La importancia de salir 20 minutos a la ventana

24/03/2020

La luz solar mejora nuestro estado anímico y debemos incorporar este hábito a nuestra rutina de encierro

Recibir luz natural veinte minutos al día». Es la novena de las recomendaciones del decálogo que el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid publicó la semana pasada para sobrellevar el encierro. Era la novena pero bien podía haber sido la primera. «Los estudios de investigación señalan que las horas de luz solar influyen positivamente en nuestro estado de ánimo». Es cosa, señala Pablo Eguía –vocal de la Sociedad Española de Neurología–, de la vitamina D, «tan importante para la salud de nuestros huesos y que se produce en la piel tras recibir los rayos solares». Esos 20 minutos, garantiza el especialista, «pueden ser más que suficientes». De ahí que «en los países del norte de Europa es habitual la ingesta de suplementos de vitamina D en invierno, debido al escaso número de horas de luz al día».

Estos días, a las puertas de la primavera y del cambio de hora, tenemos bastantes: ayer concretamente el día duró 12 horas, 18 minutos y 5 segundos. Algo más hoy, un pelín más mañana... hasta que anochezca casi a las diez en junio. «En los últimos años cada vez más trabajos de investigación señalan los beneficios de la radiación ultravioleta en el sistema inmunitario independientemente de su efecto sobre la vitamina D», añade Eguía. Otra razón para asomarse al balcón, la ventana o lo que tengamos.

– ¿Podemos ‘engañar’ al cebrero y hacerle creer que estamos en la calle?

– Si buscamos el efecto de la luz solar y la subida de los niveles de vitamina D, al cerebro y al sistema inmunitario les va a a dar igual de dónde lo recibamos.

– ¿A qué hora es más recomendable hacerlo?

–Yo seguiría el consejo de nuestros dermatólogos, evitar las horas centrales del día. Aunque habrá que aprovechar el momento en el que nuestros balcones o ventanas reciban los rayos solares.

Coincide la psicóloga Dafne Cataluña, fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva, en que «la luz tiene una relación directa con nuestro estado de ánimo». Prueba de ello, dice, es que «en primavera y verano tendamos a estar más animados. Incluso hay un cuadro de malestar psicológico llamado ‘trastorno afectivo estacional’».

En este sentido, nos ha tocado la época ‘buena’ para el encierro, la de los días crecientes de luz natural. Que es más necesaria que nunca «en aquellas personas que tiendan a experimentar estados de ánimo más bajos o que se noten más sensibles. También los niños necesitan mucho los espacios con sol».

Claro que en esta época no es raro alternar días casi veraniegos con algunos grises de lluvia. «Hay quien prefiere que haga buen tiempo porque le anima y a otros les gusta que llueva porque así les da menos pena no poder salir. Lo importante no es si hace buen o mal tiempo, sino los pensamientos que activo en mi mente. Hay que focalizar la atención en lo que obtengo más que en lo que pierdo, que suele ser la tendencia de nuestro cerebro».

Listado de placeres

Así que aproveche el sol, porque «notar el contacto de nuestra piel con la brisa y con los rayos es un placer para los sentidos que genera emociones positivas». Y si, de paso, coincide con algún vecino, mejor. «Uno de los descubrimientos que nos ha aportado la Psicología Positiva es que las relaciones son uno de los aspectos más importantes para la felicidad». De ahí las ‘reuniones’ por la ventana, el rato que salimos a aplaudir...

¿Y el resto del tiempo? Pues influye mucho la voluntad... «Yo propongo hacer un ejercicio sencillo –sugiere Dafne Cataluña–. Se llama ‘Lista de placeres’. Y no es otra cosa que un listado de aquellas cosas que nos hacen sentir bien: una ducha caliente con luz cálida, echarme una colonia que me gusta, escuchar una canción que me emociona con plena atención, oler el café por la mañana, bailar, correr en la cinta antes de comenzar el día...».

Levantarse y el anochecer, los ratos más complicados

Les da la sensación a muchas personas que estos días de encierro tienen más de veinticuatro horas. Lo piensan algunos en cuanto ponen un pie de la cama en el suelo. «Hay personas que nada más levantarse ya lo hacen con un estado de mayor tristeza y negatividad, y luego van mejorando a lo largo del día», explica la psicóloga Dafne Fernández. Y ocurre también lo contrario: «Personas que se levantan más contentas y se van agobiando o entristeciendo» a medida que transcurre el día, para llegar al anochecer con un estado de ánimo más bajo. De ahí que el despertar y el tramo final de la tarde sean los dos momentos de la jornada en los que se puede resentir más fácilmente nuestro estado anímico, señalan los expertos.