Reuters

Los rohinyá demandan a Facebook por 150.000 millones de dólares

La minoría étnica, perseguida y exterminada en Birmania, acusa a la red social de fomentar discursos de odio

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

En el mundo virtual de Zuckerberg quizás no haya odio ni matanzas. O quizás sean más gráficas en Meta. Hace tres años Facebook reconoció que su plataforma había contribuido al genocidio contra la minoría étnica rohinyá, de creencia musulmana, por parte de las fuerzas estatales de Birmania, de religión budista. Estos crímenes de lesa humanidad, documentada por organismos independientes como Naciones Unidas, siguen activos, y la comunidad de los rohinyá refugiada en Estados Unidos ha dado el paso de demandar por 150.000 millones de dólares (unos 120.000 millones de euros) a la red social por no «frenar la incitación al odio» y por «exacerbar la violencia» contra esta minoría.

La demanda apunta a los algoritmos de la plataforma, ya que estima que promueve la desinformación y el extremismo. El resultado final de esta ecuación son los discursos de odio, que incitan a pasar a la acción, para continuar con el genocidio que se lleva a cabo desde al menos una década. La compañía «alimenta» el odio para crecer, señalan los demandantes, que representan tanto a los que han sobrevivido al éxodo hacia Bangladés, donde viven en campos de refugiados, como a los que todavía permanecen en tierras birmanas, discriminados y expuestos a la hostilidad.

Los rohinyá que acudieron a la corte de California (Estados Unidos, donde está la jurisdicción de las grandes empresas tecnológicas) acusan a Facebook de cumplir un papel similar a la de las emisoras de radio que en otros tiempos instigaban a los potenciales agresores a actuar, dándoles un marco retórico con justificaciones e incluso haciéndoles sentir como víctimas. Dice que los mensajes divulgados por la red social ayudan a miembros de la mayoría budista que están dispersos a unirse a grupos organizados, dirigidos por el régimen y la fuerzas estatales.

El Parlamento Europeo ha demostrado que las plataformas son capaces de controlar sus contenidos, inspeccionando casi la totalidad de sus contenidos en tiempo récord y retirando lo que se considere sensible. Pero no lo hacen con todos los mensajes de odio. Hay un porcentaje que se deja pasar. En estos resquicios se cuelan los textos que perjudican a los rohinyá. El coste de frenarlos para Facebook, al igual que otras redes sociales, es un crecimiento menor, al censurar mensajes que se hacen virales. La corte californiana deberá interpretar la ley, que podría excusar a las tecnológicas de los contenidos que publica, para dirimir si la demanda prospera.