Victoria Rosell: «Hay poca perspectiva de género en la judicatura»

06/05/2018

Jueza, exdiputada como independiente en las listas de Podemos por Las Palmas, Victoria Rosell (1968) aborda en la entrevista cuestiones tan polémicas como la sentencia del caso de La Manada y la actuación del juez Salvador Alba, a las puertas de sentarse en el banquillo en un procedimiento donde ella es víctima y, en esa condición, acusación particular.

— ¿Es fácil ponerse la toga cuando una jueza se encuentra con una sentencia como la de La Manada?

— No. Precisamente el día que se hizo pública la sentencia era la primera jornada de concentración de jueces en edificios judiciales y la sentencia se leyó casi coincidiendo con el acto. Al llegar la sentencia hicimos lo habitual en casi todos los juristas: primero vas al fallo, luego a los hechos probados y después a la fundamentación. Al buscar el fallo, encuentras el voto particular y ya te extrañas... Ese día sí era difícil ponerse la toga, pero sobre todo era muy difícil pensar cómo íbamos a conectar con la ciudadanía en las reivindicaciones de la concentración prevista porque era obvio que se acababa de abrir otra brecha.

— Esa sentencia ¿qué refleja: que hay que revisar el Código Penal o la actuación algunos magistrados?

— Sí se puede revisar el Código Penal, pero eso...

— ¿...Pero eso es legislar en caliente?

— Sí lo es. Nos hemos opuesto a legislar en caliente, pero es que ya viene del pacto de Estado asumir el Convenio de Estambul y tratar como violencia machista no solo las ocurridas en parejas y exparejas, sino todas las violaciones, mutilaciones genitales, ablación de clítoris, la trata de seres humanos con fines de explotación sexual... Todo eso está dicho en el Parlamento, está firmado en el Convenio de Estambul firmado por España, pero no se cumple. Se puede reformar el Código pero no en caliente a la luz de un suceso y de manera populista, sino porque ya nos deberíamos haber comprometido a ello. Aún así, nuestra percepción de ese día es que hablar del Código Penal o hablar de un solo juez es un poco echar balones fuera. Sí creemos bueno, real y necesario hablar de la escasa percepción de la perspectiva de género que hay en la judicatura en general. No olvidemos que la España democrática partió de una legislación muy machista, muy católica, muy clasista, y casi sin solución de continuidad en la ley y en la carrera judicial. El Código Penal que estaba vigente cuando yo estudié todavía recogía los delitos contra la honestidad y eso marcó tremendamente a la sociedad española, porque si una mujer casada, honesta y de buena familia decía que la habían tocado o violado, se consideraba delito, pero enseguida la otra posibilidad era discutir la honestidad de la mujer. Y si no había honestidad, no había delito. De ahí viene esa acendrada costumbre en el foro español de juzgar la conducta de la víctima. Eso se nota en el voto particular del magistrado en el caso de La Manada, que es hiriente.

— La sentencia de La Manada, ¿la leyó como jueza o como mujer?

— Resulta un poco difícil situarse y le leído muchas sentencias y he visto a mujeres e incluso niñas víctimas de violaciones y abusos sexuales, y a pesar de esa experiencia, tuve que parar entre los folios 16 y 17 de la sentencia, en los hechos probados, porque se me saltaban las lágrimas. Emocionarme a mí no es fácil, no porque sea una mujer dura, sino porque llevo veinte años en la jurisdicción penal, pero lo que me pasó a mí le sucedió a más compañeras. Lo leí claramente como mujer. Después es verdad que las asociaciones judiciales han protestado contra los excesos verbales, las pintadas... pero yo ahí no estoy tan de acuerdo. Estoy más de acuerdo con el comunicado que sacó precisamente la Asociación de Mujeres Juezas de España, que admitía esa protesta, pero había que tener mucho cuidado en no llamar turba amenazante a quienes están protestando, porque es un riesgo hablar de que los jueces pueden sentirse amenazados cuando los propios jueces no han apreciado amenaza e intimidación en esa situación de cinco jóvenes en un portal con una joven de 18 años.

— ¿Admite que la reacción judicatura y fiscales fue corporativista?

— Sí hubo una carga de corporativismo. No se puede desoír la protesta sin un atisbo de autocrítica. Es un poco trampa para ti mismo decir que una sentencia está perfectamente fundamentada y es impecable, porque caben dos recursos. Si la sentencia del TSJ de Navarra es distinta, será también bien fundamentada. ¿Y entonces será también impecable? ¿Impecables y acertadas las dos? Y faltaría la del Supremo. En algunos comunicados se hablaba de que al criticar a los jueces se estaba violentando el Estado de Derecho, pero a los dos días se estaba pidiendo la dimisión de Catalá. ¿Entonces desde el poder judicial sí se puede pedir la dimisión de alguien del poder ejecutivo? Las sentencias se pueden criticar.

— ¿El ministro se equivocó? ¿Se pasó de largo o se quedó corto?

— El ministro metió la pata al decir que el tercer magistrado tenía un problema singular que era conocido en la carrera. Creo que es tapar que estamos ante un problema estructural: por no haber aplicado el Convenio de Estambul, no haber dotado de medios el convenio contra la violencia machista... Lo que sí hizo fue desviar el foco de atención. Y si se refería a una cuestión de salud del magistrado, ni debía saberlas ni mencionarlas. Si era una cuestión disciplinaria, no es competencia suya.

— Está valorando esa sentencia y es algo que hace en otras ocasiones en su Twitter o en los medios. ¿Debe un juez valorar en público sentencias de otros compañeros? ¿Encaja usted que hagan lo mismo con sus fallos?

