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El yoga que te lesiona no es yoga

El cuello, la espalda y las rodillas son los grandes perjudicados del 'boom' de esta disciplina

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Si entre inhalación y exhalación le da un tirón, seguramente no esté haciendo yoga de la forma más adecuada. Le pasa cada vez a más gente, pues esta actividad vive una época dorada y su demanda ha aumentado exponencialmente en los últimos años, lo que ha derivado en dos graves problemas.

Por un lado, la falta de regulación del sector y el aumento de la demanda de instructores han propiciado la creación de cursos de formación deficientes de los que salen profesores titulados, pero poco preparados para impartir clases de yoga. «En España existe un certificado de profesionalidad de instrucción en yoga, pero es un título que no regula el sector. Es decir, tú puedes obtener un diploma en un curso de formación online y ejercer, pero eso no te hace competente para impartir una clase sin el riesgo de causar daño a los practicantes», declara Mayte Criado, directora de la Escuela Internacional de Yoga.

Ella lleva años trabajando en la profesionalización de la práctica. Participó en la en la redacción de los reales decretos que regulan la actual Cualificación de Instrucción de Yoga y posterior certificado de profesionalidad del Ministerio de Educación y Trabajo, y ha formado parte del comité asesor y del equipo que la Yoga Alliance propone, a nivel mundial, para los programas de Yoga Teachers Training. Sin embargo, aún queda mucho por hacer.

«El yoga se hace en secreto y en silencio. Sin presumir de tus capacidades ni compararse con los demás»

Daniel García Pérez-Juana

Fisioterapeuta

«Un buen programa de formación de yoga debe tener todos los contenidos que ayudan a entender la disciplina y, además, conocimientos sobre biomecánica, fisiología y anatomía, entre otros. Al ser una actividad en la que se realizan movimientos corporales, es necesario saber cómo funciona el cuerpo para entender los efectos que va a tener cada postura que propongamos en las personas a las que vamos a guiar, tanto a nivel estructural, como funcional, articular o muscular», explica. Por eso, opina que «los profesores de yoga deben conocer, entender y haber experimentado diferentes modalidades de yoga para poder realizar una propuesta integrativa que se adapte a las personas a las que dirigen».

Hatha, Vinyasa, Bikram... los estilos en los que ha ido derivando esta práctica son numerosos y, en principio, todos aptos para cualquier persona, pues es posible adaptarlos a distintos niveles. «Una de las claves del yoga es que debe adaptarse al practicante, y no viceversa, por eso pueden practicarlo hasta personas en silla de ruedas. La cuestión es que quien te imparta la sesión sepa proponerte un yoga para ti, tu momento de vida, tu edad y tu capacidad móvil, funcional y estructural», dice Criado. Aun así, reconoce «hay estilos que requieren una mayor resistencia y control corporal, porque ponen al cuerpo al límite de sus posibilidades, como el power yoga, que otros, como el iyengar yoga. estructural».

¿Un deporte más?

El otro gran problema es que la occidentalización del yoga ha sustituido la búsqueda interior y la meditación, objetivos con los que nació esta práctica, por la búsqueda del ejercicio físico, lo que ha desembocado en una especie de competición, en parte impulsada por las imágenes que se comparten muchos 'influencers' en redes sociales realizando posturas casi imposibles, que desvirtúa los principios de esta disciplina.

«Hace muchos años, un maestro yogui me dijo que el yoga se hace en secreto y en silencio. Es decir, que es algo de lo que no se presume y que no se trata de compararse con nadie, sino de escuchar, respetar y conectar con nuestro propio cuerpo», declara el fisioterapeuta Daniel García Pérez-Juana.

La consecuencia de ambas circunstancias, unida a la fiebre por el yoga que estamos presenciando en los últimos años, es un aumento de las lesiones. Los dolores de espalda (lumbalgias, cervicalgias...) y las lesiones de rodilla (rotura de menisco, tendinitis...) por forzar alguna postura o mantenerse en ella más tiempo del debido, son comunes.

«El perfil habitual que vemos en consulta por este motivo son mujeres de entre 25 y 40 años, pero también personas más mayores, que generalmente se lesionan porque en las clases no se adaptan los ejercicios a sus capacidades», declara Pérez-Juana. «Hay que tener en cuenta que esta es una práctica oriental en la que se pasa mucho tiempo sentado con las piernas cruzadas, algo a lo que no estamos tan acostumbrados en occidente, y poner al cuerpo en posiciones que no son las habituales requiere un proceso de adaptación que no siempre se realiza».

Además, agrega que «a veces se practica yoga en gimnasios donde las clases son muy numerosas y la atención que se le dedica a cada practicante no es la más adecuada». Por eso, él siempre recomienda a sus pacientes que, si lo practican, avisen a los instructores de sus circunstancias físicas o de salud.

– Y, ¿si nos lesionamos?

– Lo inmediato será parar la práctica, reposar y, si hay inflamación, poner hielo como medida analgésica y antiinflamatoria. Si el dolor persiste, o se trata de una lesión seria, habrá que acudir a Urgencias o al médico para que nos valore –recomienda el fisioterapeuta–.

Las lesiones del crossfit

A raíz de la pandemia, ha habido un aumento de lesiones por la práctica de distintas actividades deportivas. Entre ellas, los entrenamientos de alta intensidad (HIIT) y el crossfit. «Hay personas que se pasaron el confinamiento sin hacer nada y cuando han empezado a moverse, lo han hecho de forma tan brusca y con actividades de tan alto impacto que han acabado fracturándose algún hueso», cuenta Pérez-Juana.

«En el crossfit, por ejemplo, se genera un ambiente en el que se alaba mucho el esfuerzo. Socialmente es muy positivo, pero a nivel físico somete al cuerpo a una tensión muy arriesgada. Además, esta actividad tiene un perfil de adeptos que son personas que quieren verse fuertes, musculadas y tonificadas muy deprisa, y muchos se destrozan», añade.

Su recomendación al realizar cualquier ejercicio es tener en cuenta variables como: la edad, nuestro estado físico, si hemos hecho deporte antes, parar la actividad si sentimos algún indicador de tensión o dolor y adaptar la práctica a cómo nos sentimos cada día.