LAURA RICO

Remedios contra piojos, ¿caseros, de farmacia, ambos?

Precio, toxicidad, eficacia... Todos tienen pros y contras

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

Enhorabuena si, al finalizar la lectura de esta página, no se ha rascado ni una vez la cabeza, porque en cuanto se mencionan los piojos la mayoría de las personas no podemos evitar revolvernos el pelo y meter las uñas para hacer frente a un enemigo invisible y (esperemos) inexistente. Es una reacción mecánica, una mala pasada de nuestro cerebro. Estos bichitos, que llevan con nosotros desde los albores de la humanidad, generan reacciones incontenibles: si queremos armar un buen revuelo en un colegio, solo tenemos que poner en el grupo de WhatsApp de padres y madres que hay piojos en la clase. ¿Es proporcional el asco que nos dan a su 'importancia', a las consecuencias de su aparición? «La relación de los humanos con los bichos siempre ha sido complicada: normalmente se asocian a la suciedad», indica David González, profesor, experto en bichos y autor de 'El zoo en casa' (editorial Plataforma Actual), donde repasa qué minúsculos animalitos viven con nosotros, entre ellos los piojos. Y, según indica, estos parásitos «son desagradables y producen un drama cada vez que aparecen en una casa», pero, en realidad –y a diferencia de otras especies que se alimentan de nosotros, como las garrapatas o las pulgas–, no transmiten enfermedades.

«Los humanos tenemos tres tipos de piojos –enumera el experto–. Los de la cabeza, los del cuerpo y los de los genitales (ladillas). Y, como se adaptan muy bien al lugar donde viven, son distintos. Incluso tienen orígenes genéticos diferentes: los de la cabeza y el cuerpo, que son alargados y se parecen, están emparentados con los del chimpancé, mientras que las ladillas, que parecen más bien un cangrejo, provienen de los del gorila», indica.

De todos estos, a los que mejor les va es a los de la cabeza. ¿Por qué? Porque los del cuerpo–que sí transmiten enfermedades, como la fiebre de las trincheras– cada vez tienen su hábitat más reducido, ya que la gente se depila mucho y en este caso la higiene los mantiene a raya. «Eso sí, ahora han aprendido a vivir en la ropa, en las costuras. Salen, pican y vuelven a esconderse, pero ya solo se ven en vagabundos, indigentes o personas con muy mala higiene», apunta González. Lo mismo ocurre con las ladillas, «microcangrejos rechonchos que incluso pueden vivir en las axilas o la barba, pero que van a menos..., poco a poco se van extinguiendo», afirma el experto.

Vamos, que los de la cabeza son los únicos piojos propiamente humanos con la supervivencia garantizada. «Probablemente, durarán lo mismo que nosotros, son muy difíciles de erradicar», apunta González. No obstante, muchos remedios nos pueden ayudar a eliminarlos. ¿Cuál escoger, de los muchos y muy diferentes que hay en el mercado? Hagamos un repaso al arsenal para que cada cual elija sus armas de cara a la batalla.Porque sí, lo es, ya que nada termina con sus larvas, las liendres, que parecen diseñadas para soportar cualquier ataque y que solo se pueden eliminar manualmente, quizá con la ayuda de una lendrera. La ciencia ha avanzado mucho, pero se sigue haciendo –más o menos– como en la época de las cavernas o como hacen los primates: con mucha paciencia. «Oye, antaño despiojarse era un acto social...», recuerda el experto.

Potentes... pero agresivos

Insecticidas

En la farmacia podemos encontrar los antipiojos de toda la vida a base de permetrina (con una concentración del 1%).En ocasiones se puede combinar con butoxido de piperonilo al 4%. Algunos packs de estos preparados llevan champús complementarios, gorros o una lendrera. La ventaja de estos productos es que son muy eficaces matando piojos y liendres en unos 10 o 15 minutos y también su precio, ya que suelen costar unos siete o ocho euros (los 100 mililitros). ¿La parte mala? Son muy agresivos, huelen fuerte y, por su toxicidad, no pueden usarse en peques menores de dos años. También pueden causar irritaciones. «Por eso su uso está decayendo en favor de otros remedios», indican desde la OCU.

Agradables y menos eficaces

Siliconas

Los productos a base de siliconas crean una capa impermeable sobre los piojos, que se acaban ahogando. Hay distintos tipos de preparados a base de siliconas en el mercado, aunque sobre todo se usa la dimeticona y la ciclometicona. Son productos muy eficaces y su aplicación es agradable y sencilla (muchos vienen en spray y basta con tenerlos en la cabeza de dos a cinco minutos). ¿Los contras? Cuestan el doble que los insecticidas (de 15 a 18 euros los 100 ml) y no todos son eficaces contra las liendres. En algunos casos hay que repetir el tratamiento y cuesta eliminar la silicona con el lavado «Otra desventaja: las siliconas no son lo mejor para el medio ambiente», añaden desde la OCU.

Poca batalla a las liendres

Alternativas naturales (y más caras)

Para peques de dos o tres años en adelante, hay remedios a base de aceites naturales que asfixian a los piojos.Su eficacia es «aceptable» con los piojos, según la OCU, pero menos que la de insecticidas y siliconas. Y contra las liendres casi no actúan. Además son los remedios más caros (de 14 a 27 euros los 100 ml).

Lendreras... esa herramienta de toda la vida

s. v.

Los remedios se han diversificado, pero hay un 'arma' contra los piojos que no pasa de moda: la lendrera. Es conveniente tenerla en casa para repasar las cabezas todas las semanas (la prevención es fundamental).Este peine de púas largas, finas y espesas está especialmente diseñado para arrastrar piojos y liendres, que están unidas al pelo con una especie de pegamento y son muy difíciles de eliminar, aun con productos.Así que una lendrera (esa es la forma recogida por la RAE, frente a 'liendrera') es un buen complemento a cualquier tratamiento.

Por sí sola. Se puede usar 'en solitario' para acabar con piojos y liendres.En ese caso hay que pasarla, según la OCU, cada tres días al menos durante dos semanas. Para hacerlo adecuadamente y con menos tirones, lo mejor es mojar el pelo y echar acondicionador (para que resbale la lendrera). Luego, mechón a mechón, pegar la liendrera al cuero cabelludo y arrastrarla por toda la longitud de la melena. ¡Y limpiarla después de cada pasada con un papel de cocina! Si no, lo que hacemos es trasladar bichitos. También hay peines eléctricos (lendreras mejoradas), pero son lentos y no retiran bien los piojos y liendres.