Móviles y personas mayores: ¡un respeto, por favor!

Hay mitos sobre su relación con la tecnología que no tienen base real: «También para ellos es imprescindible»

Carlos Benito
CARLOS BENITO

A muchos jóvenes y no tan jóvenes, cuando ven a una persona mayor manejando un 'smartphone', se les disparan de inmediato la ironía y el paternalismo: miran la escena con una sonrisita de superioridad, como quien contempla un encuentro insólito entre dos universos condenados a no entenderse. Se da por hecho que, a partir de cierta edad, la gente se convierte en un caso perdido para la tecnología. Y a eso habría que hacerle muchísimas puntualizaciones: «A lo mejor sí somos más torpes cuando nos hacemos mayores, pero de ser más torpes a no enterarnos de nada va un mundo. A partir de los 65, el porcentaje de uso de internet y los teléfonos inteligentes cae mucho, de ahí que podamos tener esa visión. Pero lo de que no puedan, no quieran o no les interese es un mito que queremos romper. Su uso del móvil no es tan distinto del que hacen otros grupos de edad», afirma Mireia Fernández-Ardèvol, investigadora principal del grupo Communication Networks & Social Change (CNSC) de la Universitat Oberta de Catalunya.

El CNSC ha estudiado durante cuatro semanas cómo utilizaban sus móviles inteligentes trescientas personas de entre 60 y 79 años, con domicilio en España, Canadá, Holanda y Suecia. Este seguimiento les ha permitido comprobar que la mitad de los accesos se repartían entre llamadas y mensajería. La tercera categoría más importante era la de imagen, audio y vídeo (que en España, de hecho, supera a las llamadas de voz convencionales) y la cuarta, los juegos (de 'Candy Crush' a 'Billionaire'). En el 'hit parade' de aplicaciones más exitosas, WhatsApp arrasa, seguida por Facebook entre las personas de 60 a 69 años y Gmail entre quienes han superado ya los 70. La investigación ha permitido, además, desmentir algunos clichés sobre el uso del móvil por parte de sexagenarios y septuagenarios.

Lo digital les es ajeno

En realidad, para buena parte de este grupo de población, la tecnología es ya igual de importante que para sus hijos y nietos. «La mayoría vuelve a casa si se ha dejado el teléfono móvil, porque también se ha vuelto imprescindible para ellos. Es cierto que las personas mayores tienden a una menor frecuencia de uso que los segmentos más jóvenes: no tocan tanto el teléfono, pero es muy importante para ellos, lo tienen siempre a mano y conectado. Y debemos tener claro que más cantidad no significa más calidad. El día que petó WhatsApp, el nivel de ansiedad sería el mismo en cualquier edad», sonríe Fernández-Ardèvol.

Solo les interesa la salud

La propia industria tecnológica suele dar por hecho que la salud es un interés absorbente, casi exclusivo, para las personas mayores. «Nos las imaginamos como personas a las que hay que ayudar. Nos olvidamos de que son personas y nos quedamos con que son mayores: queremos arreglarles problemas y uno de ellos es la salud. Nos pensamos que todo lo que hacen tiene que ver con eso. Cuando se diseñan productos digitales para ellos, se piensa en los recordatorios de las citas médicas, de tomar las pastillas... Y no, ese no es el centro de su vida. Sus usos digitales no están marcados por la condición médica: socializan, se relacionan y se divierten igual que otras personas de otras edades».

No juegan

Los juegos (tanto los 'normales' como los de azar) ocupan el cuarto lugar en su lista de 'apps' más utilizadas, por delante de intereses que damos por seguros como la lectura de noticias o las aplicaciones meteorológicas.

Con la edad, cada vez menos

Muchas veces se da por hecho que el uso del móvil sigue una inexorable trayectoria descendente, con niveles cada vez más bajos a medida que la población envejece. Pero, en realidad, resulta muy similar entre las personas de sesenta y tantos y las de setenta y tantos, aunque sí pueda producirse cierta variación en las aplicaciones más utilizadas.

Son antitecnológicos

De eso, nada: abrazan con entusiasmo la tecnología que realmente les interesa, la que les aporta algo que consideran valioso. WhatsApp es el ejemplo emblemático: «Fue, en muchos casos, uno de los motivos para regalar un smartphone a una persona mayor: nos hemos olvidado, pero nos cansaba que estuviesen fuera de WhatsApp y tener que enviarles un SMS –recuerda la investigadora de la UOC–. A WhatsApp les suelen introducir personas más jóvenes, que los meten en los clásicos grupos de la familia, pero al final acaban montando 'grupos de pares' con las amistades de su edad. Ahí socializan en un entorno digital sin que les critique gente más joven, que suele ser superpaternalista, y construyen sus propias normas de uso».

«Yo aprendí a poner negritas en WhatsApp de una persona de más de 70»

Las autoras del estudio de la UOC insisten en que, pese a todo, la brecha digital está muy lejos de cerrarse:«Hacer banca 'online' no es lo mismo que enviar un mensaje», puntualiza Mireia Fernández-Ardèvol . Pero, a la vez, a menudo no nos damos cuenta de que las personas mayores son perfectamente capaces de desarrollar su propia relación con la tecnología, con estrategias que pueden ser tan válidas como las nuestras o incluso más. «Yo aprendí a poner negritas y cursivas en WhatsApp de una persona de más de 70 años», apunta la investigadora.