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Estos son los riesgos que padeces en la edad adulta si has tenido ojo vago en la infancia

Estos son los riesgos que padeces en la edad adulta si has tenido ojo vago en la infancia

Un reciente estudio lo ha relacionado con una mayor predisposición a sufrir un infarto o otros graves problemas de salud

Domingo, 10 de marzo 2024, 23:06

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Aviso para padres. El ojo vago es un problema de salud mucho más grave de lo que se suponía. Una investigación firmada en Reino Unido ha revelado que los niños con 'ojo vago', una patología que los oftalmólogos conocen como ambliopía, tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades serias durante la edad adulta. Las posibilidades de sufrir un ataque cardiaco o patologías de tipo cardiovascular resultan bastante mayores en aquellas personas que de críos tuvieron que afrontar esta complicación. Por suerte, las enfermedades cardiovasculares figuran entre las mejor conocidas y dieta sana y ejercicio son una buena forma de prevenirlas.

La ambliopía es un tipo de visión deficiente que se presenta como consecuencia de un fallo de coordinación entre uno de los ojos y el sistema nervioso central, que se ve incapaz de reconocer como debiera su visión. Con el tiempo, según explica el Instituto Nacional del Ojo de Estados Unidos en su servicio digital para pacientes, el cerebro depende cada vez más del ojo más fuerte, lo que irremediablemente lleva a que la capacidad de ver del más débil empeore. En España se estima que un 4% de la población en edad escolar sufre las consecuencias de esta patología conocida también como ojo perezoso.

El estudio se publica en la revista 'Clinical Medicine' y, además de estar revisado por pares (algo básico en ciencia, que consiste en que otro equipo científico analice el trabajo y con la misma metodología llegue a las mismas conclusiones), sus conclusiones se basan en el análisis de los datos obtenidos con nada menos que 126.000 pacientes con edades comprendidas entre los 40 y 69 años. La muestra, en consecuencia, es más que suficientemente amplia como para confiar en los resultados del trabajo.

Para tranquilidad de afectados y familiares, los autores del trabajo advierten de que la relación entre ambliopía y complicaciones cardiacas existe, pero «no es causal». Es decir, ni mucho menos padecer o haber padecido la enfermedad lleva obligatoriamente a tener que sufrir un infarto. El riesgo es mayor, eso sí. «Nuestra investigación significa que el adulto promedio que tuvo ambliopía cuando era niño tiene más probabilidades de desarrollar estos trastornos que el adulto promedio que no la tuvo», explicó su autor, el profesor Jugnoo Rahi, del Instituto de Oftalmología y de Salud Infantil del Colegio Universitario de Londres (UCL).

Los pacientes reclutados fueron sometidos a un test para saber si habían padecido ambliopía en la infancia y si todavía sufrían la afección en la edad adulta. Los investigadores les preguntaron, además, si tenían algún diagnóstico médico de diabetes, presión arterial alta o enfermedad cardiovascular o cerebrovascular, como angina de pecho, un ataque cardiaco o un ictus. Descubrieron que de los 3.238 participantes que habían tenido la afección de niños, un 82,2% la seguía sufriendo en la edad adulta.

Valor añadido

Los datos recabados permitieron concluir que el riesgo de padecer diabetes si se había tenido ojo perezoso de chaval era de un 25%, mientras que el de diabetes llegaba al 29%. La posibilidad de desarrollar obesidad alcanzaba, por su parte, al 16% de los afectados. En todos los casos, el riesgo de infarto era también amplio, aunque no se detalla en la información difundida con tanta precisión.

Más allá de la correlación descubierta entre todas estas patologías, el estudio tiene un valioso interés añadido, detalló Jugnoo Rahi. «Es raro tener un 'marcador' en la infancia que se asocie con un mayor riesgo de enfermedades graves en la vida adulta y menos aún, uno que se pueda medir y conocer», explicó.

En la consulta se ve

El ojo vago puede resultar, en ocasiones, difícil de diagnosticar.Es posible que los niños afectados tengan una percepción deficiente de la profundidad, de tal modo que no pueda distinguir con claridad que está más lejos y qué más cerca, y sus padres no se den cuenta de ello. Es importante, por ello, que se fijen, según detallan los especialistas, en si entrecierran los ojos para enfocar, cierran uno de ellos o inclinan en exceso la cabeza. Ante cualquier sospecha, lo mejor sería preguntárselo al chaval y si responde de manera positiva, acudir al especialista para que valore.

La mayoría de las veces, sin embargo, los casos suelen detectarse en las consultas pediátricas para la evaluación ocular, que se realizan a los críos cuando tienen entre tres y cinco años. Hay niños que nacen con este problema de salud y otros que lo desarrollan más tarde. Los pequeños con mayor riesgo de padecerlo son los que nacieron prematuros, con un tamaño o un peso menor del habitual, peques con antecedentes familiares de ambliopía, cataratas infantiles u otras afecciones oculares o con otros trastornos del desarrollo.

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