Acuarela de J. Lorusso

El arte del beso es historia

Sacrificados en la pandemia, han sido musa universal de miles de creadores. ¿Cómo reflejará ahora el arte el declive de la preciada caricia?

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Si el estrechar de manos está en plena decadencia a causa de la pandemia, de besarnos ni hablamos. La máxima expresión del afecto, ya sea materno, filial o amoroso, aguarda tiempos mejores para poder decir con la boca lo que no cabe en palabras. Son los grandes vetados de esta crisis sanitaria, en la que el contacto queda proscrito y las gotitas de saliva, antes portadoras del calor de la pasión, han quedado relegadas a meros vehículos del innombrable virus.

Por el camino de la precaución se han quedado, de seguro, muchos besos sin dar (¿A dónde irán?, que decía el poeta) y, ante la falta de la preciada caricia, no han sido pocos los que se han preguntado si podemos vivir sin ellos. La Ciencia ya contestó esta pregunta al cuantificar en una larga lista todos sus beneficios para la salud. Se sabe cuántos músculos se ejercitan en un beso, a qué ritmo late el corazón cuando lo recibimos, cuántos puntos rebaja la presión arterial, la cifra de nervios que se activan en la piel de los labios y cómo se elevan los niveles de la hormona del amor, la oxitocina, en nuestro cerebro. Hasta se saben las calorías que quema un beso apasionado. Pero nadie se ha atrevido a ponerle número a los sentimientos que provocan en cada uno de nosotros y cómo estos han sido expresados por el Arte desde que este nació.

Para hacernos olvidar la trampa biológica que son (el placer que procuran sirve al objetivo de perpetuar la especie), el hombre ha dado al beso categoría de arte, en sí mismo y como inspirador de multitud de obras eternas. Pocos artistas que merezcan ser recordados como tales no han ahondado, a su manera, en su significado, en cómo lo ven o, simplemente, cómo lo vivieron. ¿Cómo reflejará el arte el declive que ahora experimenta? Tendrá que pasar tiempo para analizar el fenómeno, pero como aperitivo, dos jóvenes publicistas han creado un museo virtual en Instagram, Covid Art Museum, donde cientos de artistas ya han colgado sus obras para expresar lo que viven. La mascarilla gana como motivo inédito en la historia artística del beso, que aquí repasamos en diez exponentes.

Bésame mucho | Consuelo Vázquez

Posesivos

La compositora Consuelo Vázquez, frente al piano.

La canción más versionada de la historia, declarada tema del siglo XX, capaz de brillar en boca de artistas tan dispares como Sara Montiel y The Beatles, fue obra de una adolescente mejicana de 16 años. Cuando Consuelo Vázquez le pedía a su amante imaginario que la besara como si fuese la última vez aún no había dado su primer beso. Esta estudiante de piano, que firmaría a lo largo de su carrera numerosos boleros que otros harían famosos, escribió 'Bésame mucho' impresionada, tal y como contaría más tarde su hijo, por la partida de los hombres a la guerra y el miedo de las parejas a perder su amor para siempre. Terminó la canción en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial.

Los amantes | René Magritte

Ciegos

La obra del surrealista Magritte dedicada al beso de los amantes.

Elegir en la vasta producción pictórica de los artistas a lo largo de la historia la representación de un beso es tarea imposible. Desde el que encumbró a Klimt envuelto en pan de oro, hasta los que rompieron moldes a base de imitar las viñetas de un cómic como los de Roy Lichtenstein, hay pocos temas tan recurrentes en la historia del arte que se cuenta en los lienzos. Los hay de todos los estilos y épocas. Y cada artista representó su sentir en ellos. El inquietante retrato de 'Los amantes' del surrealista René Magritte es destacado en estos tiempos pandémicos como la premonición de lo que viviríamos con el paso de las décadas: el veto al contacto físico. Se diría que representa la ceguera de los amantes entregados, ajenos al mundo exterior. Pero la escena también recuerda una imagen que persiguió al artista toda su vida: la del rescate de su madre del río donde se suicidó, con la cara envuelta en su camisa.

Cinema Paradiso | Giuseppe Tornatore

De película

Una de las escenas del final de Cinema Paradiso.

El cine es uno de los grandes culpables de que soñemos con besos que nos doblen las rodillas. El séptimo arte no ha dejado de recrearse en esta expresión de la pasión desde que en 1896 Thomas Edison filmase el primero de la historia del cine, con John C. Rice y May Irwin como protagonistas. (Por cierto, que aquel fue de todo menos apasionado). Las quinielas de los mejores besos de cine está copada por clásicos como 'Lo que el viento se llevó' (a pesar de las protestas de Vivien Leigh por el mal aliento de Clark Gable), 'Desayuno con diamantes' (bajo la lluvia, sin fin) o 'La princesa prometida' (el mejor de los finales). Pero si hay un film que recree lo que el arte de besar ha significado para el cine es la eterna Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore, en sus cinco minutos finales. La banda sonora mece el repaso de las escenas míticas del cine en blanco y negro y hace conectar con el sentir del protagonista, también espectador en ese momento.

Kiss | Prince

Sensuales

Prince lanzó su éxito como sencillo de su octavo álbum 'Parade' en 1986.

