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Lanzar hachas, bajar de 3.000 metros en bici, matar zombies virtuales... así nos entretenemos hoy

ELENA MARTÍN LÓPEZ /MADRID

Los egipcios ya jugaban a los bolos, los griegos iban al teatro y los romanos al circo. En el siglo XVIII se pusieron de moda las salas de baile, en el XIX la gente empezó a ir al cine, y en el XX se divertía en los juegos de arcade.

Después llegó internet y el entretenimiento del siglo XXI se digitalizó: redes sociales, series por ‘streaming’, videojuegos interactivos, aplicaciones para móviles... El deporte también dejó de ser para los atletas y se democratizó, convirtiéndose el pilates, el yoga, el crossfit, la zumba o el spinning en actividades imprescindibles. A la par, se hizo de la adrenalina una nueva forma de diversión, dando lugar al paint ball, el láser tag o las scape rooms. Y así seguimos, buscando nuevos formatos de entretenimiento con los que llenar nuestro tiempo. Eso sí, acelerar las pulsaciones y ejercitar el cuerpo siguen siendo las claves del ocio moderno.

Entre las últimas incorporaciones de la lista están: el helibike, descender montañas en bici después de haber sido remolcado hasta la cumbre por un helicóptero; el gyrotonic, una actividad que combina la danza, la gimnasia deportiva, el tai-chi y la natación que nació como una terapia rehabilitadora a finales de los 70; el lanzamiento de hachas, una técnica milenaria donde se ejercita la concentración; los juegos de realidad virtual, en los que se simulan batallas y aventuras por otros mundos; y las camas elásticas, que ya no atraen solo a los niños.

Como en la Edad Media

Lanzamiento de hachas

La versión moderna de dar puñetazos a un saco es lanzar hachas. En ‘El Hachazo’ (están en Madrid y Valencia, 20-29 euros por persona) los participantes lo hacen durante una hora. Hay diez tipos de hachas -las más pequeñas pesan 500 gramos y las más grandes 2 kilos-, que se lanzan hacia una diana con una o dos manos, dependiendo de su peso y la habilidad de cada uno. La actividad, que surgió en Canadá, fue exportada a España por Vincent Benac y su socio, y está causando sensación. Un ejemplo claro es Raquel Ruano, que dejó su currículum tras ir a jugar allí y hoy es monitora del centro. ¿Es peligroso? «Sí, porque implica manipular un objeto afilado» y se va sin protección, por eso es importante no correr con ellas o lanzarlas sin pensar. Los menores no pueden participar.

Ciclismo de altura

Helibike

En España, la única empresa que se dedica al helibike es Altitude Rides, que lo hace en Bielsa (Huesca), donde alcanzan los 3.000 metros de altura. La idea viene de Nueva Zelanda y recuerda a otro deporte más asentado, el heliski (transportar a los esquiadores a cumbres para que se lancen por pendientes de nieve virgen). La actividad dura todo el día e incluye tres remontes en furgoneta, transporte en helicóptero, monitores para guiar el descenso, comida y seguro. El precio es de 360 euros por persona y se puede llevar bicicleta propia, tanto de enduro como eléctrica. Pablo Irigoyen, cofundador de la compañía, añade que, «durante el descenso se hace una interpretación del terreno», pero recuerda que «este ejercicio requiere mucha experiencia».

Matar zombis y vivir aventuras

Juegos de realidad virtual

Desde Australia llega esta modalidad de ocio llamada Zero Latency que la empresa Climbing Planet ha puesto en marcha en cinco centros en Madrid, Cataluña y Zaragoza (próximamente se inaugurará otro en Bilbao). La actividad consiste en enfundarse unas gafas de realidad virtual y elegir entre sobrevivir al apocalipsis zombie, conquistar el Sol o embarcarse en un viaje espacial para reparar los daños sufridos en una base militar. «Un virus mortal está causando estragos creando hordas de zombies. Lucha para encontrar la cura», comienza diciendo uno de los juegos. La duración oscila entre los 15 y los 30 minutos y el precio entre los 35 y los 39 euros por persona. Carles Comas, CEO de la compañía, explica que no admiten a menores de 13 años y que «los grupos pueden ser de hasta ocho personas».

Poder rehabilitador

Gyrotonic

Este sistema de entrenamiento, desarrollado por el bailarín húngaro Juliu Horvath, busca fortalecer y flexibilizar la musculatura a través de movimientos, principalmente circulares (de brazos, piernas, torso). Verónica González, coach de gyrotonic en un centro de Madrid, asegura que está aconsejado para cualquier persona, pero destaca que los niños se pueden beneficiar mucho porque «les ayudará a evitar deformaciones provocadas por las malas posturas». La entrenadora también subraya el potencial rehabilitador que tiene para personas con problemas de espalda, embarazadas y enfermos de párkinson y esclerosis múltiple, porque permite ejercitar la musculatura más profunda. En este centro, las clases duran una hora y una sesión privada suelta sale a 50 euros.

Salta que te salta

Camas elásticas

Siempre va a ser una diversión de niños, pero en Urban Planet llevan desde 2016 construyendo ‘trampoline parks’ por toda España como una apuesta por el ocio activo para peques y mayores. «Muchos padres buscamos que los niños no estén pegados a las pantallas. Llevarles a saltar en camas elásticas es una forma de que hagan ejercicio sin que se den cuenta», expresa Antonio Sañudo, director de marketing de la compañía. Es la apuesta estrella en los cumpleaños de niños de entre 5-10 años, pero cada vez más los chavales comparten estas camas elásticas con sus padres, además de jóvenes ‘jumpers’, equipos de gimnasia rítmica o aficionados al parkour (superar los obstáculos urbanos con acrobacias). Saltar una hora cuesta entre 6 y 10 euros y para hacerlo es necesario llevar calcetines antideslizantes, o adquirirlos allí mismo por 2 euros.