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Imagen del juicio en la Audiencia de Las Palmas. Efe
La acusada de violar a su nietastra, una joven con síndrome de Down, niega los hechos

La acusada de violar a su nietastra, una joven con síndrome de Down, niega los hechos

La procesada, M.R.C., en la segunda y última sesión del juicio que se sigue contra ella, ha atribuido el proceso a que la madre actúa «por despecho o venganza»

Efe

Las Palmas de Gran canaria

Lunes, 5 de febrero 2024, 18:07

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La mujer de 73 años acusada de violar a su nietastra, una joven con síndrome de Down, ha negado este lunes ante la Audiencia de Las Palmas los hechos que se le imputan y en su derecho a la última palabra ha declarado al tribunal que es «muy inocente».

La procesada, M.R.C., en la segunda y última sesión del juicio que se sigue contra ella, solo ha querido contestar a las preguntas que le ha formulado su letrada y ha atribuido el proceso en el que se encuentra inmersa a que la madre actúa «por despecho o venganza» hacia ella, así como a que la «niña tiene un cacao en la cabeza que no es normal».

La acusada, que es la primera vez que presta declaración -ya que en la fase de instrucción se acogió a su derecho para no hacerlo-, ha explicado que tenía una relación con la joven como si fuera una nieta más y que ella también advirtió un «gran cambio» en su conducta en 2018, pero no por los hechos que se le imputan, como sostienen la Fiscalía y la acusación particular, sino porque la dejó su novio y que, según ha detallado posteriormente en su derecho a su última palabra, con él sí tenía «acceso carnal».

En octubre de ese año, ha indicado, la joven le comentó que su novio, que era un compañero del centro al que iba, le había dejado por otra niña y que se reían de ella en el colegio y ella «se encontraba mal».

La procesada ha dicho que como notó mal a la niña se lo dijo a su madre, quien la llevó a distintos médicos para averiguar lo que tenía e incluso acudió a videntes con dinero que ella le prestó y que después le devolvió.

Ha explicado que desde que la conoció en 2016 tuvieron una buena relación y que al poco tiempo comenzó a llamarla abuela y a quedarse a dormir en su casa una vez al mes, bien porque se lo pedía la madre o porque la joven quería.

Ella vivía con su marido, que estaba enfermo e inválido, y la joven «era muy independiente» y «no necesitaba ayuda para nada»; «siempre se duchaba sola», ha indicado al tribunal.

En cuanto al episodio ocurrido el 1 de noviembre de 2018, cuando se encontraba en su casa porque su madre había viajado a Lanzarote con su pareja (el hijo de la acusada), ha explicado que la joven llamó por teléfono a su progenitora porque se quería ir debido a que se había disgustado al no darle lo que quería comer.

La madre le había pedido por favor que cumpliera la dieta que le habían mandado a su hija, según ha relatado, y la joven se puso a llorar y se fue a su habitación al no permitirle comer lo que pedía. Quería marcharse de la casa y por eso llamó a su madre, aunque las acusaciones asocian ese episodio a la situación de abusos que sufría.

«Yo no la eché (de mi casa), cumplí las órdenes de la madre, ni tampoco la empujé por las escaleras» como sostiene la víctima, pero sí estaba enfadada porque le había dicho que no llamara a sus padres, que iban a regresar ese día del viaje y a los que después les refirió que lo sucedido eran cosas «entre abuela y nieta, eso queda ahí».

La procesada ha manifestado que la joven le pidió perdón por lo ocurrido la siguiente vez que se vieron.

Antes de su declaración, que se ha dejado para el final para mayor garantía de su defensa, se ha practicado la prueba preconstituida del testimonio de la joven, que se ha reproducido en un vídeo en la sala.

En ella la joven, asistida por dos psicólogas forenses, se refiere a la acusada como «la señora esa» y dice que le hace daño, le dice palabrotas, así como que le «toca el culo y las tetas» y que se le «ponía encima» y que esos hechos ocurrían en la que fue la habitación de su hijo, en la cama y ambas desnudas.

Así mismo, ha indicado que le tocaba «por dentro», «en sus partes nobles», que fueron «muchas veces», que le «tiraba del pelo» y que cuando había visitas cerraba con llave la puerta para que no hablara con la gente.

Según su relato, le llegó a amenazar con un cuchillo para que no le dijera nada de lo que ocurría y que le decía que haría daño a su madre, a su propio hijo y a un educador con el que tenía confianza y consideraba como amigo.

Tras concluir las declaraciones, la fiscal ha mantenido su petición de condena de 15 años de prisión por un delito de agresión sexual continuado y una indemnización de 60.000 euros por los daños causados a la joven, una persona especialmente vulnerable.

La fiscal Teiseida García ha afirmado que «no cabe la menor duda» de la culpabilidad de la acusada, y ello por la declaración de los testigos, la evolución de la joven, que sufre «una regresión importante» como consecuencia de los daños sufridos, y por lo expuesto por las dos psicólogas forenses, el psiquiatra y los psicólogos que la trataron y con la que aún mantiene tratamiento.

García ha reclamado al concluir el juicio la prisión provisional y sin fianza a la acusada, por riesgo de fuga, ante las penas elevadas a las que se enfrenta, cuestión que ha sido denegada en un auto que ha dictado la Sección Segunda de la Audiencia.

La abogada de la acusación, Mónica Sánchez, que también se adhirió a la petición de cárcel provisional, ha reclamado que se le imponga una condena mayor, 21 años, por entender que además es culpable de un delito de lesiones psíquicas y otro contra la integridad moral, y que indemnice a la víctima con 100.000 euros, dados los daños sufridos ya que había logrado ser «independiente», y «ya no volverá a ser quién era», además de que los daños causados han sido «devastadores» para ella y su madre.

La defensa ha reclamado la absolución de la acusada y ha rechazado los delitos por los que se le acusa: «Negamos categóricamente» que la involución que ha sufrido la joven guarden relación «con agresiones sexuales de mi cliente».

El delito de agresión sexual continuado es «extraño, inusual y no es lógico» que lo cometa una persona de 70 años que se ha dedicado toda su vida a cuidar a sus hijos, sus nietos y bisnietos, más los de sus parejas, y que además la víctima no los sitúa en el tiempo ni tampoco en el lugar.

Según la abogada, Isabel Aide, no ha quedado acreditado que los cambios de ánimo de la joven estén relacionados con los hechos que le atribuyen y además entiende que su declaración fue inducida, al tiempo que ha considerado excesiva las indemnizaciones que reclaman, pues considera que «se está exagerando» su vulnerabilidad o dependencia.

En caso de que se le condene, ha pedido que lo sea por un delito de abuso a una persona especialmente vulnerable y se le imponga una multa, y si se aprecia que fue con acceso carnal, la pena sea de 4 años de prisión y la indemnización de 3.500 euros.

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