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José Moya, glorista de la Rambla de Barcelona. Cristian Reino
José Moya: «Echo de menos a los turistas»

José Moya: «Echo de menos a los turistas»

Los sin verano ·

El florista de la Rambla de Barcelona asegura nunca había visto tan parada la actividad en esta popular vía de la capital catalana

Cristian Reino

Barcelona

Lunes, 10 de agosto 2020

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Lleva más de tres horas haciendo guardia al otro lado del mostrador y José Moya, propietario de tres paradas de flores en la Rambla de Barcelona, empieza a inquietarse. Mira el reloj. Se asoma. Echa la vista hacia la calle: ni un alma. «Media mañana y solo he vendido tres euros». La vía más popular de la capital catalana ya no es lo que era. Se había convertido en un parque temático y, desde hace años, los barceloneses le han dado la espalda. Era una calle para 'guiris'. Ahora está desierta. Parece un polígono industrial en domingo, se lamenta Moya. Tiene 54 años. Luce con orgullo una larga barba, que ni la mascarilla consigue tapar. Camiseta de Leño. Lleva 32 años como florista. Todos los veranos al pie del cañón. Temporada alta. Cruceros y turistas en busca de sol, playa y los encantos de la ciudad condal. Pero este verano es una «ruina». Si los analistas del Banco de España se dan una vuelta por aquí, puede que revisen muy a la baja la caída del PIB.

– ¿Qué tal el verano?

– Hace años que la gente de Barcelona no pasea por la Rambla, así que estamos de brazos cruzados. El turismo ha caído el 80%, imagínate. Nunca había visto nada parecido, es deprimente.

– ¿Cuándo abrió?

– El 26 de mayo. Hay muchos compañeros que han decidido no abrir porque no les salen las cuentas. Pagamos alquileres muy altos al Ayuntamiento y ahora no hay casi ventas. Es economía de guerra. Cerrar es volver para atrás. Hay que estar preparados para el día que la cosa empiece a recuperarse.

– La Rambla, quién la ha visto y quién la ve...

– Da pena. No anda nadie. Sin gente no hay vida. Nunca había visto nada igual. Fíjate, que hace tres años, con el atentado (17-A), cerramos al día siguiente, pero a los dos días, esto ya estaba a tope de gente. Nunca habíamos parado la actividad como ahora. Abrimos todo el año y el verano era una época muy buena por el veraneo. Ahora se te pasan las horas y no vendes nada.

– ¿Cómo se lleva lo de trabajar mientras los demás están de vacaciones?

– Aquí estamos acostumbrados. Este trabajo es casi de 24 horas al día y 7 días a la semana. La Rambla no cierra. Por la mañana, las familias y los turistas, por la noche, la juerga.

– En la Rambla existía un encendido debate sobre turismo sí, turismo no. ¿De qué parte estabas?

– Los que criticaban el turismo no sé que dirán ahora. Hay muchos puestos y quioscos cerrados. Algunos no abrirán nunca. La gente va tirando de ERTE. El problema es que no tenemos turismo nacional. Se ha apostado por el turismo extranjero y ahora nos encontramos con que no hay gente. Espero que para la primavera esto esté otra vez a tope. Hay que aguantar unos meses.

– Decías que no cerrasteis ni con el atentado…

– Todavía recuerdo las escenas. La Policía vino a la tienda y se llevó el disco duro de tres cámaras. Dos ya me las devolvió pero se han quedado una. La furgoneta (conducida por Younes Abouyaaqoub, que fue abatido cuatro días después) pasó a dos metros de aquí (la tienda está justo a la salida del mercado de la Boquería, por donde huyó el terrorista). Curiosamente, aquel día (17 de agosto de 2017, a las 17 horas) no había mucha gente paseando, si no, habría sido imposible que bajara hasta aquí. Aún recuerdo la gente escondiéndose en la tienda y los cuerpos en el suelo…

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