Raquel Sastre / R.C

Entrevista a Raquel Sastre

«La gente está más nerviosa que de costumbre»

«Me parece un disparate que en este país tengamos que estar pidiendo perdón por hacer ficción», asegura la humorista y escritora

DANIEL VIDAL

Su primer monólogo versaba sobre «el odio a los niños». Madre de tres hijos, Raquel Sastre (El Palmar, Murcia, 1981), recurre al humor «siempre que pasa una cosa terrible». Es su opiáceo particular para conciliar el sueño cuando arrecian las tragedias. La llegada de la pequeña de la casa, Emma, diagnosticada con el síndrome de Phelan-Mc-Dermid, empujó a Raquel Sastre a escribir 'Risas al punto de sal', donde reivindica el humor, precisamente, como tabla de salvación ante cualquier adversidad.

-Reír como herramienta vital.

-Es una buena herramienta para todo. Durante todo el confinamiento, mis grupos de WhatsApp ardieron con 'memes' del coronavirus, de Fernando Simón... El humor nos ayuda mucho a superar los momentos de ansiedad.

-El humor negro que le caracteriza, ¿está infravalorado?

-Directamente, está denostado. Yo creo que a la gente le sigue gustando el humor negro. El problema está en las redes sociales, que suponen un escaparate muy grande para mostrar superioridad moral respecto a los demás, para exhibirte como una gran persona. Por eso hay tanta gente ahora que se ofende con los chistes.

-¿Ha tenido que pedir perdón por tratar de hacer reír?

-Yo no he pedido perdón por hacer una broma en mi vida, ni lo voy a pedir. Hasta que me lo diga un juez. Me parece un disparate que en este país tengamos que estar pidiendo perdón por hacer ficción. Me parece un disparate que la gente no sepa diferenciar la ficción de la realidad. Esa gente me da mucho miedo.

-Le llamaron de todo en redes sociales por hacer una broma sobre Vox en el programa de Buenafuente. ¿Lo pasó mal?

-No, me la sopla. Yo hago humor con todos los partidos políticos. Bueno, menos con Izquierda Unida, que a los muertos hay que dejarlos tranquilos. El problema llega cuando quieres crispar los nervios y sacas una cosa de contexto, la pones como algo que no es y otra gente se suma. Subnormales hay en todos sitios y tienen derecho a existir, también en redes sociales.

-¿Corren buenos tiempos para la crispación?

-La pandemia y el aislamiento han provocado que la gente esté más nerviosa que de costumbre, es algo lógico y normal. Estamos peor anímicamente, y eso se nota también redes sociales, donde la gente vuelca su frustración. Yo diría que son muy malos tiempos para la crispación.

-¿Qué límites tiene el humor?

-Los límites que pone el público. Yo soy de las que usan el humor cuando pasan cosas terribles porque, si no, me cuesta trabajo dormir. Tuve un accidente importante de coche y salí del coche haciendo bromas. Estaba en una situación límite, pero eso me tranquilizaba. Probablemente haya otra gente que no pueda hacerlo. Es algo muy personal, y no hace a las personas mejores peores. Lo que nos hace buenas o malas personas es vanagloriarnos de lo que hacemos.

-La sonrisa, ¿quién se la quita?

-Las personas que piensan que tienen derecho a todo.

-A su hija Emma, ¿qué le debe?

-Las ojeras y el tabique desviado que tengo. Y también le debo la última comida que tuvimos en un restaurante, que le dio una rabieta y nos tuvimos que marchar en mitad de la comida. Aparte de eso, a Emma le debo que es la persona que más besos y mimos me da del mundo y la única que me dice todos los días que soy la más guapa del mundo. A su padre le pregunta cuántos años tenía cuando era joven. Eso no está pagado y, solo por eso, la Atención Temprana ya merece la pena.

-¿Tiene pensado un plan perfecto para este verano?

-Teniendo en cuenta que de momento no he conseguido una escuela de verano para Emma, y ella quiere ir a una escuela de verano, mi plan perfecto sería que la Fiscalía viese delito en alguno de mis chistes y me llevara a prisión preventiva estos meses.

La 'amiga' de Raquel que «superó la bulimia sufrir alzhéimer»

«Tengo una amiga que tuvo la suerte de superar la bulimia que padecía porque después fue diagnosticada con alzhéimer. Y entonces se le olvidaba vomitar después de cada comida». Este chiste «un poco cabrón, de los míos» -reconoce- es parte de uno de los monólogos de Raquel Sastre, en los que la humorista y guionista explora los límites del «denostado» humor negro.