la basura... Todo tiene un precio si ha pertenecido a una estrella

Carlos Benito
CARLOS BENITO

El dentista que sueña con clonaciones

Nos suelen llamar la atención las reliquias de santos, esos cabellos, manos, uñas, recipientes con sangre, fragmentos de hueso o prepucios que se custodian con celo y se veneran en algunas iglesias, pero la verdad es que existe un mercado parecido en torno a las figuras de la cultura pop. El auge de las subastas por internet dio lugar a chocantes compraventas, que no tienen nada que envidiar a aquel tráfico de restos sagrados tan habitual en otros periodos de la historia. De algunos personajes, da la impresión de que se puede vender cualquier cosa: por ejemplo, se pagaron 12.000 euros por un viejo váter de John Lennon, que en su momento había guardado previsoramente el obrero que le hizo la reforma, y 30.000 por una de sus muelas, que el 'beatle' había regalado a una trabajadora del hogar a modo de recuerdo. El comprador de esta última pieza fue un dentista canadiense, Michael Zuk, que se proponía exponerlo en su consulta. O eso dijo en un principio, allá por 2011, ya que años más tarde anunció su propósito de clonar al músico británico: «Muchos fans de los Beatles recuerdan dónde estaban cuando se enteraron de que John Lennon había sido asesinado. Espero que también vivan hasta el día en que se le dé una nueva oportunidad».

Hasta el aire que respiró Angelina

Se ha vendido desde una gota de sangre de Ronald Reagan hasta un pañuelo usado por Scarlett Johansson, pasando por trenzas de Willie Nelson o pelos que Michael Jackson se chamuscó accidentalmente cuando rodaba un anuncio de Pepsi, pero el artículo más extremo quizá sea el recipiente con aire supuestamente inhalado y exhalado por Angelina Jolie, que se remató por algo más de 400 euros. Y, por alguna razón, este mundillo de las reliquias pop parece tener una marcada fijación por Britney Spears, de quien se han subastado las trivialidades más diversas, desde un asombroso surtido de chicles mascados hasta un test de embarazo que utilizó en un hotel de Los Ángeles cuando estaba casada con Kevin Federline. Alguien lo recuperó del cubo de la basura y lo vendió a una emisora de radio canadiense que, a su vez, se deshizo de él a cambio de 4.000 euros. Un recorrido similar siguió un sándwich de huevo y ensalada que la cantante había mordisqueado en un hotel de Nueva York, aunque esta vez la cotización se quedó en 400 euros. Tanto el 'predictor' como el bocata los compró el casino Golden Palace, que cultiva este tipo de coleccionismo como efectista maniobra publicitaria: «Con su saliva y su orina ya en nuestra posesión, el casino incluso podría clonar a Britney», dijo un portavoz. ¡Cualquier día se les ocurre hibridarla con Lennon!

¡Querrás llevarlo como anillo!

El emporio de juego 'online' está detrás de muchas adquisiciones que nos parecen demenciales. Un buen ejemplo es el cálculo renal de William Shatner, el Capitán Kirk de 'Star Trek'. Se lo extrajeron en 2006 y, según aseguró el propio actor, se trataba de un pedrusco de considerable calibre: «Querrás llevarlo como anillo y, si lo sometes a calor extremo, puede que se convierta en un diamante», comentó para promocionar la insólita mercancía, que había puesto a la venta con fines solidarios. Al final, el casino apoquinó 20.000 euros por la piedra de riñón.

El agua que Elvis no se bebió

Quizá sea excesivo referirse a Elvis Presley como 'rey de las subastas', pero desde luego sí pertenece a su aristocracia. De él se han vendido unos calzoncillos no muy limpios o, en fin, tres cucharadas de agua supuestamente procedentes de un vaso del que supuestamente bebió durante un concierto en Carolina del Norte en 1977, aunque el comprador no tuvo tantas cautelas y pagó más de 300 euros por el líquido en cuestión. El tipo que lo vendía explicó que había asistido a aquella actuación cuando tenía 13 años y, al final, pidió algún recuerdo a uno de los responsables de seguridad: él tenía los ojos puestos en un fular del que se había desprendido Elvis, pero el vigilante solo le dio un vaso del que el roquero había sorbido mientras presentaba a la banda. El emprendedor adolescente lo metió en el congelador, donde lo guardó durante ocho años, y después transfirió el agua a un vial: «Una cosa es ser seguidor de Elvis y otra, tener este vaso de agua, porque, si lo cuentas, piensan que eres un fanático. Yo no soy como la gente que está pujando por esto», puntualizó. Eso sí, vendió el agua y se quedó el vaso.