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Teléfonos sin internet para aprobar las oposiciones

Las ventas de estos dispositivos se disparan entre jóvenes estudiantes, que renuncian a los smartphones para evitar distracciones

Marta Fdez. Vallejo
MARTA FDEZ. VALLEJO

«Llegó un momento en el que temía que me iba a jugar las oposiciones por culpa del móvil. Lo ponía en silencio, lo dejaba en otra habitación, pero no era una solución. En cuanto me tomaba un descanso, entraba en Instagram y ya no paraba», relata Jone Agirre, maestra vizcaína de 28 años, que prepara desde hace meses las oposiciones para la enseñanza en el País Vasco. «Usaba el móvil cuatro y cinco horas al día. ¡Con la falta que me hacía ese tiempo para estudiar!», se lamenta esta joven. Tomó una decisión drástica. «Primero pensé en desinstalar todas las aplicaciones de redes sociales, Instagram, TikTok, Facebook... pero tampoco iba a evitar que entrara en Internet a ver vídeos tontos con los que me entretengo, así que he optado por comprar un dispositivo con el que solo puedo hacer llamadas. Los fines de semana le cojo el móvil a mi hermana para entrar en algunas páginas, hacer compras y poco más», explica.

Las ventas de teléfonos 'tontos' alcanzaron los 1.400 millones el año pasado en todo el mundo, frente a los 1.000 millones de 2020 y los 400 de 2019. En España se han triplicado en cinco años y el interés por los móviles conocidos como 'dumbphones' crece: entre 2018 y 2021 aumentaron un 95% las búsquedas de información sobre estos dispositivos en Google, según datos de la firma tecnológica SEMrush. En Reino Unido, uno de cada diez usuarios utilizan un móvil sin acceso a Internet, destaca un informe de la consultora Deloitte, por «la necesidad de desconexión del mundo digital de un número cada vez mayor de personas».

La demanda ha crecido de tal forma que gigantes tecnológicos como Nokia o Samsung han sacado a la venta modelos sin acceso a datos. Este sencillo dispositivo iba dirigido especialmente a «estudiantes que quieran evitar las distracciones de la conexión permanente a la red, junto con las personas mayores», según llegó a precisar Samsung en un comunicado. La empresa neoyorquina Light Phone, fabricante de estos teléfonos, registró su mejor año de rendimiento financiero en 2021, con un aumento de las ventas del 150% respecto a 2020.

Este fenómeno tiene mucho que ver con la «adicción a las redes sociales que afecta al rendimiento académico y laboral», apunta Ricardo Bravo de Medina, doctor en psicología clínica y de la personalidad. Jóvenes y adolescentes «tienen dificultades para controlar esa compulsividad de ver mensajes en cuanto llegan, entrar continuamente en las redes sociales..., porque esa actividad libera dopamina, genera sensación de bienestar», añade este miembro del Colegio de Psicología de Bizkaia.

El abuso de los móviles incide en las funciones cerebrales: «Provoca dificultades en la comprensión lectora, afecta a la atención y disminuye la capacidad de seleccionar, profundizar y jerarquizar la información», añade el especialista en psicología clínica. «Las notificaciones que llegan al teléfono suponen interrupciones constantes que influyen en el estado cognitivo e impiden la concentración plena. Pero incluso cuando el móvil está apagado y encima de la mesa es un elemento de distracción», subraya.

Para conseguir un alto rendimiento tanto académico como laboral «el cerebro necesita focalizarse en la tarea» y cada vez que nos distraemos con el móvil, «el cerebro debe reiniciar esa actividad y volver a enfocarse», explica la profesora de psicología de la Universitat Oberta de Catalunya Mireia Cabero. Pero resalta que aún es más grave la distracción 'emocional'. «Entrar en las redes sociales supone que el joven se sienta peor o mejor según las reacciones a lo que publica y eso afecta luego en gran medida a su rendimiento», apunta la directora de Cultura Emocional Pública, una iniciativa para introducir la educación emocional en la escuela.

Desengancharse

Un estudio de la Universidad de Navarra revela que más del 35% de los españoles de entre 18 y 22 años tiene dificultades para controlar el uso de su móvil y fija en 6,5 horas el tiempo que dedican a diario. Pero, ¿la solución pasa por dejar de usar los smartphone? Bravo de Medina apuesta por «aprender a gestionar su uso y ponerle límites», en lugar de tener que renunciar a dispositivos con funciones que nos son muy útiles. La psicóloga Mireia Cabero apunta que hay que introducir «ratos sin móvil en nuestra vida» y «aprender a disfrutar del presente» con otras actividades.La clave para recuperar el control del tiempo: «Los móviles deben tener horarios. No se lleva a la mesa en las comidas ni cenas, se marca una hora para apagarlo a la noche y hay que vetar su entrada al dormitorio. Utilizarlo por las noches provoca alteraciones del sueño», señala el psicólogo del colegio vizcaíno. Entre las medidas para desengancharse, propone «retrasar la respuesta a mensajes, que ahora es de apenas dos minutos, dejar el móvil en casa al salir a dar un paseo o hacer alguna actividad de ocio. También es bueno hacer un 'sabbat' digital de desconexión total». Hoy en día es vital «promocionar el silencio» para ser capaces de recuperar la capacidad «de pensar».

Afecta no solo a su rendimiento sino a sus realciones sociales

El abuso del móvil no afecta solo a la concentración y al rendimiento académico, también «a las relaciones sociales», que se hacen «más superficiales», alerta Ricardo Bravo de Medina. «Reduce la empatía de los jóvenes», incluso limita habilidades sociales como «su capacidad de pedir disculpas». El móvil tiene una «gran accesibilidad y baja percepción de riesgo» y lo utilizan para «evitar aburrirse y el aislamiento» y lo que provoca es que se sienten «más aislados», añade. La adicción puede esconder problemas como «autoestima baja, insatisfacción vital o incapacidad de relacionarnos», advierte Mireia Cabero.

«Afecta no solo a su rendimiento, sino a sus relaciones sociales»El abuso del móvil no afecta solo a la concentración y al rendimiento académico, también «a las relaciones sociales», que se hacen «más superficiales», alerta Ricardo Bravo de Medina. «Reduce la empatía de los jóvenes», incluso limita habilidades sociales como «su capacidad de pedir disculpas». El móvil tiene una «gran accesibilidad y baja percepción de riesgo» y lo utilizan para «evitar aburrirse y el aislamiento» y lo que provoca es que se sienten «más aislados», añade. La adicción puede esconder problemas como «autoestima baja, insatisfacción vital o incapacidad de relacionarnos», advierte Mireia Cabero.