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¿Qué es ese pitido que solo escucho yo?

¿Qué es ese pitido que solo escucho yo?

«Los acúfenos son reversibles, pero la mayoría convive con ellos»

Lunes, 28 de septiembre 2020, 13:59

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Volver de la discoteca y escuchar un pitido constante es algo que seguramente le haya pasado más de una vez. Se debe a una irritación de las terminaciones nerviosas del oído interno, originada por la exposición prolongada a un sonido estridente, que suele desaparecer en cuestión de horas. Lo que puede que no le haya pasado es empezar a escuchar ese pitido y advertir que, meses después, ahí sigue aunque lleve semanas sin salir de fiesta.

Si le ocurre, no piense que alguien no deja de hablar mal de usted, como suele decirse, porque se tratará, seguramente, de acúfenos.

Los acúfenos responden a ruidos, constantes o intermitentes, que se producen en uno o ambos oídos y se oyen sin que exista un estímulo acústico procedente del exterior. Estos pueden adquirir distintas formas: zumbido, timbre, pitido, chasquido, silbido, siseo. De hecho, también se conocen como 'tinnitus', cuyo significado es 'tintineo'.

Este sonido varía de volumen según la persona y, en algunos casos, llega a ser tan atronador que altera la concentración o complica la audición. Es más, en el 70% de los casos, los acúfenos van acompañados de pérdida auditiva y es una de las principales causa de sordera. Se calcula que en España un 7% de la población sufre 'tinnitus' y, curiosamente, cantantes como Phil Collins, Bob Dylan, Barbara Streisand o actores como Gerard Butler, Halle Berry o Robert Redford han sido tratados por este motivo.

Clínicamente, los acúfenos se distinguen en objetivos y subjetivos. Los primeros responden a sonidos reales que se produce en otra parte del cuerpo (vasos sanguíneos, huesecillos del oído medio) y pueden ser detectados tanto por el usuario como por el médico a través de un aparato. Los segundos solo los escucha el paciente y son los que se perciben sin que aparentemente influya una fuente externa ni una actividad corporal.

Diagnóstico y tratamiento

Las causas que los provocan son diversas, desde la pérdida de audición por el envejecimiento, a la exposición continuada a ruidos fuertes o la oclusión por cerumen. «También hay medicamentos que provocan ototoxicidad (daño en el oído), como la aspirina, la quinina y ciertos antidepresivos», destaca Francisco Lorenzo Molina, jefe del servicio de Otorrinolaringología del Hospital Viamed-Virgen de la Paloma, en Madrid. Otros aspectos susceptibles de empeorar el 'tinnitus' son: la depresión, la ansiedad, el estrés, el colesterol alto, la diabetes o las enfermedades autoinmunes, entre otros.

Para diagnosticarlos se realiza una audiometría, una acufenometría (para determinar la frecuencia e intensidad de los acúfenos) y una resonancia magnética nuclear.

En lo que se refiere al tratamiento, este puede ser médico, si el acúfeno es síntoma de una patología no diagnosticada; rehabilitador, para el que se recurre a terapias sonoras con ruido blanco; o farmacológico. «Los tratamientos quirúrgicos no están bien documentados todavía», expresa Lorenzo.

Pero, ¿se cura? «Los acúfenos son reversibles, pero lo que suele ocurrir en el 70% de los casos es que los pacientes aprenden a convivir con ellos sin que afecte a su vida diaria». Dos madrileños que han vivido esta experiencia nos explican cómo se han acostumbrado a estos pitidos.

Dos historias reales

  1. 39 años

    Alberto Martín

«Hace dos años, antes de irme a la cama, noté que me pitaba un oído como si acabara de volver de una discoteca. No le di mayor importancia porque ya me había ocurrido antes y siempre desaparecían por la mañana, pero aquella vez eso no pasó. Desde entonces oigo constantemente un pitido muy agudo en ambos oídos, especialmente en el izquierdo, y sobre todo en ambientes silenciosos.

Por más vueltas que le dé, no sé cuál fue el desencadenante. Siempre he cuidado mucho mi salud, incluida mi audición.

Al principio fue dramático, porque cambió completamente mi vida. No podía dormir por las noches, estar en silencio, escuchar música, ver una película, ni parar de pensar en el pitido porque lo oía constantemente. Todo eso deterioró mucho mi salud, por la falta de descanso y estrés, y afectó a mis relaciones familiares y sociales.

Desde entonces he acudido a todos los especialistas imaginables, desde el otorrino al neurólogo, pasando por el psiquiatra, el maxilofacial y hasta un acupuntor, que fue el que más me ayudó.

El tratamiento que sigo es una amplia combinación de terapias que incluyen: cambio en la dieta (nada de café, poco azúcar y sal), cambios de hábitos (higiene del sueño, ejercicio, relajación, evitar ruidos fuertes), acupuntura, terapia sonora y psicológica, algún complemento alimenticio y medicación. Con ello he conseguido recuperar cierta normalidad y ser menos consciente del acúfeno».

  1. 19 años

    Raquel García

«Empecé a tener pitidos en los oídos cuando tenía quince años, un par de días después de volver de un viaje en avión (hubo un cambio de presión que le produjo un barotraumatismo). Entonces, miré en internet qué me podía estar pasando y lo que leí me afectó muchísimo. Aquella noche no pude dormir pero, como no quería preocupar a mi familia, me lo callé. Finalmente, la desesperación me hizo contárselo a mis padres.

Ellos me llevaron al otorrino, que me recetó unas pastillas para conciliar mejor el sueño y me dijo que intentase no prestarle atención al ruido, pero no pude.

En aquel momento yo sufría los problemas propios de la adolescencia y enfrentarme a los acúfenos me resultó muy complicado. Lo notaba sobre todo en espacios cerrados y silenciosos, especialmente antes de dormirme o al estudiar, pero llegó un momento en el que me terminé acostumbrando y prácticamente no lo notaba.

Desafortunadamente, durante el confinamiento lo he pasado muy mal al estar tanto tiempo en un sitio cerrado, así que he empezado a ir a un centro especializado en acúfenos. Allí recibo terapia psicológica y fisioterapéutica, porque coincide que el oído que más me pita (el izquierdo) está en el lado del cuerpo que tengo más tenso.

Aun así, la gente debería saber que, a pesar del shock inicial, tener acúfenos no es el fin del mundo. Si los afrontas positivamente y estás bien emocionalmente aprendes a vivir con ello sin limitaciones».

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