¿Eres alérgico o intolerante a un alimento?

La diferencia es que el primero puede poner en peligro su vida si toma el alérgeno, mientras que el segundo no

Carmen Barreiro
CARMEN BARREIRO

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) lanzó hace unos días una alerta dirigida exclusivamente a las personas con alergia o intolerancia a la leche al detectar la presencia de este alérgeno en unas margarinas de la marca Flora, supuestamente de origen 100% vegetal. No se trata de un tema menor. ¿Qué hubiese pasado si una persona alérgica o intolerante a ese alimento toma margarina del lote afectado? ¿Cómo reaccionaría su cuerpo? ¿Hasta qué punto se pondría en riesgo su salud? «En primer lugar, se debe aclarar que alérgico e intolerante no es lo mismo. A grandes rasgos se podría decir que la alergia alimentaria puede poner en peligro la vida de quien la padece, mientras que la intolerancia no supone un riesgo vital para el paciente», resumen en la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

En cualquier caso, las alergias alimentarias ya afectan a un 4% de la población adulta y a un 8% de los niños de nuestro país, un porcentaje que se ha duplicado en los últimos años. Y en cuanto a los alérgenos, la leche, el huevo, las frutas, el pescado, las legumbres y los frutos secos (especialmente el cacahuete) son los alimentos que más reacciones adversas causan, «algunas de ellas muy graves», precisa la doctora María José Goikoetxea, alergóloga especialista en alergias alimentarias de la Clínica Universitaria Navarra (CUN). Estas son algunas de las claves para entender la reacción de nuestro organismo a determinados alimentos.

Antes de nada, conviene aclarar que lo que diferencia fundamentalmente una alergia alimentaria de una intolerancia es el mecanismo que las produce, que no tiene nada que ver. «En el primer caso, lo que sucede es que el sistema inmunológico identifica un alimento concreto (ya sea leche, huevo, melocotón, marisco...) como una amenaza y para defenderse produce unos anticuerpos que desencadenan en nuestro organismo una serie de reacciones bruscas como picores, rojeces, urticaria, hinchazón, dificultad respiratoria y, en el peor de los casos, una anafilaxia (ronchas por todo el cuerpo, dolor intenso de tripa, crisis de asma...), que puede llegar a causar la muerte», explica la doctora Goikoetxea, miembro de la Red de Investigación de Reacciones Adversas a Alérgenos y Fármacos (RIRAAF).

En las alergias, la reacción del cuerpo es inmediata. Es decir, se produce nada más tomar el alimento y además cursa con unos síntomas rápidos, explosivos y bruscos. «En los casos más graves se debe suministrar adrenalina a la persona afectada para cortar la reacción alérgica, mientras que en otras ocasiones, más leves, basta con tomar un antihistamínico», precisa la experta.

Huevo y leche

La intolerancia, sin embargo, no tiene nada que ver con el sistema inmunológico. Afecta al metabolismo de los alimentos, ya sea porque el organismo no es capaz de digerirlos o por una alteración en su funcionamiento. «Los síntomas suelen ser puramente digestivos (hinchazón de vientre, flatulencias, diarrea...) y aparecen entre la media hora y las dos horas siguientes a la ingesta», señala la alergóloga de la CUN. «El ejemplo más frecuente de intolerancia alimentaria es la lactosa, un tipo de azúcar presente en la leche y que está formado por dos moléculas, una de glucosa y otra de galactosa», señalan en el Hospital Universitario La Moraleja. Al margen de los síntomas, la doctora Goikoetxea insiste en que no siempre una mala digestón es sinónimo de intolerancia. «Muchas veces hay que analizar ese 'qué me pasa' independientemente de la alimentación».

Otra diferencia entre ambos trastornos es el umbral que desencadena los síntomas. En el caso de los intolerantes, ese umbral permite el consumo de trazas (cantidades mínimas de ese alimento) sin niguna consecuencia para su salud, mientras que los alérgicos son mucho más sensibles a la presencia del alérgeno, incluso en dosis ínfimas.

En cuanto a los alimentos más alérgicos, los expertos coinciden en que suele variar en función de la edad de los pacientes. «En los niños pequeños ganan por goleada el huevo y la leche, mientras que de más mayores se suele debutar con alergias a los frutos secos, el marisco y también a algunas frutas como el melocotón».

¿Las alergias pueden desaparecer con el tiempo? «En los niños y con determinados alimentos como el huevo y la leche sí es frecuente que desaparezcan. Pero con otro tipo de alimentos y a otras edades ya no es tan fácil que se superen espontáneamente».

La enfermedad celíaca, el trastorno disgestivo más extendido

«Especial mención merece todo lo referente a los trastornos derivados del consumo de gluten», advierten los alergólogos. Tanto la enfermedad celíaca, uno de los trastornos digestivos más extendidos en todo el mundo y uno de los de transmisión genética más frecuentes, como la sensibilidad al trigo no celíaca o la propia alergia (reacción autoinmune del organismo a cualquiera de las muchas proteínas presentes en el trigo) «comparten algunos síntomas, pero son diferentes en su origen, desarrollo, estudio diagnóstico y tratamiento», precisan en la SEAIC. En cualquier caso, insisten en que no hay ninguna evidencia científica que justifique dejar de comer gluten sin estar diagnosticado de alguno de los tres supuestos anteriores.