¿A cuánta gente habrá hecho bailar los besos más 'funkys' de la historia? Estos fueron creados por Pince y lanzados como sencillo de su octavo álbum Parade en 1986. Kiss se inspira en la aventura de una noche y, tal y como cuenta en su biografía 'The beautiful one', la compuso con la intención de cederla a otro grupo, Mazarati, liderado por un viejo amigo suyo, David Z Rivkin. Ambos compartían estudio de grabación en Los Ángeles y les entregó la maqueta con el tema. Pero cuando oyó lo que el grupo de su colega había hecho con la canción, transformándola en un tema 'funky', rogó que se la devolvieran. Con esa base, en una noche, produjo la versión que haría del tema un éxito que trascendió modas.

Los besos dados | Vicente Aleixandre

Románticos

El poeta de la Generación del 27 nunca dejó de cantar al amor en su obra, premiada con el Nobel.

«Contar la vida por los besos dados no es alegre. Pero más triste es darlos sin memoria», decía el premio Nobel Vicente Aleixandre en una de sus muchas odas a los labios amantes, 'Los besos dados', donde afirmaba que « la memoria de un hombre está en sus besos». El amor y la expresión del mismo en el beso es inherente a los poetas. Lorca escribía coplillas a «las mariposas» del primero que se da; Pedro Salinas trascendía con ellos y sentía que besaba a su amada «más lejos», más allá de sus labios; para Miguel Hernández la boca no era más que la frontera de los mismos en sus célebres 'Nanas de la cebolla' y, cómo no, Ángel González los recordaba dándolos con «tanta atención» que casi podemos sentirlos en 'Me basta así'. La obra de Aleixandre, sin embargo, está presidida toda ella por el amor y la expresión más universal del mismo, en sus muchas formas, es omnipresente.

Rayuela | Julio Cortázar

Metafóricos

«Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuetran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos (...) buscan acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. (...) Y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua». Habrá muchas descripciones literarias de un beso, pero quizá pocas como esta incluida en el capítulo 7 de Rayuela. Con Julio Cortázar, cualquier comentario sobra.

Beso entre hermanos | Dimitri Vladímirovich

Poderosos

El mural satírico inmortalizado en los restos del muro de Berlín.

Los besos han rubricado a lo largo de la historia las relaciones políticas más poderosas. Es el caso del beso más famoso de la historia del arte denuncia: 'El beso entre hermanos', pintado en 1990 en la East Side Gallery, sobre los restos del muro de Berlín, por el artista ruso Dimitri Vladímirovich. Representa el beso entre los líderes comunistas Brezhnev y Honecker en 1979, durante los actos conmemorativos del 30 aniversario de la República Democrática Alemana. El presidente anfitrión quiso agradecer efusivamente, y fiel a las costumbres más comunistas, la presencia a su invitado de honor, el viejo líder soviético Brezhnev. El fotógrafo Régis Bossu inmortalizó el instante. La foto no trascendió al arte hasta 10 años más tarde cuando, con motivo de la caída del muro de Berlín, el citado artista soviético la convirtió en mural satírico. Y en símbolo eterno.

Kissing copps | Banksy

Reivindicativos

El graffiti de Banksy que denuncia la homofobia.

¿Puedes ser la representación de un beso el símbolo de una denuncia social? Sí. Y, cómo no, fue Banksy quien lo materializó en una de sus obras más emblemáticas. Fue en 2005 cuando en la pared ubicada junto a un bar de la ciudad inglesa de Brighton apareció la pintada en blanco y negro, con el inconfundible sello del citado artista urbano, en el que dos policías británicos se funde en un beso en la boca. Con esta pieza, a la que llamó 'Kissing coppers', el artista no solo denunciaba la homofobia latente en la sociedad, sino que también intentaba ridiculizar a la autoridad. Ha sido una de las obras más exitosas del misterioso autor. Se vendió en una subasta por 575 mil dólares.

Smooching on the train | Joseph Larousso

Ardientes

Este artistas americano mezcla lo tórrido con lo cotidiano de forma natural.

Si hay un pincel que plasme el beso cotidiano en su versión más ardiente ese es sin duda el acuarelista Joseph Lorusso (Chicago, 1966). En la vida real puede resultar incómodo encontrarse a una pareja fundida en un beso en un vagón de metro abarrotado, como plasma la obra de abajo. Retiramos la mirada con el pudor de no querer inmiscuirse en lo ajeno. Pero en sus acuarelas, este artista contemporáneo logra hacernos sentir cómodos observando bocas ardientes, abrazos ostentosos, en los escenarios más cotidianos: un café, un cine, un jardín... Esos en los que tenderíamos a volver la vista. Sus obras entorno al tema son profusas; no se cansa de plasmar parejas en escenas de gran carga emocional, con las que el espectador se siente fácilmente identificado. O, al menos, anhela sentirse.

El beso | Auguste Rodin

Adúlteros

La escultura más famosa del artista, después de 'El pensador'.

El escultor Auguste Rodin, considerado padre de la escultura moderna, dio forma a su obra más famosa –con permiso de 'El pensador'– casi sin querer. En un principio, 'El beso' era una pieza integrante de un conjunto que representaba las Puertas del Infierno de Dante. En ella esculpió a Paolo y Francesca, dos personajes de 'La Divina Comedia' que fueron asesinados por el marido de la chica al sorprenderlos besándose. Así, un gesto adúltero y fatal se transformó en una escultura que, para el artista, en realidad transmitía felicidad y tal perfección que decidió sacarla del conjunto escultórico para darle entidad propia. De la paradoja nació una de sus obras más queridas por el público.