Celso y Mónica se quedan solos en el caso Eólico

24/06/2018

Después de que López, Guzmán, Esquivel y Briganty hayan reconocido todos los hechos, el exdirector general de Industria y su pareja no cuentan con aliados para intentar defender su presunta inocencia en el juicio por el caso Eólico

Han pasado casi 14 años ya desde que el caso Eólico empezara a dar sus primeros pasos. Una investigación que estaba detrás de las supuestas negociaciones entre dos empresarios del sector –Enrique José Guzmán y José Ignacio Esquivel– con el que ejercía por aquel entonces el cargo de director general de Industria del Gobierno de Canarias, Celso Perdomo. Entre medias aparecía el abogado Alfredo Briganty, que ejercía el papel de mediador entre Esquivel y Perdomo y, como actora secundaria, Mónica Quintana, la pareja del alto cargo y que, según el Ministerio Fiscal, tenía una cuenta a su nombre en un banco de Luxemburgo donde ingresaba los sobornos, además que parecer ser que compró libros a cargo del Ejecutivo.

El sexto

A esta trama le faltaría un nombre más por incorporarse después del cese de Perdomo de su cargo tras el cambio de cromos en el Gobierno de Canarias y tal dudoso honor recayó en manos de Honorato López, segundo de abordo de la consejería y pieza básica para ejecutar el plan negociado entre las partes cuando su presunto cabecilla ya no tenía el control directo de la situación.

¿Y el mismo cuál era? Pues según el fiscal Anticorrupción Luis del Río, Perdomo y López recibirían suculentas cantidades económicas por facilitar información del concurso eólico de Canarias en 2004 y hacer valer a su vez la influencia que tenían Perdomo y López sobre el mismo, todo ello para favorecer a las empresas de Guzmán y Esquivel. Así de sencillo.

Se trata de uno de los casos más sonoros de corrupción de las últimas décadas que en su momento removió los cimientos del Ejecutivo regional con la sobra de la duda siempre rondando sobre las cabezas de los hermanos Soria, José Manuel y Luis y que ahora, 14 años después, se ha desinflado como en su momento ocurrió con otro escándalo llamado caso Faycán –aún pendiente de sentencia–.

La primera semana de esta vista oral no ha dejado indiferente a nadie porque todos los días han sucedido acontecimientos, a cuales más escandalosos. Empezó con la ausencia de uno de los grandes agitadores de la instrucción de esta causa, Alfredo Briganty, quien se había quedado días antes sin abogado por la renuncia de Álvaro Campanario y anunciaba que él mismo iba a ejercer su propia defensa. Pues cuando llegó el día D, en el que se iba a sentar por vez primera en el banquillo, el letrado–acusado no compareció y fue puesto en busca y captura, para ser detenido en Marbella mientras asistía a una reunión del sector de la automoción, y trasladado el día después ante el magistrado presidente Pedro Herrera. Su señoría, después de escuchar a Briganty en una comparecencia previa a la confección del jurado popular, anunció su puesta en libertad. La misma la aprovechó Briganty para, en la propia puerta de la Ciudad de la Justicia durante un receso, anunciar vendetta y que contaría «toda la verdad» del caso Eólico para argumentar su defensa. Dijo que su testimonio en este macrojuicio iba a destapar muchas historias ocultas que había guardado, probablemente, para un nuevo libro, aunque finalmente todo quedó en una intentona. ¿Por qué? Al siguiente día, quizás presionado por el resto de los acusados que iban a confesar los hechos, o porque valoró la idoneidad de acogerse a los beneficios de la atenuante por confesión, también reconoció toda la acusación que formuló en su contra el Ministerio Público y escenificó un perdón matizado cuando le tocó declarar. «Si alguno de los hechos que he cometido son ilícitos, ¿cómo no voy a estar arrepentido de ello? Voy a colaborar con la Justicia, siguiendo los consejos de mi abogado», dijo Alfredo Briganty ante el tribunal del jurado.

Con Briganty fuera de las trincheras, ahora Perdomo Quintana se han quedado solos para defender, fusil en mano, su presunta inocencia. Pero ambos han comenzado esta tarea de la peor manera posible. Llegando una hora tarde a la comparecencia en la que tenían que declarar ante el tribunal. ¿El motivo? Según sus defensas, que se habían quedado dormidos por un tratamiento que estaban tomando.

Adormilados

Todo esto ocurrió en la sesión del martes. Celso Perdomo y su pareja Mónica Quintana hacían acto de presencia en la sala con los rostros desencajados y con sendas botellas de agua en una mano y dos fundas con recetas médicas y las tarjetas del Servicio Canario de Salud en la otra para mostrar al magistrado presidente los medicamentos que habían tomado. Ansiolíticos y antidepresivos que, como dijeron sus letrados, consumidos en exceso, los habían dejado en una situación aparente de fuera de juego.

A pesar de este número, Pedro Herrera no dio su brazo a torcer y consideró que no había necesidad de que los dos acusados fuesen examinados por un médico forense: «Si hay alguna circunstancia que impida el desarrollo de la vista, decidiré, pero de momento, está aquí presente y observo que su apariencia no ha variado con respecto a los días anteriores. Hoy va a empezar con la declaración», respondió enérgicamente el magistrado a la petición de suspensión de la declaración de su patrocinado realizada por parte de la abogada de Celso Perdomo.

Pues en esas circunstancias, Perdomo y Quintana se acogieron a su derecho de no declarar, despejando el camino para que el fiscal Luis del Río pusiese decenas de escuchas telefónicas en las que se escuchaba a todos los acusados presuntamente maquinando este plan para «ganar pasta», según dijo Guzmán al exdirector general.

Solos ante el peligro, queda las testificales y periciales en unas semanas cruciales para el desenlace de este caso Eólico.

Confesiones

El que era jefe del área de Energía del Gobierno de Canarias, Honorato López, admitió en su declaración que el concurso eólico se trataba de un «gran negocio para los licitadores, puesto que el dinero que las ganancias económicas que estaban en juego eran muy importantes y a un riesgo muy bajo ya que el Estado se comprometía a subvencionar cada kilovatio generado por hora», es decir, toda la energía producida por los aerogeneradores señaló ante el Tribunal del Jurado. López no llegó a cobrar los sobornos puesto que no pudo abrir una cuenta en el mismo Banco Fortis de Luxemburgo que había hecho Perdomo, puesto que no le convencieron las condiciones, aunque al ser funcionario, tenía prohibido hacerlo.