— Algunos jueces tienen blogs y redes sociales. Otros tenemos pocas y somos más o menos activos. En general, interactuamos en Twitter con un cierto agradecimiento con gente que nos hace consultas. No se trata de entrar en un procedimiento que se está investigando, pero otra cosa son las sentencias dictadas. La comunidad jurídica que interactúa aporta cosas interesantes, aunque después siempre hay trolls, gente que insulta, etcétera, pero es lo que pasa en las redes.

— En los días de la polémica por la sentencia de La Manada se conoce la desestimación del recurso del juez Alba contra el auto del TSJC, de manera que se sentará en el banquillo. ¿Sigue echando en falta una reacción inmediata del Consejo General del Poder Judicial?

— La que echo en falta nos ha costado ya dos años de muy mala prensa, mucha desconfianza, mucha crítica pública: era que lo hubiesen suspendido cautelarmente. Cuando pasó el caso de José Antonio Martín, que era presidente de la Audiencia, lo suspendieron al día siguiente de abrirle las diligencias. Si luego te has equivocado y hay que reponerlo, se hace. Lo cierto es que en esos días en que él ya estaba imputado la gente entraba en los juzgados medio en serio medio en broma y preguntaba a quién había que grabar, lo recusaron in voce algunos abogados, todo lo que hacía estaba bajo sospecha... No sé por qué el Consejo no lo suspendió inmediatamente. En esto es muy importante el escrito del Ministerio Fiscal, porque creo que es la acusación más grave que se ha hecho nunca contra un juez en España. Porque a Estevill creo que la acusación y la condena fue prevaricación y cohecho, y aquí hay más.

— Pero acaba de mencionar una Fiscalía que fue precisamente condenada por el Tribunal Superior por la vulneración de sus derechos fundamentales. ¿Todo cabe en los juzgados de Las Palmas?

— La verdad es que ha sido muy mala época y he sido víctima de bastantes de estas cosas. La condena de la Fiscalía fue en un contencioso aunque evidentemente es muy grave que se vulneren los derechos de las personas. Pero no creo que pueda decirse que fue la Fiscalía sino un par de personas.

— ¿Entenderá al menos que la gente desconfíe de la Justicia en Canarias viendo el espectáculo de los últimos años?

— Sí, y por eso creo que nos ha encharcado a todos un poco que en estos dos años Alba haya estado en activo. Si lo hubiesen suspendido nos lo habríamos ahorrado. Además ha presentado denuncias contra todos: seis o siete contra mí, ha recusado a magistrados... Es muy importante que la ciudadanía tenga no un temor reverencial a la Justicia, pero sí un respeto basado en la confianza. Una sola oveja negra en los juzgados hace más daño que una sola oveja negra en la policía o en el periodismo.

— Al margen de las ovejas negras, ¿por qué despierta tanto temor?

— Qué por qué despierta tanto miedo quién: ¿yo?

— Sí, usted.

— Yo creo que en ese momento representaba algo que generó mucho rechazo en Soria, que era una persona muy importante: que era una persona que venía con una carrera intachable de lucha por los derechos de las mujeres, de los migrantes, de la infancia y, sobre todo, con un sólido discurso contra la corrupción. Además, soy mujer y creo que José Manuel Soria es un estereotipo de machista. Melisa [hoy diputada de Ciudadanos] le dijo en el debate de TVE: ‘Me estás intimidando’. Creo que yo representaba algo que a él le podía hacer daño y a una parte pequeña del mundo judicial, a Salvador Alba y a alguien de la Fiscalía, le sentó mal que mi opción fuera ir de independiente en las listas de Podemos. Y coincidieron en castigarme por eso, pero no olvidemos que aquí ha habido mucha corrupción.

— ¿Fue también el castigo a alguien que pudo haber sido ministra de Justicia? ¿Cuánto hubo de verdad en aquello?

— [Sonrisas]. Cuando Pablo [Iglesias] dijo eso, no me hizo ningún favor, porque pasé a ser el centro de muchas miradas. Me valoraron mucho y me trataron muy bien y pude conocer a gente que me aportó mucho. Y abrí también mi perspectiva en cuestiones como desahucios o migraciones. También le diré una cosa: me revienta mucho cuando la gente dice que no teníamos intención de llegar a ningún pacto, cuando lo cierto es que yo alquilé piso en Madrid por tres años con un mínimo de seis meses...

— Entiendo entonces que usted estaba en el sector de Errejón, que sí quería un pacto con el PSOE.

— No, tampoco es cierto es que entonces hubiera dos sectores. Eso fue un estereotipo que se creó. Lo cierto es que el primer día saludé a tantos diputados del PSOE como de Podemos y para mí fue una experiencia muy bonita.

— ¿Echa de menos la política como para regresar?

— Cada vez que me preguntan si volvería, no puedo decir no y punto porque mentiría. No porque ahora tenga ganas de volver, sino porque el final fue la frustración de un proyecto.

— ¿Pero el Podemos de ahora le parece el de aquel momento, cuando emergió en la escena política nacional de forma espectacular?

— De política no debo hablar. Lo eludo en todas las preguntas.

— Lo cierto es que usted volvió a la judicatura. ¿Eso no es una puerta giratoria?

— Las puertas giratorias son aquellas personas que, habiendo gobernado, pasan a vivir del sector que supuestamente han regulado, con lo que surgen dudas razonables de si han gobernado para el interés general o el particular del sector en el que acaban. Es del sector público al privado; del público al público no se ha planteado. Siempre ha habido jueces que han dado el paso, con mayor o menor fortuna.

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