¿La tecnología nos salvará de la crisis climática?

Eso creen los ecomodernistas, mientras los ecologistas niegan la mayor

Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

Es como si, en una misma carretera, los conductores pretendieran llegar al mismo sitio cogiendo sentidos diferentes. El destino es superar la crisis climática, y mientras unas señales nos conducen por una vía que apuesta por seguir creciendo gracias al desarrollo de la tecnología, otras nos indican que así no vamos bien y que acabaremos en un callejón sin salida si no empezamos a decrecer, frenando nuestro ritmo de consumo. Dos visiones bautizadas con el prefijo eco pero básicamente opuestas. El paraguas del ecomodernismo acoge conceptos similares, como el 'tecno optimismo', el 'capitalismo verde', el 'crecimiento sostenible'...

Sus bases se encuentran en un manifiesto que circula por Internet; «la urbanización, la intensificación agrícola, la energía nuclear, la acuicultura y la desalinización» son «procesos con potencial para reducir la explotación de la naturaleza, dando espacio a otras especies».

El periodista Michael Shellenberger es el responsable de este texto y el mayor representante del movimiento, defensor de que las energías renovables desaparezcan en pro de los reactores nucleares, aseverando que la energía solar es más radiactiva que la nuclear, e incluso minimiza las consecuencias del accidente de Chernóbil. Acaba de publicar el libro 'No hay apocalipsis', con el que afirma que la «retórica apocalíptica» sobre la crisis climática «no se corresponde con la realidad» y el alarmismo al respecto «nos perjudica a todos». Opina que la pobreza es la amenaza más urgente y que los ecologistas, «al bloquear la industria y las tecnologías artificiales, están trabajando para que los pobres sigan siendo pobres para siempre». Los negacionistas del cambio climático celebran las frases de este activista ambiental que no rechaza este problema pero que, asegura, no es para tanto.

Fernando Valladares se ha convertido en una de las más respetadas voces en la lucha contra el cambio climático; es profesor investigador del Consejo Español de Investigaciones Científicas (CSIC) y profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos. Habla de las «peligrosas falacias del ecomodernismo»: «Propone intensificar, no reducir, nuestra transformación del planeta, incrementando los procesos agrícolas o energéticos para desacoplar el crecimiento económico de los impactos ambientales. Esto es moralmente peligroso porque plantea superar la crisis ecológica mediante el progreso tecnológico, ignorando la insuficiencia de la tecnología y sus múltiples efectos secundarios no deseados. No es solo una teoría sobre el papel de la tecnología en la solución de los problemas medioambientales, sino que refleja convicciones presentes en las élites de la empresa, los medios de comunicación, la política...».

Advierte de que resulta «tentador» creer en el poder de la tecnología para sacarnos de todos los apuros. «Pero vemos que no es así. Es poco sensato apostar por un crecimiento económico imparable e inseparable de la sociedad sin mirar alternativas ni valorar las consecuencias ambientales. Es como una película de ciencia-ficción bien hecha que parece real y posible, pero no».

El manifiesto ecomodernista concluye así: «La prosperidad y un planeta ecológicamente vibrante no solo son posibles, sino inseparables. Creemos que este futuro está al alcance de la mano en la medida en que nos comprometamos con los procesos reales, ya en curso, que han empezado a desacoplar el bienestar humano de la destrucción ecológica. Por lo mismo, hacemos nuestra una visión optimista de las capacidades humanas para encarar el futuro». Valladares habla de «surrealismo». «Está muy bien escrito, pero todo está equivocado, porque si el principio es que tenemos que controlar la naturaleza, pues eso va en contra de la evidencia científica». Alerta contra la exaltación de la capacidad humana para controlar, y adaptar el planeta a sus intereses:«¡Ojalá pudiera ser! Pero es un cuento, las leyes del planeta, las de la termodinámica, dicen lo contrario».

Un alpinista sin cuerda

Como es habitual en este divulgador, Valladares recurre a imágenes y metáforas para hacer entender los conceptos, equiparando el ecomodernismo con un «vendedor de enciclopedias o de crecepelo. ¿Podemos explotar el planeta y que cada vez nos vaya mejor? Pues no, porque el planeta es el que nos controla, con los impactos de un clima cada vez más extremo, o con los virus que nos llegan, como el de esta pandemia». Aborda otra de las visiones relacionadas con el ecomodermismo, el 'tecno optimismo': «Es como un niño que se cree que puede comer todos los días su cruasán con chocolate sin ver que las cosas tienen límites, un optimismo desmedido, nada malo puede pasar, lo que nos impide madurar como sociedad». También habla del 'capitalismo verde', «de seguir creciendo pero pintándonos de verde o hablando de reciclar y de medidas simbólicas sin cambiar el sistema».

Advierte del peligro de decir 'soy ecomodernista' «sin darte cuenta de que no se puede practicar, de que es como decir 'soy alpinista' pero no creo en la ley de la gravedad y no pienso usar cuerdas. Pero la gravedad existe y te vas a caer. Mientras el debate ecomodernismo-decrecimiento prosigue, la crisis ambiental se agudiza y el bienestar humano queda cada día un poco más lejos».

¿Qué es 'el buen antropoceno'?

En el manifiesto ecomodernista, se cita varias veces 'el buen antropoceno'. Según la Unesco, «el término antropoceno se ha creado para designar las repercusiones que tienen en el clima y la biodiversidad tanto la rápida acumulación de gases de efecto de invernadero como los daños irreversibles ocasionados por el consumo excesivo de recursos naturales». Se refiere a la era geológica que sucede al holoceno, en el que hemos vivido desde hace 12.000 años y hasta 1784, con el comienzo de la Revolución Industrial, momento en el que comenzaría el antropoceno. Hablar de 'buen antropoceno' es, para Fernando Valladares, «una incongruencia, la intervención del ser humano tiene efectos indeseados. El antropoceno no es sostenible, interferimos en el planeta y tenemos problemas».