¿Sabes de qué está hecho el pavimento del parque donde juegan tus hijos?

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

En cuestiones de reciclaje, corremos el riesgo de morir de éxito: «Vivimos en la parte del mundo que más recicla. Sobre todo, si nos fijamos en algunos tipos de reciclables, pero hay que tener cuidado con estas buenas cifras porque no todo lo que está detrás de ellas es lo que parece», alerta Juan Paniagua, ingeniero agrónomo experto en residuos y medio ambiente y autor de 'Basura' (editorial Guadalmazán). A su juicio, aunque él mismo dice ser «optimista» respecto al avance en este terreno, en este punto de nuestra historia es necesario prestar atención para hacerlo bien y no generar otros problemas, por ejemplo en países en vías de desarrollo. O generando un gasto energético ilógico a la hora de dar una segunda vida a los residuos, que sea aún peor que no reciclar.

Es decir, reciclar sí, pero no como vaca sin cencerro. Ni todos los materiales son fáciles de reutilizar, ni siempre merece la pena. Suena duro, pero es así. Otros muchos, sin embargo, abren un mundo enorme de posibilidades que ya se están empezando a aprovechar, sobre todo por los increíbles avances tecnológicos que se están aplicando al sector, tal y como indica el experto. Y por las inversiones, cuantiosas. Aunque también hay un tercer factor que está empujando y que es decisivo: los productos realizados con materiales reciclados –totalmente o en alguna proporción– cada vez son mejor vistos por los consumidores. «Se está notando un cambio de mentalidad tremendo. La gente más joven ya no recela de estos productos en absoluto, al contrario, los demanda. Entre la gente más mayor aún existe la creencia de que lo que está elaborado con materiales reciclados es de menor calidad y no es así», apunta Virginia Aseguinolaza, responsable de Lab Services de Tecnalia, cuyo trabajo consiste, precisamente en revisar los estándares de calidad de este tipo de productos.

Tal y como explica, la tendencia ahora es abandonar la economía lineal (materia prima que se transforma en producto que tras su uso va a la basura y fin de la película) para entrar en la circular, donde los bienes o materias primas, tras 'jubilarse' de esa primera etapa, son reaprovechados de modo que se inicia la rueda de nuevo. Para facilitar esta segunda vida, es importante, indica Aseguinolaza, que ya desde el origen del producto, durante su diseño, se contemple la posibilidad de que va a ser reutilizado y de que se podrá hacer «con el menor gasto posible». Es decir, que su reciclaje no sea un quebradero de cabeza logístico y una carga energética y económica que lo haga inviable. Aseguinolaza nos presenta tres ejemplos de reutilización exitosa de materiales que, customizados, dan como resultado híbridos 'nuevo-viejo' muy mejorados.

Residuos de madera

Cualquier cosa de madera se puede reaprovechar si esta se convierte en serrín. Restos industriales o domésticos, si son separados y tratados adecuadamente, pueden dar origen a otros materiales.

Segunda vida

Los residuos de madera (serrín) se reaprovechan para la fabricación de productos que simulan la madera y que tienen una mayor durabilidad biológica. Pueden servir para crear pavimentos que simulan la madera en puentes o pasarelas, en barandillas de ríos o paseos... Haciendo una mezcla de la madera y de plástico logramos un material «que quizá no sea estéticamente tan bonito como la madera –aunque cada vez se logra un mayor parecido–, pero que no es 'atacado' por agentes biológicos como hongos, por ejemplo». Esto hace que los productos duren más –la piedra angular de la sostenibilidad– y que no tengan que ser tratados con barnices y sustancias químicas para funcionar bien en entornos expuestos.

Hormigones

Materiales de construcción de estructuras que ya han finalizado su 'primera vida' van a parar a la escombrera, donde se amontonan. ¿Se puede hacer algo con ellos?

Segunda vida

Se pueden convertir en nuevos hormigones, sí. «El hormigón, al final, es cemento, agua y arena, lo que técnicamente llamamos 'áridos', que se extrae de las canteras –explica Aseguinolaza–. Y, aunque los restos de hormigón no se pueden incorporar al 100%, sí que se ha conseguido reintroducirlos de nuevo en la rueda. Así evitamos sacar nuevo material de las canteras y reducir el impacto ecológico», apunta. ¿Más ejemplos de este tipo? Los hay. «Los restos de fundiciones también se reutilizan», añade. Según explica, cada vez están más normalizadas estas prácticas, ya que hay unos estándares legales que deben cumplir y, sobre esa seguridad, se puede trabajar.

Neumáticos

¿Nos hemos dado cuenta de la cantidad de vehículos que circulan por el planeta? ¿Qué pasa con sus ruedas, que además están fabricadas de cauchos y otros materiales poco degradables y muy complicados de hacer desaparecer de forma 'eco'?

Segunda vida

Se reaprovechan para crear pavimentos que se instalan, por ejemplo, en gimnasios, polideportivos, parques infantiles... «Y también en carreteras, ya que se pueden triturar hasta lograr gránulos de distintos tamaños y con las mezclas adecuadas pueden servir para pavimentar», apunta la experta.

Malas praxis

Las experiencias exitosas de reutilización de materiales no pueden hacernos olvidar que también hay fiascos terribles que, por suerte, van a menos (que se sepa). Tal y como explica Paniagua, ha habido grandes «incoherencias» en este sentido, por no ponerles nombres peores. «Hubo una fábrica en un país asiático que realizaba fibras textiles con un porcentaje de plásticos reciclados... Lo que pasaba es que se supo que producía botellas de plástico para reciclarlas inmediatamente y lograr ese plástico», indica. Al parecer, le salía más económico que comprar materia prima ya usada en cualquier parte del mundo.