Una dieta sana evitaría 8.500 casos de diabetes en Canarias

05/12/2018

La mala alimentación de la población isleña es «un problema de salud púbica» que el catedrático Lluis Serra pide que se ataque gravando los productos de mala calidad a través del IGIC o el REA

Canarias va un paso por delante en obesidad y diabetes y un paso por detrás en la promoción de una alimentación saludable». Partiendo de esa premisa, el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Lluis Serra, advirtió este martes en el Parlamento que la mala alimentación de los canarios es ya «un problema de salud pública» y recomendó a los poderes públicos que la comiencen a tratar como tal.

Con solo cambiar la comida rápida por alimentos contenido en la dieta mediterránea -que se encuentran todo en el campo canario, aseguró Serra-, Canarias podría prevenir 4.000 muertes por infarto, 8.500 casos de diabetes, 3.500 arteriopatías y otras 3.500 arritmias en personas mayores de 55 años, algo que «ningún medicamento podría conseguir nunca», afirmó el catedrático de la ULPGC, al tiempo que recalcó que una buena dieta es «salud para la población y para el sistema sanitario».

Según indicó, la población más vulnerable es la que peor se alimenta y ligó directamente la obesidad a niveles socioeconomicos bajos, familias monoparentales, mayores tasas de pobreza y en los núcleos familiares donde la mujer que se encuentran fuera del circuito laboral. Es evidente, dijo, que «la pobreza multiplica por tres el riesgo de padecer obesidad y diabetes». Y por eso llamó la atención sobre la necesidad de «reducir la brecha social para incrementar la salud de la gente más vulnerable».

Pero mientras eso se logra, el también presidente de Nutrición Sin Fronteras consideró que, además de políticas alimentarias y políticas de formación y promoción de la vida sana -imprescindibles, dijo-, hay que desarrollar políticas fiscales. A su juicio, todavía «hay margen» para actuar con el Impuesto General Indirecto Canario (IGIC) y con el Régimen Específico de Abastecimiento (REA): «Tenemos que aprender de los buenos resultados», dijo, y puso el ejemplo de como, «gracias al REA», en las islas se incrementó el consumo de aceite de oliva de calidad (en los años 80 no llegaba al 25% y hoy supera el 70%). Y también invitó a reducir las ayudas fiscales a la importación de «queso amarillo, barato y de baja calidad» o de «papas prefritas de Israel», cuando en Canarias, dijo, hay «quesos de excelente calidad y papas de producción propia».

Niñas y mujeres

Lluis Serra explicó ayer en el Parlamento que lleva casi un cuarto de siglo estudiando la alimentación y nutrición en Canarias desde la perspectiva de la salud pública. Y recordó la primera encuesta de nutrición que se realizó en las islas que concluyó que los canarios «tenían una alimentación aceptable» pero «excesiva en azúcares, bollería, papas y productos lácteos» y con «muy pocas ensaladas» y unos hábitos de vida «muy sedentarios».

Esa mala alimentación ha dejado huella en la población, con cifras muy altas de colesterol, de obesidad y de diabetes, pero, además, se ha retratado en otro estudio del que ayer echó mano el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la ULPGC realizado durante los últimos 20 años con 100.000 embarazadas en el Hospital Materno Infantil, en el que nace el 90% de niños de Gran Canaria. El estudio confirmó, dijo Serra, que las obesidad en las mujeres, en el primer trimestre de embarazo, aumentó «de forma exponencial», sobre todo en los niveles socioeconómicos más bajos.

Con estos datos, Serra llama la atención sobre el hecho de que «la obesidad empieza en el embarazo»; datos que además, dijo, reflejan «lo que sucede en el resto de la población»: la obesidad en Canarias es «global» (es la quinta comunidad con más obesidad), pero, además, tiene «mayores cifras de mujeres y niñas obesas que el resto de comunidades autónomas».

Lluis Serra hacía una llamada a «bajar el peso medio de la población» y para eso, dijo, «Canarias necesita una política alimentaria firme y decidida que impulse y coordine un conjunto de acciones desde las distintas administraciones a favor de un modelo alimentario sano, solidario, soberano y sostenible».

Todas los representantes de los grupos parlamentarios convinieron con Serra en la necesidad de cambiar hábitos, pero también en la perentoriedad de políticas alimentarias, de promoción de la salud y fiscales, en las que incidieron Podemos y PSOE.