Imagen de archivo del Hospital Universitario Insular Materno-Infantil en la capital grancanaria. / C7

Se sospecha de burundanga en el 15% de las violaciones pero se confirman muy pocas

El Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Las Palmas detecta vulnerabilidad química por alcohol entre el 30 y el 40% de los casos de agresión sexual

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO Las Palmas de Gran Canaria

Esta semana se dio a conocer una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) en la que absolvía a un sospechoso de violación a una mujer en 20216 en Fuerteventura por falta de pruebas. El fallo instaba a tomar muestras a las víctimas para detectar el rastro de burundanga, (escopolamina), una droga que anula la voluntad tal y como establecen los protocolos.

De hecho, ya se hace, aunque lo cierto es que aunque el Materno sospecha que se administró en el 15% de las agresiones sexuales que atiende, una vez analizadas las muestras en el Instituto de Medicinal Legal y Ciencias Forenses (IMLCF) se confirma en «muy pocas ocasiones».

Sumisión y vulnerabilidad química

«Casos de sumisión química vemos muy poquitos. Hace un par de años tuvimos tres o cuatro en el sur de la isla, y un caso de varones, pero en general no tenemos sumisión química, vulnerabilidad química sí», afirma la directora del IMLCF, María José Meilán.

En la atención a las víctimas el personal puede sospechar que hay sumisión química por las lagunas en el relato, o porque se ha despertado en un lugar desconocido y no sabe cómo llegó. Estas situaciones se dan en torno a un 15% de las agresiones sexuales que trata el equipo del Complejo Hospitalario Universitario Insular Materno-Infantil, señala la jefa del Servicio de Ginecología y Obstetricia Alicia Martín.

Entre el 30 y el 40% de las mujeres agredidas

Meilán se refiere al caso de la vulnerabilidad química, que es cuando la víctima está bajo los efectos del alcohol combinado o no con fármacos y otras drogas, porque aunque los ha ingerido por voluntad propia tiene su capacidad de respuesta mermada.

«De esto sí tenemos aquí», reconoce Meilán, «y deberíamos tenerlo en cuenta porque se da en un alto porcentaje de las agresiones sexuales. Con precaución podría decir que este tipo de vulnerabilidad se da entre el 30 y el 40% de las víctimas de agresiones sexuales.

Un estudio sobre 292 casos sospechosos

En el proceso de anamnesis, esto es la exploración clínica en la que se hacen preguntas a la víctima, hasta el 25% de las mujeres reconoce que había consumido alcohol o estupefacientes antes de que fueran agredidas sexualmente.

El Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, órgano técnico adscrito al Ministerio de Justicia y con ámbito de actuación se extiende a todo el territorio acaba de participar en un estudio en el que se revisaron 292 casos de agresión sexual sospechosos de sumisión química en los últimos siete años y procedentes del Hospital Clínico San Carlos (HCSC) y solo se confirmaron rastros de burundanga.

« En solo uno de 292 (0,3%) registros en el HCSC se identificó escopolamina (128,2 ng/ml) en la orina mediante técnicas de cromatografía de líquidos acoplada a la espectrometría de masas. Un varón de 34 años fue atendido en urgencias por síntomas anticolinérgicos, refiriendo un delito contra la propiedad», reza el artículo publicado en la revista Española de Medicina, que concluye con que « La escopolamina es una sustancia identificada de manera excepcional en casos de sospecha de sumisión química en el HCSC, en el 0,3% de ellos».

Consecuencias psicológicas

Nada comparado c on los casos en los que sí se comprueba la vulnerabilidad química por alcohol o fármacos. «Cuando la mujer está bajo los efectos producidos por el alcohol y sufre una violación se mezclan muchos sentimientos confusos como la culpabilidad. Pero los protocolos de los Dispositivos de Emergencia para Mujeres Agredidas (DEMA) funcionan perfectamente y se les presta atención psicológica en el momento de la máxima victimización», añade Alicia Martín.

Meilán añade que también las mujeres agredidas sin que medie la vulnerabilidad química están muy expuestas a tener sentimientos de culpabilidad. «Algunas víctimas cuánto más conscientes son de los que les ha pasado piensan si habrán dado pie al agresor», pese a que de una violación solo es culpable el violador.

Mujeres jóvenes de vacaciones

Según Alicia Martín, una «tasa importante» de víctimas de agresión sexual por vulnerabilidad química responde al perfil de la mujer joven, en muchas ocasiones extranjeras y la agresión ocurrió en el sur de la isla. «Existe un número importante de mujeres que están de paso en la isla, salen y bajo os efectos del alcohol un hombre aprovecha la situación de vulnerabilidad. Ellas están en una situación distendida y son presas fáciles para los agresores que rondan ese tipo de escenarios», abunda la jefa de Ginecología y Obstetricia del Materno-Infantil. Además, «como están de paso se complica el seguimiento del caso judicialmente».

Entrada del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Las Palmas. / C7

Canarias registró 91 delitos de agresión sexual en 2021: «Hay víctimas desde un año de edad a los 83»

El equipo de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Insular Materno-Infaltil atiende cada año a una media de 80 mujeres por agresión sexual. En 2021, según los datos del ministerio del Interior, se denunciaron en las islas 91 casos de violaciones, un 9,9% menos que en 2020, año en el que pese a la pandemia y el confinamiento se registraron 101.

Según la jefa del servicio, Alicia Martín, las edades de las víctimas van «desde un año de edad hasta los 83». Pero la media de edad es de unos 27 años.

Martín explica que desde que entró en vigor el nuevo protocolo en 2019 se recogen muestras para que el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IMLCF) analice si existen rastros de burundanga u otras sustancias que pudieran domeñar la voluntad de la víctima. «Antes no teníamos os reactivos para hacerlo», señala.

María José Meilán, directora del IMLCF, coincide con Martín en destacar los cumplimientos del protocolo y, además, explica que se producen cambios pues se tiene más en cuenta aún a la víctima para no provocar la doble victimización o victimización secundaria. «Estamos incluyendo el consentimiento informado para poder tomarle fotografías cuando es necesario. «No es lo mismo hacer una fotografía de la vulva que de un hematoma e la cara de la víctima», explica. Y ahora, con el estatuto de la víctima, la exploración «se puede hacer en presencia de una persona de confianza de la víctima».