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¡Que el cambio de hora no le despiste!

Curiosidades sobre esta controvertida costumbre cuyo futuro se decide ahora

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

El cambio de hora da mucho que hablar, y también mucho que contar. Actualmente, los móviles, tabletas, ordenadores o relojes son 'inteligentes' y modifican el horario automáticamente –Windows 95 fue el primer sistema informático capaz de hacerlo en 1995– así que, no acordarse de adelantar o atrasar las manecillas ya no es un gran problema. Sin embargo, son innumerables las historias de personas a las que pasar al horario de verano, o al de invierno, les ha supuesto alguna anécdota que contar a lo largo de su vida. Coincidiendo con el cambio horario de este sábado 27 de marzo, que nos privará de una hora de sueño (a las 2 serán las 3), hemos querido conocer algunas de ellas.

Carmen, una malagueña de 74 años, cuenta algo que le ocurrió a hace ya tiempo. «Yo era la catequista de la parroquia del barrio y me encargaba de llevar un pan especial, que hacían en una panadería, para la eucaristía los domingos. Coincidió que, un año, el cambio de hora cayó en domingo de Ramos y ni me acordé, así que, cuando llegué con el pan a la iglesia, ¡la misa ya había acabado!».

A Marta Guerrero, por su parte, el cambio horario le sirvió cuando estaba en la universidad para aprovechar una hora más de juerga. «Estaba en primero de carrera y, por aquel entonces, todavía mis padres me decían a qué hora tenía que estar en casa (no más tarde de las 3). Aquel día coincidió que se cambiaba al horario de invierno, así que a las 3 volvían a ser las 2, por lo que pude estar una hora más de fiesta. Parece una tontería, pero para mí fue todo un logro», cuenta esta conquense de 27 años.

En cuanto a Jaime Sánchez, un madrileño de su misma edad, la excusa del cambio de hora le sirvió para hacer una travesura en la infancia. «Una noche de Reyes, estaba tan emocionado por abrir los regalos, que se me ocurrió adelantar todos los relojes de la casa de madrugada, de las 5 a las 7», recuerda. «Mis padres se levantaron muy extrañados de estar tan cansados y de que fuese tan de noche y, cuando se dieron cuenta, se enfadaron y me mandaron a la cama sin dejarme abrirlos».

Otros han perdido trenes, aviones, han llegado tarde a exámenes... Las anécdotas en torno a los cambios de hora son de lo más variopintas, e incluso históricas. ¿Sabía que la Guerra Civil no acabó a la misma hora en la zona de los republicanos que en la de los nacionalistas? Cada una llevaba su propio horario y no fue hasta el fin de la guerra cuando la unificaron con la del Meridiano de Greenwich. Repasemos otras curiosidades.

Horario de verano e invierno

¿Por qué dos veces al año?

El objetivo es adaptar las actividades diarias a las horas reales de luz solar, para reducir el consumo de iluminación y, por tanto, gastar menos energía. El cambio se realiza el fin de semana y a las 2.00 horas porque es el momento en el que menos se altera la actividad laboral, lo que minimiza el impacto económico.

No se aplica en todo el mundo

¿Quién lo propuso?

La idea la tuvo el inglés William Willett en 1907, pero no se llevo a cabo hasta 1916, durante la Primera Guerra Mundial. Los primeros en aplicarla fueron los alemanes, con el fin de ahorrar en combustible. Más tarde les siguieron sus aliados y otros países vecinos. La medida se aplica actualmente en 70 países, sobre todo en Europa y Norteamérica.

El debate sigue abierto

¿Sirve para algo?

Sus defensores sostienen que el ahorro energético es razón suficiente como para justificar su práctica, pero sus detractores argumentan que, en la actualidad, dicho ahorro no es especialmente destacable y, en cambio, modificar el horario tiene efectos negativos en la salud.

Sobre todo afecta al sueño

¿Es malo para la salud?

La principal consecuencia es que puede provocar irregularidades en los horarios de sueño, lo que podría traducirse en insomnio, fatiga o dificultad para concentrarse. Algunos estudios también lo asocian con mayor riesgo de ataque cardíaco. El cambio afecta especialmente en los extremos de la vida. En los niños, porque su sistema aún está en desarrollo y carece de madurez, y en los ancianos, porque producen menos melatonina, la hormona que regula del ciclo sueño.

Promover el sueño

¿Se puede prevenir su impacto?

La leche, los plátanos o el pescado azul promueven el sueño, mientras que las proteínas, como la carne roja, lo retrasan y es preferible que no se tomen durante la cena. Evite el exceso de líquidos antes de acostarte y realice ejercicio al menos tres horas antes de irse a dormir. Elimine de la habitación dispositivos que estimulen el cerebro y los sentidos (televisión, móviles, radio) y evite la exposición a la luz azul.

Hasta abril para decidirlo

¿Dejaremos de cambiar la hora?

En 2018, la Comisión Europea planteó la posibilidad de suprimir las permutas horarias y fijar una única hora para todo el año. Una macroencuesta en la que participaron 4,6 millones de ciudadanos europeos constató que el 84% de ellos estaba a favor de eliminar el cambio de hora. El plazo para que cada país decida su futuro se prolongó hasta el 1 de abril de 2021.

Similar al reloj biológico

¿Cuál es el horario más «sencillo»?

Al igual que cuando viajamos hacia el oeste tenemos menos 'jet lag' que cuando viajamos hacia el este, es más sencillo adaptarse a tener una hora más (horario de invierno) que una menos (horario de verano). El motivo es sencillo: el reloj biológico del ser humano sigue jornadas un poco más largas de las 24 horas, así que nos resulta más fácil amoldarnos a tener más horas que menos.