El Kivu,, el pasado mes de mayo, con el Nyiragongo en erupción al fondo. / Alex Miles/AFP

¿Sabías que...?

La amenaza de los lagos asesinos

Un recuerdo a las dos erupciones límnicas ocurridas en los años 80

Carlos Benito
CARLOS BENITO

La nube que mató a 1.800 personas

El 15 de agosto de 1984, al anochecer, las personas que vivían en las inmediaciones del lago Monoun (en el noroeste de Camerún) oyeron un estruendo que parecía proceder de sus aguas. Pero al día siguiente, por la mañana, todo parecía más o menos normal, así que la gente emprendió sus tareas cotidianas. Algunos acudieron a trabajar, caminando o en moto, por una carretera próxima al lago y, al alcanzar un tramo bajo, perdieron el conocimiento y murieron. Un camión que trasladaba a doce personas se paró y sus ocupantes también fallecieron, con la excepción de los dos que iban sentados en la parte alta del vehículo. En total, perdieron la vida 37 personas, la mayoría en ese corto segmento del camino, y el Gobierno se planteó si no habría sido un atentado terrorista, en el que alguien había arrojado productos químicos al lago. Dos años casi justos después, el 21 de agosto de 1986, la pesadilla se repitió en una versión todavía más espeluznante: fue en el lago Nyos, también en Camerún, a unos cien kilómetros del Monoun. Los granjeros de la zona escucharon un fuerte ruido y contemplaron una nube siniestra que se elevaba unos cien metros y después se iba extendiendo por el valle, hasta cubrir pueblos como Nyos y Kam. Murieron casi 1.800 personas en un radio de 25 kilómetros, además de multitud de cabezas de ganado.

Abajo, los pueblos de los muertos

«Oí que mi hija roncaba de una manera terrible, anormal. Cuando me acercaba a su cama, me desmayé y me caí al suelo. Permanecí ahí hasta las nueve de la mañana, cuando un amigo llamó a mi puerta. Me sorprendió ver que mis pantalones estaban rojos, con manchas como de miel. Tenía heridas en los brazos que no sabía cómo me había hecho. Abrí la puerta e intenté hablar, pero no me salía el aliento. Mi hija ya estaba muerta», relató uno de los supervivientes, Joseph Nkwain. Las calles de Nyos y Kam ofrecían una estampa postapocalíptica, en la que había desaparecido todo signo de vida. Habían fallecido familias enteras. Se habían cumplido las leyendas, aquellas que decían que en el fondo del lago Nyos se podían vislumbrar los pueblos de los muertos y que, cada cierto tiempo, los espíritus abandonaban las aguas para masacrar a los vivos de los contornos.

Como abrir una lata de refresco

Lo que ocurrió en el Nyos y el Monoun fueron erupciones límnicas, un fenómeno excepcionalmente raro: tanto, que de hecho solo hay constancia de esos dos casos. Existe un tercer 'lago asesino' o 'lago explosivo', que con ambos sobrenombres se los conoce: es el Kivu, en la frontera entre Ruanda y la República Democrática del Congo, que no ha matado a nadie con sus efluvios en los últimos tiempos (sí recibió incontables cadáveres durante el genocidio ruandés de los 90), pero en el que se ha comprobado que cada milenio se produce una extinción total de los seres vivos. En una erupción límnica, una gran cantidad de dióxido de carbono asciende repentinamente a la superficie, alcanza la atmósfera y, al ser este gas más pesado que el aire, se propaga por los alrededores. Los científicos suelen comparar el fenómeno con lo que ocurre al abrir una lata de un refresco carbónico: estos lagos están saturados de gas disuelto en sus aguas, que se libera por cambios de presión o temperatura y emerge violentamente al exterior.

La ciudad amenazada

Este mismo año, las miradas del mundo se han centrado en el Kivu, que es un lago mil setecientas veces más extenso que el Nyos y el doble de profundo: se calcula que contiene 300 kilómetros cúbicos de dióxido de carbono y otros 60 de metano. A raíz de la erupción del cercano volcán Nyiragongo el pasado mes de mayo, el magma subterráneo empezó a fluir hacia el lago y los científicos alertaron del riesgo muy elevado de erupción límnica. Podría tratarse de un desastre sin precedentes, ya que en la orilla norte del lago se encuentra la ciudad congoleña de Goma, con 670.000 habitantes. Fueron evacuadas más de 400.000 personas.