El parricida de Jinámar, asesinado por una herencia

22/12/2018

Las primeras hipótesis tras el hallazgo del cadáver del preso gallego Fernando Iglesias Espiño en una finca situada en el ayuntamiento de Piñor de Cea, en la provincia de Ourense, apuntan a "una muerte violenta", según han indicado a Efe fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Galicia

La Unidad Orgánica de la Policía Judicial de la Guardia Civil localizó este jueves el cadáver de Fernando Iglesias Espiño, preso de origen gallego que permanecía desaparecido desde el pasado 13 de agosto cuando tendría que haber vuelto al penal orensano de Pereiro de Aguiar en el que cumplía condena por haber matado a su mujer y a sus dos hijos, de 12 y 18 años, en el barrio teldense de Jinámar el 15 de octubre de 1996, en una granja de Piñor de Cea, en Ourense.

Los agentes procedieron a la detención de dos personas, al parecer también reclusos del citado centro penitenciario gallego, como presuntos autores de la muerte violenta del preso.

La Guardia Civil informó de la localización de su cuerpo en una finca de este lugar, así como de los arrestos producidos en el marco de una investigación sobre la cual está decretado el secreto de las actuaciones, según apuntaron desde el instituto armado a la vez que rechazaban dar más detalles del operativo, según recogió ayer Efe.

El interno permanecía desde el verano en paradero desconocido después de no regresar a la cárcel tras un permiso penitenciario. La Guardia Civil, que sospecha que el crimen puede estar relacionado con el cobro de una herencia por parte de la víctima, detuvo a otros dos reclusos conocidos del fallecido.

Según recogió ayer La voz de Galicia los dos arrestados son viejos conocidos del pueblo en el que fue hallado el cuerpo y los tendrían amedrentados por su actitud violenta y por su historial delictivo.

Uno de ellos se encontraba en libertad con una pulsera telemática y explotaba la granja en alquiler y el otro disfruta de constantes permisos carceleros, según apuntan fuentes de la investigación.

Desde un inicio los investigadores mantuvieron todas las hipótesis abiertas, al no descartar que le hubiese podido suceder algo o que simplemente decidiese no regresar, y ello pese a haber cumplido más de tres cuartas partes de la condena.

Tercer grado

En la actualidad, se encontraba disfrutando del tercer grado y cumplía su pena en el módulo del centro penitenciario en el que se encuentran los reos en régimen de semilibertad. Salía de la prisión cada dos fines de semana.

Se cree que los dos reclusos detenidos como presuntos autores de su fallecimiento sabían de la rutina de fin de semana del triple parricida y habrían esperado al momento oportuno para cometer su asesinato. Estos pasarán a disposición judicial en las próximas horas

La víctima, que ingresó en prisión en 1996, había cumplido 22 de los 25 años que como máximo podía pasar entre rejas según el código vigente cuando fue condenado por asesinar a su mujer y a sus dos hijos. Cabe recordar que Fernando Iglesias Espiño, de origen pontevedrés, fue condenado a 54 años de prisión por un triple parricidio. Trabajaba de taxista en Gran Canaria cuando cometió el triple asesinato en su vivienda familiar del barrio de Jinámar. Espiño degolló a su mujer a su dos hijos.

Su mujer, de 39 años, le había anunciado que quería poner fin al matrimonio y esa noche, tras una discusión, la mató a golpes en la cocina con una piqueta. Después, asesinó a su hija, de 18 años, que estaba viento la televisión, y al pequeño, de 12, que ya se había acostado. Golpeó a todos y después remató a las dos mujeres con un cúter. Iglesias reconoció haber golpeado y degollado a su esposa, su hija mayor y su hijo menor durante el juicio: «Los maté porque me pusieron de mala leche y me cegué».

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