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Viajar con la pituitaria

Viajar con la pituitaria

¿Sabías que...? ·

Destinos a los que ir con los ojos cerrados y los pulmones abiertos

Sábado, 14 de noviembre 2020, 23:07

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Perfume de lavanda en la Alcarria

Es bonito irse de viaje a la Alcarria con el 'Viaje a la Alcarria' de Camilo José Cela bajo el brazo. Por ver cómo han cambiado las cosas. El escritor hizo la visita en los años cuarenta, cuando todavía estaba flaco. Y cuando aún no florecían en Brihuega los campos de lavanda que se ondulan mullidos en varios rincones de la comarca. Huele fenomenal allí en julio, sobre todo a última hora de la tarde, cuando el sol cae y hace más vivo el color violeta de las flores. Hay muchas abejas que se ponen moradas también. Ciertos días se organizan conciertos y visitas guiadas porque desde que se descubrió que la zona puede competir con la Provenza francesa en este tipo de producción, también es un atractivo turístico muy potenciado por las administraciones. Quién sabe cómo estará la situación el próximo verano. Pero aunque regresen los autobuses y las visitas en masa, siempre se puede ir a alguna plantación tranquila y llenar los pulmones del perfume antes de que lo metan en frascos.

Las galletas de Macao

Macao es un sitio tan raro que allí los chinos hablan portugués, hay más casinos que en Las Vegas y en la zona histórica el aroma dulce y delicado de las galletas de almendra está siempre suspendido, atravesando las calles. Estos bocados son un emblema en la ciudad asiática. En el entorno de la catedral de San Pedro hay decenas de pastelerías que elaboran sus propias especialidades y por suerte la regulación sobre emisión de humos no es muy rigurosa. Cada local ofrece las suyas, siempre redondas, macizas, crujientes. Se desmigan a cada bocado. Hay que tener cuidado porque pueden probarse sin medida los distintos tipos que elabora cada negocio. Las van ofreciendo gratis en grandes bandejas donde hacen pirámides, y la dinámica es muy viciosa. En los mismos locales tienen también a menudo barritas de carne de cerdo deshidratada y muy especiada que se puede comer como si fuese una chocolatina. Es un menú algo calórico pero no es lo más raro que haremos en Macao.

Especias en Delhi en medio del caos

Si se habla de viajar con el olfato, los mercados de especias son como un parque de atracciones para la pituitaria. Todos. El de Estambul, el de Katmandú... Y por supuesto, el de Delhi. Como todo en India aquello es un desbarajuste, una desmesura de gritos, perros, calor, roña, polvo y cierta alegría. Se desarrolla el caos en medio de olores delicadísimos que desprenden los montones de curris, cardamomo, canela, cúrcuma, clavo, anís... Hay de todo. Sacos enormes repletos de chiles, de bolitas de mostaza o de pimienta. También hojas, ramas, raíces y casi cualquier cosa que se pueda triturar y que huela a algo. Resulta fascinante no sólo la profusión de ingredientes, sino las infinitas combinaciones que puede haber entre ellos. ¿Cómo extrañarse entonces de que la gastronomía india sea un festival, si ya antes de empezar a cocinar parece salir música de todos esos botes de colores?

La maldición de los volcanes

Por poner un poco el contrapunto a los aromas suculentos que invitan a cerrar lo ojos, hablemos de volcanes. Son precisamente lo opuesto. Es cierto que estas ventanas a las tripas del planeta conforman espacios espectaculares, misteriosos, apocalípticos, donde se mezclan los ocres de la lava seca con los verdes de alguna especie vegetal y los amarillos y blancos del azufre cuando sale a la superficie. Hay gases sulfurosos y calientes. Huele fatal. A pedo, a huevos podridos. Lo mismo en Vulcano, isla vecina de Sicilia, que en el Poás en Costa Rica, que en los geiseres del Tatio al norte de Chile. Aquí hacen una cosa curiosa para entretener a los turistas: meten precisamente huevos en aguas ardientes para que se cuezan con el calor de la tierra y luego ofrecerlos al personal. Con esa peste en el ambiente no apetecen mucho, generalmente.

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