La bailarina Gloria Morales corrige la postura de la periodista Elena Martín durante una sesión de Ballet Fit. / Virginia Carrasco

'Bailarina' por un día: así ha sido mi primera clase de Ballet Fit

Comprobamos en primera persona qué ofrece esta disciplina que causa furor entre las famosas e influencers, desde Paula Echevarría hasta Rossy de Palma

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

No entraba dentro de mis propósitos para año nuevo, pero cuando me propusieron asistir a una clase de Ballet Fit con Gloria Morales, la creadora de esta disciplina que aúna movimientos de ballet con ejercicios de fitness, no me lo pensé dos veces.

Quería comprobar en mis propias carnes por qué esta actividad causa tal furor entre las famosas e 'influencers', como Paula Echavarría, Rossy de Palma o Naty Abascal. Así que me calcé las mallas, me enfundé la camiseta y los calcetines y me dirigí al gimnasio, el Boutique Gym & Spa by O2 Centro Wellness, en Madrid, donde me esperaba Morales con una sesión de entrenamiento muy distinta a lo que acostumbro a hacer.

Confieso que confiaba en que mi bagaje como nadadora, así como los vídeos de gimnasia en online a los que me aficioné durante el confinamiento me ayudasen a no hacer el ridículo ante mi instructora y también ante la cámara, porque la clase era grabada.

Antes de comenzar con los pliés, Gloria me explicó lo que íbamos a hacer. «Una clase de Ballet Fit está estructurada como una sesión de gimnasia al uso. Son sesiones de 50 minutos en las que se trabaja la fuerza, la coordinación, la capacidad cardiopulmonar, la tonificación, el equilibrio, la flexibilidad y la elasticidad, implicando todo el cuerpo».

La perspectiva de la clase me resultó tan interesante como abrumadora. Yo nunca he hecho ballet, ni baile en general, y aunque sí he probado el pilates y el yoga, no sabía muy bien cómo iba a integrar todo aquello al ritmo de los últimos éxitos del pop internacional.

«¡Proyecta el esternón hacia delante! ¡Estira la espalda! ¡Cierra las costillas! ¡Aprieta el glúteo! ¡Relaja los hombros! ¡Contrae el abdomen! ¡Alarga el cuello! ¡Bascula la cadera!», me dictaba Morales entre allongé, balancé, demi-plié y relevé (un léxico que yo no controlaba, ni falta que hacía).

Mis manos agarraban la barra cual salvavidas y mi cerebro intentaba organizar toda la información que recibía mientras mandaba las órdenes adecuadas a mis extremidades. «La postura corporal correcta y una musculatura alargada son dos aspectos importantísimos para lograr nuestros objetivos en una clase de Ballet Fit», decía mi instructora. Tras cinco minutos de clase ya sabía que iba a acabar exhausta… al menos mentalmente.

«Apto para todo el mundo»

Intentaba no dar muestras de flaqueza, pero me dolían las piernas, los brazos, el abdomen y la mascarilla me agobiaba. Lo que más me sorprendió es que, aun así, ¡me lo estaba pasando en grande! De hecho, la energía contagiosa tan positiva que desprendía Morales mientras dirigía mis movimientos, sumado a la música que inundaba la sala, me llenó de una vitalidad extraordinaria. Eran las nueve de la mañana y tras media hora de clase ya tenía ganas más que suficientes para comerme el día.

Mi pregunta obvia fue: ¿Quién puede hacer Ballet Fit? «Es una actividad apta para todo el mundo», me aseguró Morales. «No hace falta tener conocimientos previos de ballet, porque en las clases se enseña la técnica desde un nivel cero hasta uno avanzado y lo pueden practicar tanto hombres como mujeres, incluso embarazadas. Lo más común es realizar este ejercicio de una a tres veces a la semana y combinarlo con otras actividades, como el crossfit o el running».

He de reconocer que al principio me sorprendió. Yo, acostumbrada a hacer ejercicio, estaba medio asfixiada (en parte por culpa de la mascarilla), así que me costaba imaginar a una persona en baja forma en aquella clase. Eso sí, Morales me había avisado de que no iba a ser una sesión para principiantes, sino que realizaríamos movimientos de niveles más avanzados para que tuviera una visión global del Ballet Fit.

Fue hacia el final de la sesión, durante la ansiada relajación, cuando empecé a entender algunos de los beneficios que me había comentado Morales sobre esta combinación entre ballet y fitness: «tonifica, alarga y define la musculatura, aumenta la resistencia, quema calorías, corrige la postura corporal ayudando a aliviar dolores de espalda, mejora la flexibilidad y reduce el estrés. Y lo mejor es que los beneficios se aprecian muy rápido».

De hecho, algunas de sus alumnas le dicen que el alargamiento de los músculos que se trabaja lo notan de inmediato, pues al meterse en el coche para irse a casa tienen que ajustar los retrovisores. Yo no tuve ocasión de comprobarlo. Al salir del gimnasio estaba tan cansada que agradecí que un taxista me llevase de vuelta a la redacción. Y sí, tuve agujetas, pero no descarto probar otra clase próximamente. Realmente es un ejercicio exigente que puede suponer un reto al principio según la condición física de cada uno, pero engancha. Y mucho. Yo personalmente me quedé con ganas de más.

Virginia Carrasco

Clases de cuatro bloques

Los materiales necesarios para practicar Ballet Fit son: unas mallas, una camiseta (mejor si es ajustada o un maillot), unos calcetines que no deslicen (o mejor, unas zapatillas de ballet) y una barra de ballet y una esterilla que pone el gimnasio.

Cada sesión dura 50 minutos y se divide en cuatro bloques. El primero, de 20 minutos, es 'ballet barre', que prepara la musculatura con ejercicios de barra tradicionales del ballet clásico. El 'cardio ballet' (15 minutos), es entrenamiento cardiovascular, que ayudan a subir las pulsaciones y quemar calorías con coreografías sencillas inspiradas en los movimientos de ballet y al ritmo de hits ochenteros y actuales. El 'floor ballet' (15 minutos) consiste en ejercicios de estiramiento inspirados en el ballet, el yoga o el pilates, realizados sobre una esterilla. Por último, el mindfulness es una pequeña relajación final sin extensión concreta.

Los gimnasios que ofrecen Ballet Fit entre sus actividades guiadas están repartidos por toda la geografía nacional: Madrid, Comunidad Valenciana, País Vasco, Cataluña, islas Baleares, Asturias, Cantabria, Andalucía, Navarra, La Rioja o Canarias son algunas comunidades autónomas donde se practica.